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En Querétaro, a donde Santa Anna trasladó los poderes federales antes de renunciar, se canjean las ratificaciones del Tratado de Paz, Límites, Amistad y Arreglo Definitivo entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América , tras la ocupación de la capital de la República por las tropas norteamericanas y siendo presidente provisional Manuel de la Peña y Peña. .30 May 1848 Leer mas

La matanza de Tlatelolco: Nuevos documentos del gobierno estadounidense. Kate Doyle | 2003 PDF Imprimir E-Mail

Una Embajada Confundida

Como muchos mexicanos, los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en México no estaban preparados para la intensidad de las protestas de los estudiantes y la violencia desatada por el régimen de Díaz Ordaz, en respuesta a las mismas. Con frecuencia, los reportes que salían de la Embajada durante la crisis eran muy confusos, probablemente porque los funcionarios de la embajada estaban más cerca de la clase política mexicana que los funcionarios de otras agencias estadunidenses y tenían tendencia a creerse su propaganda. Por una parte, la Embajada tenía fe en la hegemonía del régimen; y por otra, los funcionarios estadunidenses daban por descontado la posibilidad de que los estudiantes pudieran representar un desafío serio para el gobierno.

Incentivada por una petición de Washington, después de los disturbios de Mayo, en París, la Embajada escribió varias valoraciones sobre el gremio de estudiantes mexicanos, las cuales fallaron al no prevenir la tormenta que se avecinaba. El 14 de junio, menos de seis días antes del primer choque entre los estudiantes y las fuerzas de seguridad, la Embajada predijo, de manera confidencial, que en México no podía pasar nada comparable a lo acontecido en París:

El gobierno y el partido oficial (PRI), mantienen por todo el país un contacto persuasivo con el pueblo, lo cual sirve no sólo para darle al partido y al gobierno una continua valoración del sentimiento popular, sino también para "venderle" al pueblo las decisiones y políticas gubernamentales. (…) El gobierno cuenta con diversos medios para medir e influenciar la opinión de los estudiantes, y ha mostrado capacidad y voluntad para tomar medidas enérgicas de forma decidida, hasta la fecha con efectos saludables, cuando el malestar excede lo que se consideran límites aceptables. Además, las manifestaciones estudiantiles, aunque generan mucho interés en los medios, carecen de fuerza para llevar a una crisis nacional…

Estados Unidos sabía, mucho antes de que la violencia comenzara, que el gobierno mexicano temía que hubiera intentos de interrumpir los Juegos Olímpicos, el comienzo de los cuales estaba programado para el 12 de octubre, en Ciudad México. En abril, y de nuevo en mayo, el Pentágono recibió de los militares mexicanos peticiones urgentes para que enviaran radios militares, y el abasto suficiente para cargar millares de morteros y rifles, junto con altos explosivos," las cuales enviaron. (Más tarde, a mediados de agosto, la Agencia de Defensa de Inteligencia pasaría a Washington un pedido de material de entrenamiento para el control de disturbios, que hizo el Ejército mexicano).

Una vez comenzados los disturbios, la Embajada adoptó rápidamente la línea del régimen, de que las protestas de los estudiantes estaban inspiradas por los comunistas de línea dura. Citando evidencia de que el Partido Comunista, con la complicidad de la Embajada Soviética, había maquinado el conflicto del 26 de julio, los funcionarios estadunidenses escribieron en un cable secreto a la Casa Blanca que "La Embajada considera que existen grandes posibilidades de que Moscú haya ordenado al PCM (Partido Comunista de México) que adopte tácticas más combativas." Esta posición la cambiaron a los pocos días, cuando análisis más realistas remplazaron las ficciones dadas por el gobierno de Díaz Ordaz para el consumo público sobre la influencia extranjera en el movimiento.

La confusión de Estados Unidos también aumentó porque el propio régimen estaba dividido sobre las tácticas que debía utilizar con los estudiantes. A pesar de que en los primeros disturbios, a fines de Julio, se usó la violencia policial y la fuerza militar, casi todo el mes de agosto pasó sin que se produjera intervención coercitiva por parte del gobierno, a pesar de las muchas manipulaciones que había entre bastidores.

