Inicio
Postales Políticas VirtualesGuía de AutoevaluaciónAdquiera nuestras publicaciones
Inicio arrow Textos Políticos arrow Epílogo. Hacia 2025. Felipe Calderón

Busqueda
Entrada al sistema





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
 
 
 
Epílogo. Hacia 2025. Felipe Calderón PDF Imprimir E-Mail

Esta mañana he tenido varios eventos maravillosos en TuxtIa Gutiérrez. Una reunión de miles de chiapanecos en el Polyforum de la capital, con la presencia de dirigentes indígenas de los Altos y de las Cañadas. Más tarde, la presentación de la propuesta sobre Desarrollo Sustentable, en el marco in¬mejorable del Cañón del Sumidero. Varios de los ambienta¬listas más reconocidos en la academia y en la sociedad civil avalan los lineamientos que propongo en la materia y a cuya discusión invito a los ciudadanos. Entre los firmantes están el doctor Mario Molina, premio Nóbel de química, orgullo¬samente mexicano, Gabriel Quadri, Hornero Aridjis...

De todas las propuestas que he formulado, por lo menos una diaria desde marzo y muchas ordenadas en diversos foros temá¬ticos, esta es quizá la que más me emociona y la que más me conecta con el México del futuro. Es vital, como aprendí de mi padre hace casi treinta años que cerremos las brechas que ponen en peligro a la humanidad. La brecha norte y sur, en¬tre ricos y pobres, y la brecha entre el hombre y la naturaleza. Ambas deben cerrarse y la paradoja es que deben cerrarse juntas. Cuidar la naturaleza debe generar ingresos que permitan a la gente superar la pobreza. La miseria es la principal depredadora de la naturaleza y en consecuencia es vital superar las condiciones de miseria para preservar la naturaleza. Quiero cerrar esas dos brechas.

La campaña va viento en popa. El primer debate del 25 de abril pasado me dio algunos puntos que me permitieron ponerme a la cabeza de la contienda electoral. Ahora, todas las encuestas de mayo me ubican como puntero en la con¬tienda electoral. La última de El Universal me da 4 puntos de ventaja después de haber estado hasta 10 puntos rezaga¬do hace dos meses. No puedo confiarme. Ordené al equipo que ignorara las encuestas y que asumiera que aún estábamos debajo. El triunfo debe ser holgado. Debo terminar estas notas para poder concentrarme de lleno en la recta final.

Me propongo aquí hacer tres ejercicios de imaginación pros¬pectiva. Uno en 2006, otro en 2012 y uno más en 2025. En el primero, imagino la noche del 2 de julio de 2006: ya ha trans¬currido la jornada electoral; a lo largo del día he tenido cono¬cimiento de cómo van las cosas y sé que he ganado. Pero la pregunta fundamental es si tengo o no la mayoría en el Con¬greso de la Unión. Me imagino los dos escenarios: el deseable, contar con la mayoría, y el probable, que no cuente con ella.

Lo primero que hago, desde luego, es congregar a mis seguidores, escucharlos, celebrar con ellos aquí, en la Ciudad de México, y de ser posible a lo largo de la noche, no sólo en el Ángel sino en alguna ciudad cercana.. .luego de la celebración voy a hablar a los mexicanos a través de los medios de comunicación para agradecerles su voto y para decirles que voy a corresponder a la confianza que han depositado en mí con trabajo y responsabilidad; que, como he dicho en la campaña, voy a conducir a México al futuro, pero para ello necesito el apoyo de todos, no sólo de quienes han votado hoy por mí, sino de aquellos que no votaron por un comprensible desencan¬to de la política e incluso de aquellos que votaron por otras opciones. Voy a construir los puentes necesarios con otras candidaturas y equipos de campaña, y en ese mensaje, la noche del día dos, voy a convocar a un gobierno de unidad nacional que pueda plantearse un proyecto de gran visión con indicadores claros, precisos y comprometidos: un proyecto que defina al México que anhelamos hacia el año 2025, pues sé que en dos décadas podemos transformar el rostro del país.

