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Fernández Christlieb Fátima. Los medios: un poder sin contrapeso. PDF Imprimir E-Mail

Hoy no se gobierna ni se ganan elecciones sin los medios. En la vida política, los medios deciden quién existe y quién no. Y si se lo proponen, pueden erigirse en el gran elector, afirma Fátima Fernández Christlieb, una de las voces más acreditadas en el análisis de los medios de comunicación.

La especialista examina la capacidad persuasiva, de penetración e influencia de los medios de comunicación electrónicos en distintos ámbitos de la democracia, un fenómeno de carácter mundial que a juicio de Fernández Christlieb no fue contemplado por los clásicos de la política, y que ha motivado la reflexión de muchos de los grandes pensadores de nuestro tiempo.

Aqui están Los Leones

Estamos frente a medios muy poderosos, eso es evidente, pero no nacieron asÍ. ¿Qué elementos dieron lugar a un fenómeno de estas proporciones?

"Es muy claro que de la década de 1960 a esta primera década del siglo [los medios] han dado un giro de 180 grados en México. Hoya un joven mexicano le resultaría increíble saber que en los años sesenta no había una dirección general de noticieros en una televisora. ¿Cómo se hacían entonces los noticiarios en televisión? Se leía el periódico, el Excélsior concretamente, y con base en eso se iban armando los noticieros. Poco a poco empezaron a crecer los departamentos de noticias hasta lo que vemos ahora: departamentos con muchísima fuerza, que son importantes para quien conduce, pero sobre todo para quien posee la concesión de los medios.

"No es un fenómeno mexicano, es un fenómeno mundial. No se gobierna sin los medios y no se ganan elecciones sin los medios. Parece que este asunto llegó para quedarse.

"Se trata de un fenómeno que si bien nos parece cotidiano, es relativamente nuevo: llama la atención que un teórico como Giovanni Sartori, politólogo ítalo-norteamericano, conocido en el ámbito académico por sus libros sobre democracia y parlamentarismo, adquiera muchísima importancia a partir de que publica Hamo videns. Él ya había planteado el tema en su libro Qué cosa es la democracia, en el que advierte aquella frase: '¡Cuidado!, aquí hay un territorio desconocido'. Hic Sunt Leones (Aquí están los leones).

"En Licencia para hacer televisión, el también estudioso Karl Popper plantea una serie de preguntas sobre qué hacer ante la fuerza de los medios. Propone que quien hable ante las cámaras, tenga licencia para ello y nos demuestre que sabe hacerlo. Se pueden citar diversos libros en los que otros estudiosos abordan el tema: La realidad de los medios de masas, del sociólogo alemán Niklas Luhmann, o Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu.

"El punto es que hay una alarma advirtiéndonos que desde mediados del siglo XX existe un fenómeno que no hemos desentrañado aún y, que en la práctica se ha convertido en un poder real, al cual le temen los poderes legalmente constituidos, quienes teóricamente sienten que se necesita un contrapeso, pero no se encuentra la fórmula para crearlo."

¿Por qué tanto miedo a los medios?

"Porque la evidencia está confirmando que son capaces de llevar al poder a personajes que no tenían gran trayectoria política, que son capaces de acabar con el prestigio o la carrera política de cualquier personaje, que son los que, al final de cuentas, dan el visto bueno de muchas acciones públicas y porque hay una clara conciencia de que sin ellos ni se accede al poder, ni se mantiene en éste. Es decir, son actores políticos de facto, y en el caso mexicano, yo diría que lo son desde hace mucho tiempo."

Hablemos del caso mexicano. Es evidente que ha habido un cambio radical en la relación entre el Estado, el Gobierno federal y los medios. Bajo el régimen autoritario la relación era otra, ¿cómo se dio el giro?

"En México, desde que empezó la radio inició el modelo de las concesiones, que era esa espada de Damocles colocada sobre la cabeza de los concesionarios. El presidente en turno decía: 'Se puede ratificar o se puede cancelar la concesión, entonces tú te portas bien conmigo y yo me porto bien contigo'. Pero, al mismo tiempo, los concesionarios, por si acaso, hacían un trabajo político más allá del Poder Ejecutivo.

