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Mi estancia en Italia durante 20 días de intensa búsqueda, me permitió explicarme los resultados de la elección reciente. Fue la victoria de una tendencia de "reconstrucción nacional" sobre la base de la Constitución más progresista de la posguerra. Y la derrota de una campaña que usó el miedo al comunismo -todo lo diferente del neoliberalismo- como instrumento para revertir la tendencia favorable a la coalición de centroizquierda hasta lograr casi un empate.
Ese terrorismo tiñó todas las expresiones políticas del primer ministro Silvio Berlusconi, propietario de la casi totalidad de la televisión privada. En ocasión de los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín conocí las características de ese terrorismo. El 9 de febrero, día del arribo de la flama olímpica a la sede, el mandatario produjo -"bajo mi más estricta responsabilidad"- acciones provocativas contra el evento. A través de sus canales televisivos, anunció la represión a los "No Global", grupos de izquierda adversos a la globalización transnacional que realizarían una demostración bajo el lema de "juegos sucios".
Berlusconi declaró: "Los No Global son subversivos, listos para desatar acciones violentas... No puedo aceptar otro G-8 (la acción con que aquéllos hicieron fracasar el G-8 en Génova)... ¡Alto a la protesta o intervengo yo!".
Abundantes fuerzas represivas sólo esperaban una indicación de El Caballero para actuar. Fracasó: los juegos fueron una espléndida manifestación de arte y deporte; la demostración de los No Global se realizó, y ya. Dos meses después, el talento político italiano rechazó al terrorista y desdeñó los calificativos de "idiota útil" contra Prodi, y de "enemigos de Italia" a la coalición de centroizquierda.
¿Se vale esta remembranza cuando ya culminaron las elecciones italianas? Se vale, pues Berlusconi lidera un terrorismo que ya invadió nuestra campaña electoral, con igual propósito: espantar; allá induciendo el miedo al comunismo con estupideces, aquí aterrorizando con mentiras sobre el populismo, y modificar las preferencias electorales.
Berlusconi es producto neto neoliberal: gran capitalista, despótico, jerarca de esa "clase política" que responde sólo a sus intereses, enemigo de las tradiciones jurídicas del Estado, adverso a toda manifestación cultural. Pero no es el único. Al frente del gobierno de Estados Unidos se encuentra otro con las mismas características económicas y políticas: terrorista él mismo, rodeado de una cáfila de terroristas. Ignorante como aquél, demagogo igual, transó unas elecciones con la Suprema Corte y ganó otras con el pavor del 11-S.Hay otro en estas latitudes, al frente de un "gobierno que desde el principio del proceso debió hacerse a un lado y no participar de manera indirecta en la promoción de candidato alguno" (editorial de EL UNIVERSAL 20/04/06), de cuya ignorancia no hay que ofrecer pruebas y cuya incapacidad para dirigir la política del país debe callarse por decoro. Ampara la sucia campaña del PAN, con métodos calcados de Berlusconi. Dirigentes y candidatos no poseen la riqueza televisiva del italiano, pero contarán incondicionalmente con el duopolio gracias a la aprobación de la ley Televisa. ¡Tal ignominia nunca hubieran imaginado los fundadores del PAN; bueno, ni siquiera los inocentes adherentes!
Son jerarcas de la conducción política a base del terror y productos de la segunda generación neoliberal. Del espécimen italiano se liberaron los electores de Romano Prodi. Triunfemos sobre esos jerarcas, y tal vez ayudemos a que "al otro lado" de nuestra frontera sea desplazada la dinastía Bush.
Analista político, miembro del PRD
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