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Memoria Política de México

Tropas norteamericanas toman Veracruz

Sin previa declaración de guerra, cuarenta y un barcos norteamericanos bombardean el puerto de Veracruz y a las once y media de la mañana los primeros soldados estadounidenses inician el desembarco. El ejército federal al mando del general Gustavo Maas, leal a Huerta, ha evacuado la plaza, pero los alumnos de la Escuela Naval , alentados por el comodoro Manuel Azueta, organizan una heroica defensa, improvisan barricadas y cada cadete recibe 250 cartuchos. 21 Abr 1914 Leer mas

Torres Bodet. 1949 ¿Que ha hecho Usted para asegurar, a cada niño que nace, una vida mas digna ..? PDF Imprimir E-Mail

En el momento en que escribo este mensaje, concluye la cuarta reunión que la Conferencia General de la UNESCO efectuó en Paris.

Durante la reunión a que aludo, organizamos, en uno de los museos de la gran capital francesa, una exposición dedi­cada a celebrar los valores morales que exalta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Tal exposición obe­dece a dos conceptos fundamentales. En primer lugar, el concepto de que los derechos del hombre no representan una dádiva otorgada a los pueblos por los gobiernos y que, cuando imperen al fin en el mundo, esos derechos serán el fruto de una conquista en la cual han participado todas las razas. O, para expresarlo con otros términos: que la evolu­ción de la humanidad ha sido y tendrá que ser, incesantemente, una batalla implacable contra la noche; un triunfo de la libertad sobre la esclavitud, del perdón sobre la maldad y de la verdad sobre la mentira. 

En esa batalla, consciente o inconscientemente, han colaborado y colaboran todos los pueblos, bajo todos los climas y en todas las latitudes. S610 entendiéndola así, como victoria del hombre sobre el desti­no, cobra la declaración aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 su alto significado: el de una promesa hecha al individuo, de cualquier color o de cualquier lengua, por la civilización en su integridad.

Pero semejante promesa sería ilusoria si los hombres no percibieran la magnitud de las responsabilidades que cada derecho supone para los seres que lo proclaman y que lo ejercen. Y este es el segundo postulado que la exposición de la UNESCO trata de precisar. Antes de salir de las salas en que nuestros artistas reprodujeron las imágenes más expresi­vas de los acontecimientos y de los héroes que han contribuido a formar la lista de los derechos inalienables de la persona, el visitante tiene que detenerse frente a un conta­dor que le indica cuántos millares de niños nacen, hora tras hora, sobre la superficie del globo. Allí, desde las cifras de ese tablero, una voz le interroga solemnemente: ¿Qué ha hecho usted, que hará usted para asegurar a esos niños una vida más digna de ser vivida?

Desde el oscuro habitante de las cavernas hasta los legisladores contemporáneos, todas las generaciones se han esfor­zado por legar a las nuevas generaciones un mundo menos injusto, una existencia menos cruel, una cultura más noble y más armoniosa. Pensar en los derechos del hombre es recor­dar, con recogimiento, nuestros deberes. Porque, según lo dijo admirablemente el Mahatma Gandhi, los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden siempre del deber bien cumplido; de tal modo que sólo somos acreedores al derecho a la vida cuando cumplimos nuestro deber como ciudadanos del mundo.

Con estas palabras se cierra la exposición organizada por la UNESCO para conmemorar la declaración del 10 de di­ciembre de 1948. Y con estas mismas palabras debería, a mi juicio, principiar vuestro seminario. En efecto, si os reunís en Mysore a fin de estudiar los mejores procedimientos para combatir la ignorancia de las masas rurales analfabetas, es porque sentís entrañablemente que la educación no puede constituir, en manera alguna, el privilegio de una minoría y que vuestro derecho a saber os impone el deber de enseñar a los que no saben.

Se habla demasiado en el siglo XX de áreas luminosas y áreas sombrías, de regiones progresistas y de regiones atra­sadas. La humanidad es una. Por tanto, mientras exista una sola región atrasada, la tierra entera será una tierra atrasada, y mientras haya una sola zona culturalmente som­bría, la tierra entera será una tierra culturalmente sombría. Vamos en la historia, sin darnos cuenta, como van los barcos en los convoyes de guerra, a la velocidad del más lento de los navíos; porque, como en los convoyes de guerra, si el más rápido se alejase de los demás, quedaría desprovisto de las defensas dispuestas para el conjunto. En las horas de los grandes conflictos bélicos se dice frecuentemente que la fuerza de una cadena debe medirse por la resistencia del más débil de todos sus eslabones. Los que eso dicen tienen razón. Y esa es, sin duda, la regla de las alianzas militares. ¿Por qué, entonces, lo que es norma de las alianzas militares frente a la muerte, no se traduce en principio fecundo de esa alianza de paz que todos los pueblos deberían afirmar valerosamente frente a la vida?

Las dos terceras partes del género humano zozobran en la peor de las servidumbres: la servidumbre de la ignorancia. Dondequiera padece el hombre, padece la humanidad. Convencidos de esta verdad incontrovertible, os habéis congre­gado a luchar contra el analfabetismo en una tierra en que alienta el espíritu del bien. La UNESCO, por mi conducto, aprecia vuestros esfuerzos y agradece al pueblo y a las auto­ridades de la India, la hospitalidad que ofrecen a vuestro seminario. La India abre así a la cooperación internacional un campo de posibilidades ilimitadas. No en vano, en el cre­púsculo de sus días, uno de sus más puros poetas escribía estas líneas inolvidables: "Para el bien de la humanidad y para el cabal desarrollo de nuestro ánimo, debemos con­sagrarnos a la unidad espiritual del hombre."

En nombre de ese ideal, que la UNESCO encarna, os salu­do muy cordialmente y hago los votos más fervorosos por el éxito de vuestras actividades.

* Mensaje a los educadores reunidos en la India (Mysore) para participar en un Seminario de Educación de Adultos, París, 2 de noviembre de 1949.

 
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