"Remontémonos a la época del general Cárdenas. En 1936, el entonces secretario de Comunicaciones y Obras Públicas Francisco José Múgica, un hombre de izquierda, del Congreso Constituyente de 1917, conocedor del país y mirando el panorama de lo que hasta entonces se conocía como radiodifusión en el mundo, le dice al general Cárdenas (esto está documentado): 'General, qué tal si estatizamos la radio'. El general Cárdenas se queda pensativo, no lo hace, pero esa propuesta llega a oídos de Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien dice: '¡Ah, caray! Si esto ocurre, la cadena XEW, que acabo de fundar, pasaría a manos del Estado y también perdería la otra que quiero fundar, la XEQ'. Entonces, Azcárraga se previene, era un hombre con gran olfato político; no se estatiza nada pero él empieza a trabajar políticamente, no sólo en México sino en toda América Latina -recordemos que la XEW era la voz de la América Latina desde México-, y logra integrar a un buen grupo de concesionarios que son amigos, intercambian favores, intercambian programación, están afiliados, unos más otros menos, a la Columbia Broadcasting System (CBS) y a la National Broadcasting Corporation (NBC), y fundan, un año después de terminado el periodo cardenista, la Cámara Nacional de la Industria de Radiodifusión y luego la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT).

"Y desde entonces, cuando algún gobierno se le ha ocurrido modificar la Ley Federal de Radio y Televisión para generar algún tipo de contrapeso, los concesionarios actúan como un bloque desde la CIRT."

¿Cuáles son los casos más reveladores?

"Han hecho un trabajo político en el Legislativo. Si hacemos el recuento de cómo han sido integradas las comisiones de radio y televisión en la Cámara de Diputados, encontraremos que siempre ha habido un diputado más o menos cercano a la industria. Puede ser un concesionario, un conductor o un funcionario, pero siempre con la consigna de hacer trabajo político a favor de ese sector.

"Esto es muy claro, por ejemplo, cuando se preparaba la Ley Federal de Radio y Televisión (LFRYT) a finales de la década de 1950. Antonio Castro Leal, ex rector de la UNAM, miembro del grupo de los siete sabios, siendo de la comisión de radio y televisión no logró hacer una ley que supusiera un mayor contrapeso. Ahí están sus escritos políticos de cómo fracasó ese intento.

"Otro ejemplo es la época del 12.5% en los tiempos de Díaz Ordaz. Se trataba de un impuesto de 25%, que venía en la miscelánea fiscal de 1968, sobre los ingresos de las empresas de radio y televisión. Durante seis meses, la Cámara dijo abiertamente que estaba negociando con el gobierno para que no pasara ese impuesto y finalmente negociaron. En 1969, el gobierno expidió un decreto por medio del cual el Estado contaría con 12.5% del tiempo de transmisión en los canales comerciales. Éste es uno de los ejemplos de cómo el Estado intentó ejercer un mayor dominio; pero digo intentó porque en cuanto los industriales actuaron como grupo de presión, el Estado adaptó sus reformas a los propósitos de esa industria. Convirtiéndose en aliados."

Sí, negociaron un impuesto a cambio de tiempo aire para el Estado. ¿Y ahora, cómo calificas lo que ocurrió en octubre de 2002, bajo el gobierno de Fax?

"Es otro elocuente momento en que se ve la mano de la CIRT. Hubo una mesa de diálogo que estuvo operando bien entre marzo Y diciembre de 2001. En la segunda etapa, en 2002, se reinstaló para hacer una mesa de redacción, buscando aterrizar puntos concretos.

El propósito era hacer una revisión integral de la legislación de radio y televisión, cuestión que no le convenía a la industria. Por lo que vimos, ellos (los concesionarios) trabajaron con más articulación y claridad que el propio gobierno y finalmente se impusieron.

