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Waldo Dwight. Teoría política de la Administración Pública. Conclusión PDF Imprimir E-Mail

Los estudiosos de la administración, escribe J. M. Gaus, se han vuelto "más inseguros en años recientes en cuanto a los fines, objetivos y mé­todos que deben proponer". Es difícil tener una perspectiva de conjunto de los escritos sobre administración pública que hoy salen de las pren­sas. Pero esto no es indispensable para confirmar la verdad de la frase de Gaus.

En la actualidad, la situación es ésta: hay un gran núcleo de ideología "ortodoxa" sobre administración pública, pero también una conside­rable duda y hasta iconoclasia; una creciente disposición a dedicarse a estudios empíricos o funcionales en que los postulados teóricos son oscuros y tal vez se los niega, pero también cierto número de focos de actividad teórica de gran importancia potencial; y buen número de pro­blemas teóricos que se deben reconocer, plantear claramente y tratar en forma competente. En la actualidad, nuestro ámbito muestra pruebas de vigor y crecimiento, y considerable progreso de la crítica y la síntesis; y con confianza se puede predecir que habrá sólidos ejemplos de pensamiento creativo.

En el meollo de la ideología "ortodoxa" está el postulado de que verdadera democracia y verdadera eficiencia son sinónimos, o que al menos son conciliables. Agrupada en torno de este postulado se encuen­tra un buen número de fórmulas para efectuar esta conciliación. Otra doctrina importante es la fórmula de la administración-política; el con­cepto de que la obra del gobierno es divisible en dos partes: decisión y ejecución, y que la ejecución (administración) es una ciencia, o puede llegar a serlo. Para el ortodoxo, "ciencia" significa descubrimiento de hechos, rechazo de la teoría y tal vez pragmatismo. El concepto de que hay "principios" científica y éticamente válidos que se pueden descu­brir mediante el estudio científico también constituye un lema ortodoxo. Y los estudiosos de la administración siguen opinando, en general, que los valores y las prácticas de la empresa estadunidense pueden ser acep­tados por la administración gubernamental sólo con ligeras reservas.

Existe un área de duda explícita y de escepticismo acerca de todos estos temas salvo el primero: que verdadera democracia y verdadera eficiencia son conciliables. Esto es tan fundamental que, por definición, difícilmente podría negarlo ningún estadunidense que escribiera sobre administración pública. Pero aun ahí ha surgido un pensamiento crítico que ha ensanchado o rechazado las definiciones originales de democracia y de eficiencia. Con respecto a "administración-política", han surgido dudas acerca de lo posible y a la vez ló deseable de establecer una marcada separación del poder o una división de funciones entre las oficinas de decisión y las ejecutoras del gobierno. El pensamiento acerca de la naturaleza y los imperativos de la "ciencia" y los "principios" se hace cada vez más crítico y más sutil. Y hay quienes desearían remodelar extensamente la estructura tradicional —organización y procedimientos— de la empresa estadunidense, así como la de la administración gubernamental en nombre de la Democracia, o para dar al Experto su propia función.

Uno de los rasgos más obvios de los escritos recientes sobre adminis­tración pública es su gran volumen y su vasto alcance junto con una tendencia creciente a los estudios especializados, tácticos o empíricos . Esta creciente especialización tal vez sea normal y deseable y represente un sano progreso de la disciplina. Sin embargo, gran parte de la especia­lización se ha hecho en los aspectos funcionales de la administración y no en sus aspectos institucionales. Este hecho, junto con el simple volu­men y la creciente diversidad de los estudios institucionales, plantea en forma muy aguda el problema de saber si hay un estudio de la adminis­tración "como tal"; al menos, saber si existe una "función de administra­ción" como tal en que sean posibles la preparación y la especialización.

En vista de las tendencias recientes, cabe plantear esta pregunta a quienes están profundizando cada vez más en la "materia" de la admi­nistración, y cuyo objetivo es presentar una sección de desnuda verdad administrativa, o crítica de los "principios" ingenuos: ¿No han llegado demasiado lejos al rechazar los principios y abrazar un empirismo acrí­tico? En algunos sectores, la pregunta pertinente consistiría en saber si el refinamiento se ha convertido en cinismo, si al rechazar los conceptos decimonónicos de los "principios" no se ha negado también el propósito o la teoría que debiera iluminar e imbuir toda investigación significativa. Sin fe ni propósito, individuos o sociedades se estancan.2