Voy a convocar a otros actores políticos no sólo a participar en mi administración, sino básicamente a integrar un gobierno de unidad nacional que tenga la mira puesta en el futuro. Invitaré a Andrés Manuel López Obrador, a Roberto Madrazo, a Roberto Campa, a Patricia Mercado y a los gru¬pos parlamentarios que los apoyan en el Congreso a que, a partir de la mañana del 3 de julio, iniciemos una ronda de negociaciones con miras a construir un gobierno de coalición. Como les dije a los electores, voy a ser un presidente con ma¬yoría a partir de los votos en las urnas y los asientos en el Congreso de la Unión, pero también de la negociación política y de la capacidad de comprender e incorporar a mi gobierno las prioridades de otros sectores y partidos.

Tal gobierno de coalición empezaría a trabajar con la premisa de lograr, entre julio y octubre, tres puntos fundamentales: Primero, instalar un acuerdo para definir un proyecto de gran visión para el país entre 2006 y 2025. Segundo, articular cuanto antes un programa de gobierno cuyos hilos conductores puedan incluirse en el primer proyecto de presupuesto de egresos que presentaré, de modo que en éste se jerarquicen adecuadamente las necesidades y prioridades nacionales. Tercero, asumir el compromiso de contar con una mayoría estable, legítima y construida de cara a los ciu¬dadanos que me permita gobernar con mayoría durante el sexenio, tanto en lo inmediato como luego de las siguientes elecciones intermedias.

En tanto llega ese día, he manifestado ya mi disposición a compartir la responsabilidad de gobernar siempre y cuando haya la voluntad política de encontrar esos acuerdos, de jerar¬quizar esas prioridades y de sumar los votos de manera esta¬ble y comprometida. También he enfatizado mi convicción deque el acuerdo medular acerca de las reglas del juego está dado después del proceso de transición democrática que México ha vivido y que no es letra muerta: ahí están las leyes, ahí están las autoridades, ahí está la libertad política. Es deseable que la construcción de puentes y puntos de coincidencia se dé desde ahora y que cualquiera que sea el resultado electo¬ral haya la capacidad, la madurez y la responsabilidad política, patriótica, de reconocer al ganador. Mi primer compromiso, y así lo he dicho siempre, es cumplir y hacer cumplir la ley, y el primer compromiso con la legalidad es respetar la volun¬tad de los ciudadanos; por ello es importante trabajar en las condiciones para que pueda darse un escenario constructivo a partir del 3 de julio.

Quien quiera ser presidente de México tiene que ganar los votos de los mexicanos. Claro que entiendo la tensión que rodea un proceso electoral, pero eso es normal en una democracia, y debe haber la capacidad política para conci¬liar y que prevalezca no la disputa por los votos sino la de¬finición de un proyecto de nación. En mi tierra se dice que "hay tiempo para echar cohetes y hay tiempo para recoger varas"; es evidente que estamos en el tiempo de echar co¬hetes, pero pasada la elección habrá que recoger varas: tra¬bajar rápida y políticamente para construir un régimen de unidad nacional.

El punto medular para fortalecer el entramado institucional del país es fortalecer la credibilidad ciudadana y la legitimidad democrática; la validez misma del triunfo electoral se apoya en tales factores. Tiene que ser una combinación de fir¬meza y fortaleza del gobierno con apertura y capacidad de diálogo y de negociación. He dicho durante mi campaña que tiene que haber mano firme y también "mano izquierda"; para los tiempos que vienen, la mano izquierda del presidente va a ser fundamental. De broma, he dicho en campaña que "para mano izquierda, qué mejor que un presidente zurdo", como yo.