Fundamental en la toma de decisiones del régimen fue una figura clave en el gobierno--y uno de las principales fuentes de información de la Embajada--el Secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. En todos estos años, Echeverría ha negado, repetidas veces, haber sido protagonista de los disturbios estudiantiles del 68. Todavía en 1998 le dijo a una reportera de El Universal que él había jugado sólo un papel menor, bajo mandato del Presidente Díaz Ordaz, quien más tarde lo nombraría candidato por el PRI para las elecciones nacionales de 1970. La periodista, Irma Rosa Martínez, le preguntó a Echeverría si su participación en los hechos del 68 afectó sus posibilidades de ser nominado para presidente.

--Pues me favoreció a mí porque yo no intervine en nada. Eso fue, lo manejó todo el presidente, todo, lo político y lo militar, con el secretario de la Defensa. Yo hice una vez declaraciones para el diálogo público y hasta ahí. No me perjudicó en nada.
- Pero a usted como secretario de Gobernación ¿no le habían encargado encarar esta parte del problema, la negociación?
- No, no, no. Todo lo manejó el presidente. Todo, todo. No hubo negociación. Cuando había borlote los dejaba y luego mandaba al Ejército.

Pero según documentos de la CIA y del Departamento de Estado, Echeverría creó y lideró un grupo de trabajo clave, conformado por importantes funcionarios del gobierno, que tuvieron a su cargo el diseño de una respuesta a las protestas estudiantiles, inmediatamente después de que éstas comenzaron, el 26 de julio. La estación de la CIA advirtió, el 31 de julio, que "Un "Comité de Estrategia", bajo la dirección del Ministro de Gobierno, Luis Echeverría, opina que la actual ola de disturbios ha sido puesta bajo control." En Washington, el Buró de Investigaciones e Inteligencia del Departamento de Estado (INR) identificó al comité como el organismo principal que dirigía los esfuerzos del gobierno para cortarles el paso a los estudiantes--fuera por la fuerza o a través de la coerción. Después de la primera confrontación entre policías y estudiantes, el INR escribió, el 6 de agosto:

El comité decidió permitir la efervescencia de los estudiantes durante un tiempo, esperando que la situación no se volviera violenta. Sin embargo, se alertó y se puso en posición a las tropas. Al parecer, el gobierno consideraba crucial el periodo alrededor del día 29, y cuando actuó, usó toda su fuerza en un esfuerzo para convencer a los violentos estudiantes de que no tolerarían que se rompiera el orden público. (…)
Al mismo tiempo que se aplicaba esa fuerza, el gobierno trabajó calladamente con el rector de la Universidad Nacional Autónoma y con algunos líderes estudiantes. El comité estratégico, actuando bajo las instrucciones del presidente, advirtió al rector para que alentara las manifestaciones en el campo universitario, para evitar que llegaran a desembocar en violencia generalizada.

En el primer periodo, el régimen todavía no estaba seguro sobre cuál carta jugar: la mano dura o la mano conciliatoria. El 31 de julio, la CIA informó que tanto el Director de la Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios, como el Secretario General de la UNAM, Fernando Solana, habían confirmado en privado que "ni el gobierno mexicano ni los directivos de la universidad tienen ningún plan para lidiar con el actual problema de las agitaciones y las protestas estudiantiles".

La CIA en el terreno

Mientras la Embajada luchaba por encontrarle sentido a la estrategia del régimen, la CIA estaba ocupada en reunir información de inteligencia fresca sobre el terreno, conforme la iban descubriendo. Curiosamente, la mayoría de los archivos desclasificados de la CIA sobre 1968, viene de la dirección clandestina, y son informes hechos desde la estación de la agencia en Ciudad México. Los documentos tienen la ventaja de ser instantáneas vívidas tomadas en el terreno, por un lado; por otro, tienen la gran desventaja de contener poco análisis o "inteligencia terminada" que pudiera ayudar a contextualizar los hechos.