¿Cómo? El 10 de octubre de 2002, el gobierno de Fox expidió un decreto que puso fin al impuesto de 12.5% (impuesto de tiempo aire gubernamental). Ahí se perdió otra gran oportunidad para crear contrapesos.

"La industria trabaja sin violencia como grupo de presión ante ciertas amenazas o ciertos avisos de regulación. Y de esto está llena la historia. Es decir, hay un trabajo político eficiente de ellos y no ha habido claridad y continuidad del otro lado (del gobierno) para tratar de construir como sociedad un contrapoder a algo que desde entonces, desde la década de 1960, se miraba como un poder fuerte, un poder creciente."

Se perdió la oportunidad histórica con Fox

"Estamos hablando del control privado de recursos económicos, financieros y comerciales. La industria de medios es un poder económico sustancial para todo lo que implica la comercialización de productos que necesitan ser publicitados; es un poder importante en la formación de hábitos de consumo, en la forma de invertir el tiempo libre, porque no solamente se trata de lo que vemos en pantalla o lo que escuchamos en las estaciones de radio, es también toda una serie de industrias colaterales.

"Es un poder fuerte que en México ha tenido una visión clara de lo que quiere y que, pese a sus diferencias internas -porque la radio y la televisión pelean fuerte por el pastel publicitario-, ha logrado trabajar relativamente unido porque hay una visión de conjunto.

"Yo creo que el momento clave que se presentó para darIe un giro a este asunto sin contrapesos fue en el 2000. Tengo la impresión de que no jugaron como gremio. No apostaron por Fox desde un principio, está bastante documentado, no era su gallo. Tras el triunfo de Fox, hay un documento (de la CIRT) que revela claramente que ellos estaban dispuestos a renegociar cosas. Pensaban que con el cambio, con la alternancia, vendría una regulación fuerte a la industria. Estaban dispuestos a negociar una ley de radio y televisión mucho más moderna, pero se perdió la oportunidad histórica, como tantas otras."

Temor, no respeto

¿Cómo puede un gobierno negociar con los medios una nueva regulación, si les teme, si los necesita para llegar al poder y mantenerse en él?

“Ahí está el punto. Como ya no se ganan elecciones sin los medios, y como son capaces de tirar a cualquier personaje político si se lo proponen, ha habido temor de parte de los políticos a perder cámaras y micrófonos, a desaparecer de los medios. Éstos son los que determinan la agenda, los que deciden qué entra y qué no. Ellos deciden quién existe y quién no. ¿Qué ocurre con los partidos políticos y, por ende, con buena parte del Legislativo? Que ningún partido quiere verse satanizado por los grandes concesionarios. Es un poder al que el Legislativo, y evidentemente el Ejecutivo, tratan con demasiada cautela, tanta que ya no se opina, ni siquiera existe la mínima intención de mencionar algo que es obvio: todo poder necesita un contrapoder, de lo contrario ese poder se convierte en autoritario."

¿Qué instituciones pueden constituirse en contrapeso para el poder de los medios?

"Ésa es la gran interrogante. Quizá sea una visión muy personal, producto de una experiencia reciente, pero yo no veo que el contrapeso pueda surgir a corto plazo ni de parte del Poder Legislativo ni del Ejecutivo. No lo veo desde ahí.

"El Poder Judicial se cuece aparte, pero también sabe que no puede quedar excluido en el juego mediático. Un miembro de la Corte, en un momento dado, sabe que puede ser vituperado y señalado de por vida ante un error. La respuesta se encuentra en instituciones que aún no surgen, que de manera embrionaria se encuentran en el seno de la sociedad."

¿Estimas que se está imponiendo una verdad mediática por encima de otras verdades, como la jurídica o la ética?

"De hecho, sí, porque en el fondo, cuando todos estos actores toman distancia, se habla de que es necesario un contrapoder. Pero al momento de la acción y cuando el poder mismo en cuestión se ve involucrado, da un paso atrás. Entonces, ¿quién puede constituir este contrapoder? Soy escéptica, especialmente cuando vemos que la sociedad civil lucha más por sobrevivir, tratando de entender su propia vida y acercándose a lo público sólo en momentos electorales."

