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2005 Oct 08 Nacionalismo. Javier Corral Jurado PDF Imprimir E-Mail

El pasado 29 de agosto, en el Palacio de Bellas Artes, la principal empresa televisora del país, Televisa, logró reunir - en lo que hace ya muchos años no veíamos-, a prácticamente toda la clase política del país, y casi al constituyente permanente en pleno. En efecto, estaban ahí gobernadores, legisladores locales y federales, ministros de la Suprema Corte, secretarios de Estado, dirigentes de partidos, los precandidatos más destacados de los principales partidos, intelectuales, artistas, escritores, poderosos empresarios de ramas diversas, y por supuesto el Presidente Fox y su esposa Martha. Fue una pasarela artística-política-intelectual-empresarial-cultural. Fue una especie de “Siempre en Domingo” pero en lunes.

Además de los motivos expresamente anunciados de celebrar México, en inusitado fervor nacionalista, la convocatoria y el contenido del evento era un acto de poder, que ninguno de los tres poderes constitucionales, ni juntos, logran hoy. Después de las “reuniones de la república” que cada cinco de febrero convocaba el entonces Presidente López Portillo, y hasta hace unos ocho o diez años la ceremonia del primero de septiembre - no habíamos tenido una reunión que convocara, con dos o tres butacas por separado y unas cuantas filas de distancia, a casi todos los innombrables de nuestros principales ámbitos. Muy pocos de la lista general de invitados no asistieron. En el acto hubo danza, canto y discurso. Quienes hicieron uso de la palabra, los escogidos de Televisa (Don Lorenzo Servitje, el Sr. Enrique Krauze, Alejandro Fernández entre otros), hicieron advertencias sobre la desunión del país, y reclamos sobre la crispación política. En su cara, la empresa les dijo a través de las voces escogidas que los estaba viendo, y no le gustaba nada la forma en que se comportan los actores políticos.

Raúl Trejo Delarbre escribió sobre ese acontecimiento, al que consideró por parte de la empresa como “un manotazo en el escenario público mexicano” y agregó: “Televisa puso a los políticos más influyentes a aplaudir al son que dispuso esa empresa. Pero además demostró que para sus directivos, los personajes políticos no son más que actores que transitan por una escena pública que está ocupada, de la misma manera, por cantantes, comediantes y coristas”. Pues bien, mediando exactamente un mes, el próximo 29 de Septiembre, en el Alcazar del Castillo de Chapultepec, el segundo socio más importante de la misma empresa televisora, y dueño de la red nacional de Telecomunicaciones, el Ingeniero Don Carlos Slím Helú, está convocando a los sectores productivos, a los actores políticos y la sociedad en su conjunto, a suscribir el Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo, para el que ya se han apuntado algunos líderes patronales y se ha mencionado el aval de los dos empresarios de la Televisión, Emilio Azacarraga Jean y Ricardo Salinas Pliego. Sobre ese acuerdo y la convocatoria, el líder empresarial, José Luis Barraza, afirmó que la idea es crear un gran acuerdo político y, “ establecer políticas de Estado orientadas a fortalecer la unidad nacional y concretar acciones que conlleven a un crecimiento económico sostenido con empleo, a generar mayor seguridad, incrementar el nivel educativo y la infraestructura, bajo un estado de derecho fuerte”.

"Este es un acuerdo que firmaremos toda la sociedad, cualquier gobernante, cualquier partido se debe a la sociedad; aquellos que no se comprometan con este pacto nacional, el voto será utilizado por una sociedad cada vez más participativa que castigará a quien no tome las decisiones adecuadas", amenazó Barraza. Otro acto de poder privado, desnudando la ausencia de la soberanía estatal, o por lo menos de su poder de convocatoria. La dinámica de substitución de los poderes constitucionales por una clase empresarial que pierde cualquier consideración formal y declara que establecerán políticas de Estado, y pobre de aquel que no se ciña a sus intereses. No es casual que esos actos de convocatoria privada se realicen en espacios públicos, como no lo es que se escoja la majestuosidad de Bellas Artes y la trascendencia histórica de Chapultepec para lanzar desde ahí regaños, llamados y amenazas. Claro, no necesariamente tienen la culpa nuestros magnates en México; como la clase política es tan chata y su desprestigio es creciente, “como los políticos no se ponen de acuerdo”, finalmente los dueños del país tienen que salir a dar la cara personalmente, porque los poderes a los que se han encargado de debilitar, generalizando a través de los medios la corrupción que los tiene en los peores niveles de imagen, no tienen el más mínimo interés de reivindicar su tarea cumpliendo su responsabilidad histórica. Esto último es absolutamente cierto, pero eso no justifica ni avala que los principales empresarios que han dificultado y embestido de diversas maneras - y algunas verdaderamente cuestionables -, el libre camino de la competencia en la Televisión y en las Telecomunicaciones, vengan ahora a convocarnos a la unidad, y hablar de “Estado de Derecho” y “Desarrollo”, con base ¿en qué?, ¿en el ejercicio del monopolio telefónico?, ¿del duopolio televisivo?, ¿del oligopolio radiófónico?, ¿en nombre de la censura que practican, y del dinero con el que cruzan a todos los partidos?. ¿Con qué calidad moral, con qué representatividad?. No tienen rubor. Estos hechos confirman como la asociación poder financiero-medios de comunicación, se han convertido en el centro del poder contemporáneo de nuestra Nación. Y como unos y otros complementan el trabajo de sometimiento de la clase política y la rendición del Estado, en el mayor desequilibrio que la política enfrenta en relación con el mercado. Esa dupla se ha transformado en el vértice del poder actual. Más aún, han llegado a imponerle a la Nación una agenda propia.

Lo interesante sería preguntarles y desde aquí lo hago, si en su agenda de intereses concretos también caben los intereses de la sociedad, si se piensa incluir o no la necesaria reforma legal de la radio y la televisión, que incluya límites a la concentración y reglas de competencia económica para ampliar la oferta comunicacional que libere a la sociedad de la tiranía del duopolio televisivo; si en ese pacto se incluye la necesidad de una reforma del régimen legal de las telecomunicaciones que no sólo incluya la autonomía del órgano regulador frente a Teléfonos de México, si no que se regule con claridad las condiciones del mercado relevante o el poder sustancial de mercado. Si esos temas también son parte del “nuevo nacionalismo competitivo”.

 
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