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2005 May 24 El modelo electoral K-F. Jesús González Schmal PDF Imprimir E-Mail
El plan Korrodi: Amigos de Fox llegó para quedarse. La discrecionalidad preelectoral ilimitada y el deseo compulsivo por la silla presidencial no tiene parangón en la historia del país. Fueron tal vez las ansias acumuladas de cambio de régimen las que precipitaron y facilitaron que en México se improvisaran candidatos a la primera magistratura, sin mayores condiciones y requisitos que los de contar con desmedidas ambiciones, cuantiosos recursos y patrocinadores económicos para lanzarse a la aventura del poder.

La siniestra escuela Korrodi para encumbrar a cualquier osado que se sienta con ínfulas para la Presidencia, está en boga. Las televisoras comerciales se frotan las manos recibiendo los pagos por los spots que, para vergüenza del Instituto Federal Electoral, se desembolsan sin recato, porque según este instituto su función se reduce a las campañas, y traslada al Congreso, que quiere decir a los mismos partidos, la facultad de regular los gastos preelectorales.

Así, la tómbola sigue dando vueltas, y todos los actores enchufados en distintas formas a los presupuestos públicos de la administración y el de los partidos se sienten elegidos de los dioses para posar en cuanta ocasión se les presente.

 

La tendencia a degradar la investidura presidencial, paradójicamente, proviene de un mejor y más claro sistema electoral que, en comparación con los anteriores, garantiza el voto del elector, pero, por el otro lado, relaja extremadamente la importancia y cuidado en el llamado voto pasivo correspondiente a los candidatos que, salvo el requisito de ser postulado por un partido, no exige mayores condiciones, dejando la puerta abierta a cuanto personaje tenga apetitos, un agudo narcisismo y medios económicos para satisfacer sus pretensiones.

 

Un somero repaso de los índices económicos en lo que va del sexenio nos da cuenta de las prioridades del modelo KF. Durante este periodo, México descendió de la novena a la décima economía mundial. La inversión física respecto del PIB va a la baja, y nos ubica en el lugar 77 entre 143 países con un modesto coeficiente de 19.8%. En los dos últimos meses, el sector industrial ha caído 4%, y el repunte del año pasado amenaza perderse, cuando la política astringente de gasto público en colusión con la Suprema Corte acusa ya un subejercicio sin precedentes (nada más en caminos rurales y carreteras 4 mil 812 millones).

 

El contraste abismal de la realidad con el millón y medio de empleos anuales o el ofrecido 7% de crecimiento del PIB, que se propaló en cuanto mitin se celebraba en la campaña de 2000, tiene sin cuidado a los cerebros financieros del K-F. La rotación sin precedente en los primeros niveles del gabinete, que se dijo no iba a ocurrir con el mecanismo de los head-hunters en la selección, ha quedado como otro timo más, al extremo que ya alcanzó al procurador general de la República, dejando al país a expensas del hampa.

 

En el contexto de este dramático balance y ante la inminencia de una suicida repetición, se levantó al menos la voz de los integrantes del Seminario Internacional sobre Medios, Elecciones y Democracias, celebrado el 9 de mayo en el IFE, que con base en la experiencia de la campaña de 2000 y su precedente en la gestión electoralista del gobierno de Guanajuato, multiplicado en infinidad de contiendas sucesivas locales y federales, obligó a censurar dichas prácticas que, bajo otra denominación, configuran el modelo K-F y sus análogos.

 

Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente y Director General de EL UNIVERSAL, puso el dedo en la llaga cuando afirmó que "los exorbitantes gastos de campaña, sobre todo en medios electrónicos, y la competencia por el poder se han convertido en una búsqueda desenfrenada de dinero para financiar los gastos de las campañas electorales.

 

Se ha desatado un proceso que pervierte la transición democrática. Hoy tiene más posibilidades de ganar una elección quien más gasta, quien más bombardea a la ciudadanía con propaganda en los medios. Nuestras democracias están enfermas, el dinero y el poder las han corrompido". Si anteriormente los recursos públicos eran determinantes para mantener la hegemonía del partido oficial, hoy el remedio está siendo peor que la enfermedad, porque, a los dineros públicos ilícitos que se siguen destinando a las campañas y precampañas, se están agregando los de los subsidios oficiales a los partidos y los de los grupos tipo K-F, que no reparan con traer dinero del extranjero.

 

Por lo pronto sólo las televisoras, encuestadores, asesores, publicistas, mercadólogos y todo el que se puede colgar de estas oportunidades están ganando en el juego, porque, en el otro lado del mostrador, la administración pública se encuentra paralizada y el estancamiento económico lo paga el pueblo. El colapso no se ha dado gracias a las remesas de paisanos indocumentados en Estados Unidos y a la impresionante alza del precio del petróleo.

 

El círculo vicioso amenaza con repetirse en 2006. Serán sólo los partidos grandes con inmensos subsidios y control de grandes sectores empleados en la burocracia los que mantengan el oligopolio. La democracia electoral está acotada por los flujos de dinero en la puja por el poder. Nada tan sombrío como este juego electoral tan costoso como ineficiente para sacar al país de la postración en que lo ha dejado la vigencia del modelo K-F.

 

Diputado federal (Convergencia)


El Universal
Sábado 21 de mayo de 2005

 
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