Recursos públicos que financian medios privados

Para Fátima Fernández, los medios electrónicos se mantienen intactos, pero paradójicamente, son los grandes beneficiarios en materia de publicidad gubernamental, así como de la bolsa del financiamiento público para campañas de los partidos políticos:

"Si sumamos todo el dinero público que reciben los medios concesionados, es impresionante. Por un lado, a través de los partidos, y por otro lado, los tres mil millones de pesos que el Gobierno federal gasta en promedio anualmente para compra de publicidad. Es decir, a final de cuentas, el Estado está facilitando que no haya reglamentación ni contrapesos, y al mismo tiempo está alimentando que no haya reglas absolutamente claras todavía en muchos ámbitos, por ejemplo, en materia de precampañas de los partidos o en la contratación que tendría que hacer directamente el IFE. Estamos financiando con recursos públicos a los medios privados."

Sobre el impacto que la radio y la televisión tendrán en la sucesión presidencial, la analista considera que los medios también van a optar:

"Están haciendo política. Si surgiera en este momento un personaje en contra de sus intereses, yo creo que la alianza se daría entre las dos televisor as. Y bastaría con eso. Estoy convencida que pueden ser el gran elector o el gran obstáculo de la llegada de alguien si le quitan la pantalla, o lo ponen en horarios que nadie ve.

"La propuesta inteligente sobre qué hacer con los medios tendría que venir de un pacto entre todos los candidatos presidenciales en 2006. Sería oportuno preguntar en el debate: ¿Estamos de acuerdo en que los medios son un poder y que estamos siendo televisados por ese poder? ¿Estaríamos dispuestos a buscar una plataforma común para lograr un mínimo contrapeso? Si la respuesta fuera afirmativa, el colofón sería: 'Trabajemos conjuntamente y, quede quien quede, por lo menos demos este paso'. Si logramos este primer acuerdo entre los principales partidos políticos, podría verse un rayito de luz al final del túnel."

Caso Berlusconi

¿Qué papel juega en este crecimiento del poder mediático la pérdida de credibilidad en la política, en los partidos, en los políticos? ¿Los medios capitalizan el desprestigio de la política?

"Sobre esto, el caso italiano es un ejemplo muy claro. Es increíble ver cómo en la democracia parlamentaria italiana, un personaje mediático llegó a ser primer ministro en muy pocos años (porque Silvio Berlusconi era muy poco conocido a finales de la década de 1970, aunque ya poseía varios canales televisivos [Canale 5, Italia Uno y Rete 4]).

"Ocurrió algo insólito para los italianos. En un país que veía caer gobiernos a cada rato, porque bastaba que un partido pequeño retirara su apoyo para que el gobierno perdiera la mayoría parlamentaria y se tuviera que elegir primer ministro nuevamente, hace mucho tiempo que esto no ocurre. Hoy el primer ministro de Italia es el magnate de los medios, y ha logrado modificar leyes construidas a lo largo de décadas. Por' ejemplo, la famosa Ley Gasparri es una ley que en general favorece justamente a Berlusconi. Él conservó la red televisiva que estaba a punto de perder, apoyado por partidos pequeños y por grupos dentro de los partidos grandes que finalmente fueron abiertamente comprados. Y es increíble que eso ocurra en una de las democracias más avanzadas y en uno de los países más industrializados del mundo."

¿Esto puede ocurrir en otras democracias cuando se unen el desprestigio político y el poder de los medios?

"Claro, Berlusconi es visto como un hombre astuto, algo que a la gente le gusta ver. Existe una historia turbia sobre el origen de su dinero y cómo empezó a crecer, pero más allá de eso, la gente no lo ve como un político, sino como un empresario metido a la política para redimirla. Si eso ocurre allá, es posible que ocurra acá también, ante el actual hartazgo de la política."

Tomado de María Elena Cantú. Medios & Poder. Grupo Editorial Norma. 2005. 250pp.

 
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