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2005 Jul 22 Poder Conservador. Ricardo Raphael de la Madrid PDF Imprimir E-Mail
El presidente Vicente Fox Quesada tenía razón: en México era necesario quitarle el freno al cambio. Donde no la tenía era en decirnos que el tan manoseado freno estaba puesto fuera de su administración. Muy cerca de él, alrededor del yunque que colocó dentro de Los Pinos, se han agrupado varios de los personajes que más detestan la transformación. Personajes que a través de las décadas aprendieron a defenderse del cambio y que por tanto carecen de los instintos y los reflejos indispensables para reformar a la sociedad y a sus instituciones.

Vicente Fox integró en su gobierno a un número muy abultado de conservadores y ellos supieron muy bien conservar el statu quo. A casi cinco años de la llegada del foxismo la mayoría de los privilegiados del viejo régimen no sólo han mantenido sus prerrogativas sino que en términos netos las han incrementado.

El poder religioso en México se encuentra hoy más saludable que nunca. Mientras que el régimen de la Revolución les trató bien, obispos y curas jamás imaginaron lo bien que les iría con el gobierno del cambio. ¿Quién les iba a decir que, como en los tiempos del virreinato sus cristos y crucifijos iban a ser de nuevo símbolos del poder terrenal? ¿Que sus vírgenes y escapularios ocuparían las paredes de las oficinas públicas desde Los Pinos hasta Gobernación?

Hoy nos gobiernan aspirantes a santones incapaces de entender y aceptar los avances de la ciencia. Prisioneros de las creencias de san Agustín Hipona o de santo Tomás de Aquino que propusieron la fecha de llegada del alma al cuerpo humano antes de que el microscopio fuese descubierto.

Se trata de sinceros detractores del avance societario, enjuiciadores de la libertad para elegir, maldecidores del control de la natalidad, instigadores de la homofobia, en fin, intolerantes respecto de todo lo que no son capaces de comprender.

Sujetos que confunden entre la moral privada y la moral pública. Entre las normas que deben regir la vida personal y las que han de normar el comportamiento del Estado. Funcionarios que, como si hubiesen sido importados directamente del siglo XIX, son incompetentes para distinguir entre el poder civil y el poder religioso.

Tan robustos como la Iglesia católica están hoy en México los medios de comunicación electrónica. Sus prebendas y posiciones son inmejorables. Ya antes eran muy poderosos pero al menos quedaba claro que debían subordinarse al Estado mexicano.

Hoy las relaciones de poder se han invertido; en la era de la mercadotecnia electoral los políticos mexicanos se han vuelto rehenes de los medios y con ellos han quedado sujetas, a los intereses mediáticos, la mayoría de nuestras instituciones públicas.

La fuerza política de la mayoría de los grupos económicos del país también se ha fortalecido. El compromiso que durante su campaña Vicente Fox estableció con la iniciativa privada mexicana hizo que todas las prerrogativas que el viejo régimen le otorgara a ese sector fuesen trasladadas de manera intacta hasta el presente. Prueba de ello fue la elaboración de una reforma fiscal que sólo afectó negativamente a los consumidores y que dejó a salvo las rentas de los empresarios. Poco le importó a la actual administración que tal iniciativa ahogara la posibilidad de reformar la fiscalidad en nuestro país. Más relevante para los seguidores de Vicente Fox fue mantener la complicidad con los empresarios que robustecer la capacidad financiera del Estado mexicano.

A los octogenarios líderes sindicales del régimen priísta también se les extendió carta de sobrevivencia bajo el gobierno actual. Para botón de muestra basta mirar el trato tan privilegiado que el mayor sindicato corporativo de América Latina, el Sidicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), recibió del Presidente de la República. Pero la profesora Gordillo no fue la única líder obrera beneficiada en esta administración. En la realidad ningún charro, por más vendido o corrupto que hubiera sido en el pasado, ha visto disminuir su tamaño político durante este sexenio. El ex secretario del Trabajo se encargó de postergar cualquier reforma laboral que pudiese afectar sus intereses.

Al PRI el Presidente le derrotó en las urnas el 2 de julio del año 2000. Pero Vicente Fox, a cada uno de los bastiones que durante más de 70 años le dieron vida y fortaleza a ese partido, no ha podido derrotarles ni un solo día durante su mandato. Si bien el Presidente se concentró en señalar a los priístas como el único freno del cambio, lo cierto es que hoy podría suponerse que tal cosa fue sólo un pretexto para esconder su propia vocación conservadora. En los hechos, durante su gobierno se han fortalecido la Iglesia, los medios, los empresarios y los sindicatos charros, todos ellos columnas del priísmo más conservador.

Poco habría de sorprendernos que el Partido Revolucionario Institucional mantenga las tasas más altas de preferencia electoral. Han sido Vicente Fox y sus conservadoras huestes quienes se han encargado de mantenerles, a través de sus bastiones, adelante en la competencia por el poder.

Tan cierto es que para conservar se necesita de conservadores como que para reformar se requiere de reformadores. Algún día habremos los mexicanos de aceptar que fue un error elegir a los conservadores para que se encargaran del cambio en el país.

Profesor-investigador del ITESM

El Universal
Viernes 22 de julio de 2005

 
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