Desde luego, el futuro de la teoría administrativa depende de lo que ocurre en el mundo en general y, particularmente, lo que sucede en los Estados Unidos. El Primer Hecho consiste en saber si ese Un Mundo en el cual vertimos nuestro tesoro de vida y de bienes se convierte en Dos Mundos, y luego, un día, en Ningún Mundo. Si se desarrollan nuevas formas y métodos de cooperación internacional —o "mundial"—, el pensamiento administrativo se desviará en nuevas direcciones (aunque a la fecha, la considerable cantidad de escritos "internacionales" sobre administración se caracteriza, en general, por una calidad pedestre y prosaica).3 El que nuestra civilización empresarial logre resolver las extraordinarias tensiones económicas y sociales del reajuste de posgue­rra, dependerá del curso de mucha de la reflexión futura. De una u otra manera, la creación y el uso de la energía atómica tendrán efectos que llegarán hasta los fundamentos mismos del pensamiento administrati­vo; pero desde antes de que se puedan proyectar sus aplicaciones, así sea en la imaginación, será necesario que el organismo pensante se re­cupere del choque de un hecho tan fundamental y espectacular. El pen­samiento administrativo afectará y reflejará los hechos futuros. Pero no será una de las Primeras Fuerzas, al menos en el futuro próximo. El nú­mero de sus devotos y la gama de su influencia son demasiado limitados. Apenas hoy se está liberando de una camisa de fuerza inventada por él mismo —la filosofía instrumentalista de la fórmula política-ad­ministración— que ha limitado su alcance y amplitud.

Cualesquiera que puedan ser las implicaciones trascendentales de la cooperación mundial y la energía atómica, parece que, a corto plazo, el caos y el rencor dejados por la segunda Guerra Mundial tendrán efectos más importantes sobre el pensamiento administrativo. Nos atrevemos a aventurar dos observaciones en este sentido. La primera es que, como las crisis habitualmente dan por resultado una centralización y una integración de la autoridad, podemos esperar que se fortalezcan las corrientes de centralización y de integración4 (al menos en comparación con lo que habría ocurrido si el fin de la guerra hubiese traído "paz" y "normalidad"). La segunda es, en cierto sentido, lo contrario de la pri­mera: el éxito del movimiento tendiente a descentralizar y a "democra­tizar" la administración dependerá de que cesen las amenazas a la segu­ridad de la nación. Cualquier fuerza que tenga la creencia socialista en que "no es posible edificar el socialismo en un solo país" se aplica, de manera similar, a la democracia.

Además de los acontecimientos económicos, políticos y sociales que influirán sobre el futuro del pensamiento administrativo, existe un buen número de movimientos y de personalidades que en la actualidad están invadiendo el pensamiento administrativo y que podrán darle conteni­do y dirección en el futuro [...].

Acaso el más importante de los movimientos teóricos que hoy están influyendo sobre el estudio administrativo estadunidense sea la admi­nistración científica. Al nivel de la técnica o el procedimiento, induda­blemente continuarán los préstamos y las relaciones con la administra­ción científica. Aunque algunas doctrinas, como la "teoría pura de la organización", ya han afectado la administración pública, queda por ver hasta qué punto tendrán influencia otros aspectos teóricos de la admi­nistración científica. Puede concebirse que en sus doctrinas "democrá­ticas" o "anárquicas" hay fuerza suficiente para reconstruir las actuales pautas del pensamiento administrativo, al menos si las condiciones se vuelven favorables. M. L. Cooke,5 Ordway Tead,6 Henri Fayol,7 Oliver Sheldon,8 Lyndall ,9 y Elton Mayo10 se pueden mencionar entre los más sobresalientes asociados al movimiento de administración científica, cuyos escritos posiblemente afecten el futuro de la administración pú­blica, como ya lo han hecho en cierto grado. Varios de ellos fueron influidos por la filosofía de Mary Parker Follett. Este no es el lugar para emprender un estudio de sus teorías, pero la comprensión de algunas tendencias actuales sí dependerá de leer sus obras, así como las de los más sesudos administradores científicos.

Es posible —aunque en la actualidad parece improbable— que la filosofía pragmática pueda desempeñar un papel mayor en el futuro que en el pasado. Por ejemplo, en ensayos recientes de Horace S. Fries" se ha hecho un intento por demostrar que el pragmatismo (de la variedad de Dewey) no sólo es la filosofía de la ciencia, sino el vehículo adecuado para extender la "democracia", tanto en la administración científica como en la administración pública.

Ya hemos mencionado antes la probabilidad de que la reciente llegada de estudiosos extranjeros de la administración (especialmente de la Europa continental) ejerza una influencia mensurable sobre el desarro­llo teórico. No cabe ninguna duda del simple hecho de la influencia, pero aún es demasiado temprano para poder afirmar con certidumbre cuál será su fuerza.

El problema del lugar del experto en una sociedad democrática, par­ticularmente del experto en "cosas en general", no puede considerarse tratada a satisfacción,12 y es probable que siga llamando la atención de los escritores sobre administración. Tal vez el problema sea demasiado vasto para que puedan resolverlo unos cuantos pensadores en un breve lapso. La respuesta debe evolucionar de la experiencia y de la gradual reconstrucción de nuestra teoría, por pensadores de muchas esferas.

