Diecinueve compañeros senadores de Acción Nacional, le ofrecieron al Presidente del Comité Ejecutivo Nacional, Manuel Espino, su voto a favor de la Ley Televisa, en los términos en que fue enviada en diciembre pasado por la Cámara de los Diputados. Ese número es más que suficiente para dar cauce a la aprobación de la minuta en el Senado de la República. Parece culminar así un largo proceso de presión y chantaje político con el que la Televisora ha impuesto una vez más su poder y doblegado a una buena parte de la clase política.
Sin embargo, esa decisión de la mayoría del grupo parlamentario del PAN no obliga en modo alguno a los ausentes ni a los que votamos en contra de la petición que formuló el Presidente del Partido a nombre del “Sistema Nacional PAN” y en ese sentido ejerceré mi voto de conciencia: Por supuesto no estoy de acuerdo con esa decisión, y votaré en contra de la minuta, más aún, expondré con toda libertad y franqueza mis argumentos, sobre el retroceso que constituye para la Nación ese proyecto; lo haré tanto en las Comisiones Unidas, convocadas para este martes 28 de marzo, como en la tribuna del pleno, el próximo jueves 30 de marzo. Busco convencer a mis compañeros de ejercer un voto libre y responsable, y no de ser parte de este penoso episodio.
Hace más de veinte años ingrese a Acción Nacional por comulgar en el ideal de democratizar la vida de México. Democracia que no se agota en lo electoral sino que debe cubrir lo social y lo económico. Durante este tiempo he tenido la oportunidad de conocer ideas y anécdotas de los fundadores. Estoy hablando de aquellos hombres unos conocidos y célebres y otros desconocidos para la historia pero no para sus comunidades locales. De ambos me admira su generosidad y optimismo a la causa.
Tuvieron la fortaleza de enfrentar el fraude electoral y la burla social con valentía e integridad. Hubo un poderoso, nada menos que Adolfo Ruiz Cortines, que les llamó burlonamente: “Los místicos del voto”. Esos hombres excepcionales fueron capaces de sostener económicamente al partido, de arriesgar negocios y enfrentar la proscripción de ocupar puestos públicos. Por ser opositores estuvieron tan convencidos del ideal que dieron su dinero y estuvieron dispuestos a dar la vida misma.
Permítanme mencionar un ejemplo conocido por ustedes: Luís H Álvarez es modelo de congruencia y generosidad que por fortuna aun nos acompaña. Un hombre que perdió su fortuna personal por sus aventuras políticas, cuando fue candidato a gobernador y a presidente de la República; que enfrentó el desprecio y la ruptura de sus socios que lo vieron como una amenaza a sus planes económicos; qué lucho en contra de la participación electoral en los sesentas. En contra de la misma opinión de Gómez Morin y que en 1986 fue capaz de realizar un ayuno de 42 días en protesta por el fraude electoral cometido en contra del pueblo de Chihuahua.
Su ejemplo como el de Francisco Barrio y como de tantos paisanos a quienes he conocido y cuya trayectorias me edifican; estos hombres son pautas para mi que me inspiran a sostener mis convicciones, dentro del marco institucional y hacerlo hasta el último momento que sea posible.
Hoy nos enfrentamos con nuestra conciencia al dar nuestro voto, a una pretendida reforma a la Ley de Radio y Televisión, que lejos de acercarnos al ideal democrático de la vida pública, representa una claudicación de los poderes constitucionales y de las instituciones, con años de lucha por la democratización a ejercer su misión, al delegar en los poderes fácticos de la sociedad el poder de imponer agenda política e interés económico.
En estas condiciones he decido ejercer mi voto, conforme a los dictados de mi conciencia y conforme a la doctrina que inspira a mi partido y al ejemplo de hombres íntegros e insobornables ante el poder económico y político.
Lo hago porque Acción Nacional consagra al “Bien Común” como uno de los principios de lucha política y motivo de su destino histórico. El “Bien Común” no es la suma de intereses particulares sino la amalgama de todos; es lo que nos reconcilia y nos une orgánicamente como dijese Don Efraín González Luna en 1940 y que hoy, en los inicios del nuevo milenio, sigue teniendo vigencia y sabiduría.
Decía este ilustre fundador de Acción Nacional que el Estado haciendo del bien común nacional la esencia, la justificación única de su legitimidad y de su misión, de tal suerte que no servirlo, no conocerlo, no defenderlo es traicionar la función misma del Estado y por lo mismo romper el título y la fuerza de su autoridad.
El Congreso es un órgano del Estado. No podemos engañarnos a nosotros y claudicar de nuestro deber en función de evitarse enemigos. Quien está en contra del Bien Común y solo ve en su interés, está en contra de los más hondos anhelos del panismo, de sus más puras esencias y de los ejemplos de congruencia moral que nos dieron esta institución.
Si no es ahora será mañana en que nos enfrentaremos. Porque de raíz, si los poderes fácticos no se ajustan al interés general, en cualquier momento, tarde que temprano, se dará el temido enfrentamiento.
Hace casi setenta años decía también González Luna que la patria estaba en cautiverio que se necesitaba rescatarla conforme a nuestras ideas, conforme a nuestras conciencias, con nuestros propios medios de acción, con nuestro propio esfuerzo para lavar así nuestro honor.
Hoy se dice que no podemos ganar sino es con el favor de Televisa, y que sería peor si nos enfrentáramos a ese poder inmoral; con ello se nos propone que metamos nuestro ideal en cautiverio. Hoy se nos dice que las críticas a la minuta son ciertas, válidas, pero que políticamente no es momento oportuno de enfrentarnos a los poderosos, sino ser sus rehenes desde ahora.
Es precisamente la falta de visión de futuro lo que hace que los poderes fácticos aprovechen la coyuntura electoral. Es la misma táctica del usurero: si no aprovecha el momento de necesidad, para fijar altas tasas de interés y condiciones leoninas, nunca hará buenos negocios.
Esta posición la llamo Don Efraín: “la neurosis de la escaramuza cuando los actores del primer plano, las figuras más inéditas ofrecidas a la visión son deformadas y abultadas en condiciones tales, que el interés vital de la acción a fondo se abandona y se pierde por atender lo inmediato”.
Claudicar a los principios en aras de una supuesta rentabilidad política es pragmatismo rampante. Entonces se pierden los argumentos, la fuerza de la razón y los principios terminan por desdibujarnos y asemejarnos a nuestros contrarios. Es el costo de abyección que no reconoce el pasado de dignidad.
Por este motivo, frente a esta iniciativa ejerceré mi voto de conciencia. No es la primera vez que en Acción Nacional la jefatura nacional permite el voto de conciencia dentro de sus legisladores. Lo permitió en 1989 cuando se discutía la Ley Electoral de entonces y un buen número de diputados expusieron sus razones valederas ayer y hoy, para votar en contra del dictamen correspondiente.
No creo que la política sea un juego de tahúres sino la arena para confrontar ideas y razones.
Mi voto es en contra del monopolio que es el apoderamiento del mercado de uno solo o de unos cuantos. Mi voto es en contra del dictamen porqué no acepto que los poderes fácticos de la sociedad se impongan a la misión de los poderes constitucionales.
Mi voto es en contra porqué no acepta el chantaje de lo inmediato cuando el porvenir y la libertad son amenazadas.
Senador Javier Corral Jurado - Chihuahua, México. |