Se requerirá de mucha sensibilidad y capacidad de acuerdo político para sumar voluntades en el interregno entre el 3 de julio y el primero de diciembre. Mi propósito será construir la unidad nacional sobre la base dela legitimidad democrática y lograr acuerdos sobre cómo establecer un Es¬tado de derecho vigente para los mexicanos y claro para el mundo, cómo recuperar la seguridad pública, cómo hacer que nuestra sociedad iguale oportunidades. Cómo conser¬var nuestro medio ambiente y cómo asegurar la rendición de cuentas puntuales a la ciudadanía desde la política y la representación.

Dentro de la gran problemática nacional, dentro de los múltiples frentes que hay ante un presidente, es imprescindible elegir las batallas y la secuencia de acción. No es siquiera coherente pretender actuar simultáneamente en todos los frentes. Sé que debo elegir mis batallas y mis prioridades, y estoy preparado para ello.

Imaginemos ahora el 2012. En mi último informe de gobier¬no hago un balance de seis años muy intensos. Hay, desde luego, enormes desafíos y retos por enfrentar, pero también evidentes logros que se pueden constatar. Resumo los prin¬cipales. Cuando asumí la Presidencia de la República había unos 50 millones de pobres y 22 millones en pobreza extre¬ma. Hoy hay 35 millones de pobres y 10 millones en pobreza extrema. Se ha librado una batalla frontal contra la inseguridad; se ha depurado el Ministerio Público y las policías federales, y hemos encontrado colaboración en algunos estados para depurar los cuerpos policíacos locales; tenemos una policía integrada por elementos de reconocida solvencia moral, que son respetados en sus comunidades y cuyo desempeño vigilan cotidianamente los ciudadanos; ganan un salario digno, son profesionales y saben que van a tener también un retiro digno; por ello hemos bajado los índices de delincuencia considerablemente.

México es un país de leyes, un país de plena certidumbre, no sólo en los niveles de convivencia sino en la vida económica. El flujo de inversión ha permitido que los últimos tres años hayan sido los de mayor crecimiento económico en la historia contemporánea del país. Por ello se ha cumplido la meta de crear un millón anual de empleos. El impulso a la construcción de vivienda fue un motor fundamental en los años más difíciles, y hoy llegamos a la meta de un millón de viviendas al año. Otro detonante económico ha sido el turismo. México es hoy más conocido en el mundo, y no sólo por sus destinos de sol y playa sino su riqueza cultural y natural; somos el sexto país más visitado del mundo y el sexto donde el turista pasa más tiempo y gasta más; con apoyo de los gobiernos de los estados hemos desarrollado el corredor turístico del noroeste, que ha convertido al Mar de Cortés en uno de los destinos más visitados y ahora crece en número de visitantes como la Riviera Maya, cuyo crecimiento pudimos ordenar y realizar sin daños al medio ambiente. De hecho el ecoturismo genera ahora casi tantos turistas como el sol y la playa. El agua que se utiliza en las ciudades y poblados mayores a mil habitantes es tratada y reutilizada. El 15% del territorio nacional y el 10% de la superficie marítima son áreas naturales protegidas. Hemos terminado los ejes carreteros troncales y longitudinales que México necesitaba. Hoy se puede transitar del Golfo al Pacífico y de una frontera a otra sin dificultades, sin pasar necesariamente por la Ciudad de México y a mucho menor costo. Los productos agrícolas de Sinaloa y de Sonora y las mercaderías que llegan por la

Cuenca Asia-Pacífico pueden transitar rápidamente y de manera segura hacia el sur de Texas, lo cual le ha dado un enor¬me potencial económico al país, lo mismo que el eje de Manzanillo hacia Altamira. Hemos logrado ganar cada vez más porción de mercado a través del canal seco, es decir, del canal transístmico carretero y ferrocarrilero que une los puertos de Salina Cruz y de Coatzacoalcos. Hemos construido una relación constructiva con Centro y Sudamérica. Costó trabajo rescatar el punto fronterizo entre Guatemala y México del deterioro social que implicaba la delincuencia y el control del narcotráfico -un punto que nunca habíamos querido reconocer-, pero hoy hemos hecho de la frontera entre Guatemala y México una frontera segura, con mucha mayor vigilancia aduanal, migratoria y con una severa vigilancia contra el tráfico de drogas. Es una frontera que le deja ingresos al país y abre oportunidades de trabajo y de vida digna y segura.