Directamente relacionado con el anterior, está el problema de ofrecer preparación adecuada y una "filosofía" a nuestros administradores. ¿Basta la enseñanza de la mecánica de la administración y los códigos de ética profesional? ¿O debiera recibir nuestra nueva Clase Guardiana una educación equiparable con sus anunciadas responsabilidades y tal vez se la debiera imbuir con una filosofía política? La actual laguna entre el contenido de nuestros programas universitarios de ádministración y lo que anunciamos como las responsabilidades de nuestros administradores es aterradora.13 Suponiendo que nos encontramos a la mitad de cierta clase de "revolución empresarial"," ¿podemos decir que ya ha sido satisfactoriamente tratado el problema de nuestra filosofía acerca de los administradores o la filosofía apropiada para administradores?

El problema de la filosofía que sostienen nuestros administradores está directamente relacionado, a su vez, con el de la adecuación de la "teoría de la organización". La pregunta es ésta: ¿Están los estudiosos de la administración tratando de resolver los problemas de cooperación humana en un plano demasiado bajo? Mediante el doble proceso de considerar cada vez más datos formales sobre un campo cada vez más vasto de organización humana, ¿han perdido visión y penetración? El análisis formal de las organizaciones, sin considerar los propósitos que las inspiran, ¿no es más que una tediosa elaboración de algo insignifi­cante?

Los temas principales del movimiento por la administración pública surgieron en los decenios que precedieron a 1914; cristalizaron en una teoría política general en los años del progresismo. Este punto de vista "ortodoxo" dista mucho de ser una fe indiscutida; pero en general, sigue siendo el evangelio en nuestras escuelas, al menos en los cursos para subgraduados. Tal vez los temas de la ortodoxia sigan representando la "verdad" para nuestro tiempo y nuestras necesidades. Sin duda, su aire de certidumbre y de estabilidad apela a las emociones en estos días de crisis y confusión. Pero se debe reconocer la evidente probabilidad de una desintegración de la antigua visión y la síntesis de una nueva. Sea como fuere, si se toma en serio el abandono de la fórmula política-administración, si se satisfacen las exigencias que nuestra actual civili­zación universal hace a la administración pública, el pensamiento ad­ministrativo debe establecer una relación de trabajo con cada una de las zonas importantes del ámbito del aprendizaje humano.

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1 Ha habido muchas manifestaciones de la existencia de una sed por la filosofía en años recientes, y no pocas invitaciones a estudiosos de la teoría política para que nos ayuden a tratar de ensanchar la administración pública. Pero toda interfertilización cruzada que dé fruto requerirá tiempo considerable, y tendrá que aguardar a la creación de una "filosofía para los filósofos". Pues los "teóricos políticos" también se han vuelto objetivos y científicos; hoy se encuentran en la posición del curador de un museo de caricaturas humorísticas, que "lo sabe todo acerca del arte, pero no sabe lo que le gusta". En general, los estudiosos de la administración no han leído gran cosa de la historia del pensamiento político, pero no han tenido dudas acerca de "lo que les gusta". Los estu­diosos de la teoría pueden ofrecer mayor "refinamiento" a los estudiosos de la adminis­tración, pero tendrán que recorrer un largo camino antes de poder ofrecer mucha ayuda con los problemas fundamentales como la relación de la administración con la demo­cracia o con la ciencia. Véase Donald Morrison, "Public Administration and the Art of Governance", Pub. Adm. Rev., 5, invierno de 1945, pp. 83-87, sobre el divorcio de la "teo­ría" y la "administración" (con mutuo desprecio).

2 "Tal vez nuestra carencia más dolorosa sea la de una doctrina en el sentido teológico que gobierne el flujo de las energías cooperativas en una comunidad libre". F. Morstein Marx, "The Lawyer's Role in Public Administration", en Yate Law Jonrnal, 55, abril de

1946, 498-526, 503.

3 La barrera entre política y administración, aunque está siendo destruida en el ám­bito doméstico, permanece casi intacta en nuestra reflexión de las cuestiones internacio­nales. Se necesita urgentemente una reflexión enérgica y creativa en el área que se encuentra entre el pensamiento administrativo avanzado y el pensamiento avanzado sobre el futuro de la política mundial, representado —en mi opinión— por E. H. Carr: National ism-And After, Nueva York, 1945.

4 Véase, sin embargo, J. M. Gaus, "A Job Analysis of Political Science", en Am. Poi. Sci. Reza., 40, abril de 1946, pp. 217-230, 224-225, sobre los posibles efectos "descentralizadores" de la rivalidad por la bomba atómica. "Me encontré a mí mismo [...] recurriendo de nuevo a materiales sobre centros regionales, sobre el papel futuro de los gobiernos estatales, sobre las capitales de los estados en contraste con los centros regionales, sobre la experiencia de la Gran Bretaña con comisionados regionales durante la guerra y con una plétora de problemas de geografía política, gobierno comparativo y administración."