A pesar de que el gobierno de Estados Unidos ha desclasificado docenas de documentos sobre la masacre de Tlatelolco de los archivos secretos de la CIA, del Departamento de Estado, el Pentágono, El FBI y la Casa Blanca, ciertos archivos claves permanecen clasificados e inaccesibles para el público. -Documentos desclasificados de la Casa Blanca indican que la CIA hizo un análisis basado en informes de inteligencia, dos días después de que tuviera lugar la masacre de Tlatelolco.

-El Buró Federal de Investigación (FBI) también realizó un informe sobre el 4 de octubre en el cual, de acuerdo a un telegrama del Departamento de Estado con fecha 7 de octubre, se "atribuyó la ola de violencia (la violencia en Tlatelolco) a una confusión entre el ejército y los agentes de seguridad." Esto contradice la historia oficial del gobierno mexicano de que estudiantes francotiradores fueron los responsables del tiroteo del 2 de octubre. El informe no se ha hecho público.

-No se ha desclasificado ningún documento escrito por el Agregado Legal de la Embajada estadunidense, quien servía como representante del FBI en México.

-En una carta escrita el 1 de noviembre por el Director de Asuntos del Departamento de Estado, Maxwell Chaplin, al encargado de la embajada, Henry Dearborn, Chaplin apuntaba el "intenso interés de la comunidad de la inteligencia de Wasghinton" en México y menciona un documento de la CIA que nunca se ha hecho público: un memorándum "pesimista y controversial sobre las implicaciones de los disturbios estudiantiles para la estabilidad política mexicana."

-La CIA publicó el 17 de enero de 1969, un informe especial sobre México titulado "Retos del Partido Gobernante de México." Una gran parte de este documento está dedicado a las protestas de estudiantes y la reacción del gobierno, incluido el conflicto en Tlatelolco. La agencia reveló una versión muy censurada del informe en marzo de 2002; la mayor parte del documento permanece secreto.

-Finalmente, ni uno solo de los documentos desclasificados por el gobierno estadunidense dice nada sobre la evidencia de que los agentes que operaban como francotiradores apostados en las ventanas del complejo de edificio de Tlatelolco pudieron haber iniciado la masacre del 2 de octubre. La Agencia de Inteligencia para la Defensa, en particular--la cual tenía agregados de la defensa reuniendo información de inteligencia sobre los militares mexicanos, en aquel tiempo--puede que haya realizado cables internos, memorandums y análisis que hablen de la presencia de los francotiradores del gobierno.

Los archivos desclasificados dejan en claro que la estación de la CIA en México informó casi diariamente sobre los disturbios del 26 de julio al 2 de octubre, usando fuentes que incluían a Fernando Gutiérrez Barrios y a otros funcionarios dentro de la DFS, a Luis Echeverría, a funcionarios de la oficina del Presidente, a un funcionario en la Secretaría de Educación, así como contactos en la universidad (que incluían a administradores y estudiantes), e información de inteligencia recogida por "observadores entrenados"--los cuales podrían ser funcionarios americanos de la estación u oficiales de la inteligencia de "enlace," mexicanos.

Se recogió información sobre cada aspecto de la crisis, pero las fuentes de la CIA se concentraron más intensamente en los estudiantes "izquierdistas" y los "agitadores conocidos" (como los estudiantes de la UNAM Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla, Romero González Medrano, Jesús Rodríguez, Roberta Avendaño e Ignacio Rodríguez), los profesores radicales (como el profesor del IPN Fausto Trejo Fuentes y Eli de Gortari), sobre las tendencias políticas dentro de varias escuelas de la UNAM y sobre las actividades y el paradero de conocidos miembros del Partido Comunista.