5 Me refiero en particular a sus ensayos más recientes. Véase, en especial, "Notes on Governmental and Industrial Administration in a Democracy", en Soc. Adv. Man. Jour., 3, julio-septiembre de 1938, pp. 139-143.

6 En varios de sus libros, pero en particular New Adventures in Democracy, Nueva York, 1939, y Democratic Administrations, Nueva York, 1945, véase "What Is a Democratic Approach to Economic Problems?", en Annals, 165, enero de 1933, pp. 101-108; "Is Industrial Self Government Possible?", en Advanced Management, 5, enero-marzo de

1940,pp. 21-25.

7 Industrial and General Administration, Londres, 1930, trad. ing. de J. A. Coubrough.

8 The Philosophy of Managemen t, Londres, 1924. Si bien ampliamente citada, no parece que se le haya sacado ya todo el jugo.

9 La obra de Urwick es muy estimulante y merece atención. Véase Management of Tomorrow, Londres, 1933; "A Republic of Adlninistratiori", en Jour. Pub. Adm., 13, julio de 1935, pp. 263-271; "Executive Decentralization with Functional Coordination", en Jour. Pub. Adm., 13, octubre de 1935 pp., 344-358; "Bureaucracy and Democracy", en Jour. Pub. Adm., 14, abril de 1936, pp. 134-142; "An Industrial Esperanto", en Bull. Taylor Soc., 14, julio de 1929, pp. 150-153; "The Problem of Organization: A Study of the Work of Mary Parker Follett", en Bu II. Taylor Soc. and Soc. Indust. Engineers, 1, julio de 1935,pp. 163-169.

10 En particular, The Human Problem of an Industrial Civilization, Nueva York, 1933.

11 " Some Democratic Implications of Science inScientific Management", enAdvanced Management, octubre de 1940, pp. 147-152; "Liberty and Science", en Pub. Adm. Reí., 3, verano de 1943, pp. 268-273. Los ensayos de Fries son declaraciones profundas de un punto de vista legítimo. Pero este punto de vista me parece tan insatisfactorio como la cosmología hindú (y por la misma razón).

12 En una introducción al libro de Scudder Klyce, Universe, Winchester, Mass., 1921, M. L. Cooke expresa la opinión de que la obra de Klyce aporta una justificación filosófica al ejercicio del poder por expertos técnicos. No puedo comentarlo ya que soy incapaz de comprender la extraña obra de Klyce.

13 Al hablar en 1945 al Cabildo de Washington de la Sociedad Estadunidense para la Administración Pública, Herbert Emmerick citó como la primera de las lecciones admi­nistrativas de la guerra, la incapacidad de nuestros programas escolares sobre adminis­tración para producir adecuados administradores de línea, a diferencia de personas preparadas para encargarse de la casa y trabajos menores. En el mismo sentido, véase M. E. Dimock, "Administrative Efficiency within a Democratic Polity", en New Horizons in PublicAdministration, University, Alabama,1945, simposio, pp. 21-43, 41-42.

14 TheManagerial Revolution, Nueva York,1941, de James Burnham tal vez sea un libro importante. Sin embargo, no se encuentra dentro de la esfera de este ensayo. De acuerdo con el trato que le da Burnham, la bibliografía que interesa a este estudio sería simple-mente el atuendo ideológico del nuevo grupo gobernante. El defecto fundamental del libro de Burnham, como lo han subrayado los críticos, es que pese al hecho de que el argumento se plantea como refutación del socialismo orto­doxo, es esencialmente marxista. Es decir, Burnham tuvo un pasado marxista, y en él los vicios característicos de esos hábitos mentales subsisten: las categorías en negro y blan­co, el afán de simplicidad, la presunción de omnisciencia, la proclama de inevitabilidad. Burnham simplemente vierte nuevo vino en viejos odres marxistas. (En su obra más reciente, The Stnuggle f». the World, Nueva York, 1947, logra la hazaña de volver el enfoque marxista contra los marxistas.) Para una refutación esencialmente marxista del "marxismo" de Burnham, véase "The Technicians and the New Society", cap. 14, en J. Donald Kingsley y David W. Petegorsky, Strategy for Democracy, Nueva York, 1942. Éste es un ensayo interesante que analiza la incapacidad general de los movimientos izquier­distas de toda índole para reconocer la necesidad de que la "administración" alcance sus objetivos, y los medios por los cuales puede hacerse que una burocracia sirva a los fines de un "Estado colectivista democrático".

Tomado de Waldo Dwigth. Teoría Política de la Administración Pública, título en español de TheAdministrative State: A Study of the Political Theory of American Public Administration.

 
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