En particular, la CIA rastreó los intentos que hizo el régimen de penetrar e influenciar a la comunidad universitaria desde adentro. Los oficiales de la CIA tendían a percibir tales esfuerzos a través del lente de las fuentes que tenían dentro del régimen. Seguida a la decisión del rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, de apoyar la causa de los estudiantes y liderar las reuniones de protesta dentro de la Ciudad Universitaria-un paso que tomó para evitar la violencia-la estación escribió, el 9 de agosto, que

Las estrategias del gobierno en las últimas semanas--hacer concesiones para contemporizar, mezcladas con la fuerza y también con alentar a los rectores de las universidades para que hagan se ganen a los estudiantes, ejerciendo así una influencia moderada--fue efectiva.

Como la Embajada, la estación sufría el hecho de estar muy cerca de sus fuentes. La CIA todavía estaba convencida, a mediados de agosto, de que Díaz Ordaz y sus hombres podrían dividir y conquistar el movimiento estudiantil de 1968 en la capital, como lo habían hecho con las protestas en los estados en los años 60: (10 de agosto) "El gobierno está al tanto de que hay divisiones entre varias facciones de estudiantes, y está involucrado activamente en crear más división, para impedir de esa forma que surja un grupo de liderazgo unificado." Pero cuando la crisis empezó a alargarse y se volvió más violenta, la CIA comenzó a reconocer el cambio que estaba teniendo lugar. Como observó la estación el 9 de septiembre,

Esta experiencia ha mostrado que el gobierno y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no tienen ya el poder, ni el control total sobre la conducta pública que existía previamente. Mientras que quedan pocas dudas de que los estudiantes mexicanos han sido influenciados por los levantamientos estudiantiles en Estados Unidos y Europa, los recientes disturbios de estudiantes han sido una nueva experiencia para México y pueden ser una advertencia de las cosas que vendrán. El viejo orden está pasando, y (…) los estudiantes se han dado cuenta de que pueden ser un elemento significativo en el proceso de la toma de decisiones de la nación, y ya no están contentos con la actitud protectora del gobierno.

Poco antes de la confrontación del 2 de octubre, los despachos que enviaba la agencia a Washington comenzaron a reflejar la idea de que el régimen de Díaz Ordaz estaba acorralando al movimiento. El 26 de septiembre, justo seis días antes de Tlatelolco, la estación envió un cable describiendo los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los estudiantes de la Escuela Vocacional número Dos y número Cinco. Un policía disparó y mató a un estudiante afuera de una de las escuelas; al día siguiente, los estudiantes se reunieron con la familia en la casa de la víctima para marchar en la procesión funeraria rumbo al cementerio. "La marcha fue vigilada por miembros de los servicios de seguridad", informó la CIA.

La política que sigue actualmente el gobierno para calmar los levantamientos estudiantes es que el ejército o la policía ocupe inmediatamente cualquier escuela que sea usada ilegalmente como centro de actividades subversivas. (…) Tanto el Ministro de Gobernación como el Director de la Federal de Seguridad opinan que no existe peligro de que los Juegos Olímpicos sean afectados, y, más, que la situación estará muy pronto bajo total control , lo que significa un cese de todos los actos de violencia. (Énfasis agregado).

Masacre en Tlatelolco

Entre los documentos estadunidenses desclasificados hay pocos informes de primera mano de "observadores entrenados" presentes en la Plaza de las Tres Culturas. Lo que existen son resúmenes de lo que se creyó había pasado, según lo recolectado por los informes de prensa, y a través de funcionarios de la inteligencia y de oficiales del gobierno mexicano. En las horas y días inmediatos que siguieron a la matanza, todas las agencias estadunidenses que operaban en México--la Embajada, la estación de la CIA, el Departamento de Defensa y el FBI--aceptaron inicialmente la línea de argumento del régimen, de que estudiantes francotiradores, previamente posicionados, habían provocado la masacre.

Sin embargo, para mediados de octubre, los oficiales americanos se habían retractado de esa teoría y expresaban sus dudas sobre si la confrontación la comenzaron los estudiantes o las fuerzas de seguridad gubernamentales. "Las versiones difieren", escribió la Embajada a Washington el 20 de octubre, "sobre si los disparos vinieron de la Plaza o del vecino Edificio de Apartamentos Chihuahua y sobre si vinieron de los estudiantes o de las fuerzas del orden".

El informe de la Agencia de Defensa de Inteligencia contradecía las explicaciones oficiales de que las tropas mexicanas habían sido sitiadas y que estas trataron de mantener el orden mientras los estudiantes radicales atacaban. El 18 de octubre, el agregado militar describió la escena: "Había una considerable desorganización entre los elementos del Ejército presentes (…) y hubo cierta cantidad de fuego indiscriminado por parte de los soldados, quienes, más que tratar de localizar la fuente exacta de los disparos de los francotiradores, dispararon abiertamente al edificio de apartamentos. Sin embargo, no se reportó ningún fuego indiscriminado por parte de los soldados hacia la plaza. Estas mismas fuentes dijeron que se vio a los soldados saqueando tiendas en algunos de los apartamentos del edificio, una situación que indica que no estaban muy bien controlados por sus oficiales".

Mientras que se aclaraba la situación en los días que siguieron a la matanza, los oficiales americanos tomaron nota de los intentos del gobierno mexicano para exonerar al régimen de culpa por la confrontación. En un informe escrito por el Buró de Investigaciones e Inteligencia el 10 de octubre, el Departamento de Estado reveló que el gobierno había "arreglado" que el líder estudiantil Sócrates Campos Lemus acusara a políticos del PRI, como Carlos Madrazo, de fundar y orquestar el movimiento estudiantil. "Los motivos que tiene el gobierno para hacer esto no están claros todavía, pero puede estar tratando de hacer que la culpa por su ineptitud a la hora de manejar el asunto recaiga sobre personas que el gobierno siente podrían ser muy fáciles de destruir políticamente".

Después de Tlatelolco, los oficiales estadunidenses tomaron una postura firme al lado del gobierno de Díaz Ordaz sin cuestionar su versión de los hechos, a pesar del turbio punto de vista que tenían sobre las acciones del gobierno. Un día después de Tlatelolco, el Subsecretario de Estado para Latinoamérica, Covey Oliver, escribió al Secretario que, "Creemos que es importante evitar cualquier señal de que desconfiamos en la habilidad (del gobierno de México) para controlar la situación". Y examinando "los escenarios de contingencia" esbozados por la Embajada estadunidense en noviembre, el embajador exhortó a Washington a que estuviera preparado para garantizarle a México los paquetes de apoyo en asistencia financiera y económica, en caso de que la violencia estudiantil continuara o se incrementara, como una manera de mostrar el apoyo de Estados Unidos al régimen.

Pero Estados Unidos reconoció la profunda significación de la matanza de Tlatelolco y el enorme abismo que se había abierto entre un régimen intransigente y los estudiantes que demandaban cambios. El 10 de octubre, el Departamento de Estado escribió una aguda y pesimista nota sobre el asunto:

Parece improbable que el PRI pueda encontrar una solución fundamental al problema sin cambiar la convicción ampliamente extendida de que éste está atrincherado, estancado y motivado únicamente por sus propios intereses internos. Hay que convencer a los estudiantes de que, a pesar de la enorme deshonestidad y los sobornos que han sido el sello del PRI, el partido es todavía, o podrá ser, una fuerza vital para el cambio político y social, así como para el crecimiento económico. El liderazgo actual no parece estar dispuesto a comprender la magnitud del problema de la alienación de los estudiantes, ni de aceptar este como una advertencia seria de que el partido no está respondiendo a las necesidades legítimas de un segmento de la sociedad mexicana que se hace sentir cada día más.


Kate Doyle < Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla > es Directora del Proyecto México, del National Security Archive en Washington, DC y analista para el IRC Programa de las Américas. Este artículo forma parte de la serie mensual Archivos Abiertos, reproducido por el Programa de las Américas, del National Security Archive y la Revista Proceso. En la página de Internet del Archivo Nacional de Seguridad, www.nsarchive.org/mexico , se pueden encontrar transcripciones de estas conversaciones.

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