El programa Pro-árbol que establecí permitió reconver¬tir dos millones de hectáreas de zonas originalmente bosco¬sas o selváticas que se utilizaban para sembrar maíz y trigo en áreas boscosas y selváticas nuevamente. Un millón y medio más de superficie ahora es ocupada por plantaciones forestales que permiten recuperar más rápido los acuíferos y crear un patrimonio a los ejidatarios y comuneros. Mediante un agresivo programa de competitividad energética, tributaria y de otros órdenes logramos que México se convirtiera en uno de los mayores exportadores de productos de consumo duradero. Los países con los que hemos venido compitiendo de tú a tú por los mercados, China, India, Vietnam y los de la anterior Europa del Este ahora también compran una gran variedad dé productos mexicanos, pues hemos aprovechado el crecimiento de sus propios mercados. Tenemos en consecuencia una de las mayores tasas de crecimiento de empleo formal.

Logramos finalmente un acuerdo migratorio en el que ayudó mucho cambiar la polarización en la relación México-Estados Unidos. Hicimos lo necesario para aprovechar principios de entendimiento y valores en común para implementar un acuerdo sobre trabajadores temporales que nos permitió abrir la puerta a un flujo migratorio mucho más ordenado y, sobre todo, a recuperar la confianza entre ambos países.

México está mejor que antes en términos de varios indi¬cadores. En 2006 México tenía el lugar 79 en el Foro Económico Mundial de Davos en términos de credibilidad, legalidad, Estado de derecho, independencia de los jueces, seguridad pública; hoy ocupa el lugar 35. Falta mucho por hacer pero evidentemente los pasos que hemos dado nos consolidan como una nación segura para vivir y para invertir, yeso nos ha ayudado a mejorar las condiciones de vida. Se ha reducido enormemente la tensión social, y podemos ofrecer oportunidades a nuestros jóvenes. Hemos sabido combinar la atención al interés nacional y a los intereses sectoriales, y por ello las prioridades de educación y salud se han cumplido: la cobertura médica ha alcanzado a todos los municipios del país y no existe entre los niños menores de diez años uno solo que no cuente con médico, medicinas y atención hospitalaria.

Quienes han leído hasta aquí han conocido buena parte de mi vida y de mi trayectoria política, y habrán constatado cómo se entrelazan; para terminar quiero hacer un último ejercicio de imaginación prospectiva donde nuevamente vida privada y trayectoria política se imbrican. El año es 2025, y yo tengo 63. Invito a mis hijos a comer con Margarita y conmigo (no sé si estén casados o no, eso no es relevante, lo importante es que sean felices), y en la sobremesa recordamos estos días. Conversamos largamente. Les cuento cómo los veía a mediados de abril de 2006, entusiasmados y preocupados porque su papá estaba compitiendo por la Presidencia, pintando en todas las paredes posibles. Les recuerdo el grito de guerra que Luis Felipe hizo en un momento en que quedó activado y sin vigilancia el micrófono de una plaza colmada en Tlaxcala el 5 de febrero de 2006: "¡Mi papá le va a ganar a Roberto Madrazo y le va a ganar a López Obrador!" El mismo que venía diciéndome a cuánta gente había convencido cada día de que votara por mí y yo insistiéndoles a todos en que no se preocuparan y se dedicaran a hacer su tarea. Recuerdo a mi hija María alentándome siempre: "¡Suerte, papi!", como me decía todos los días yen particular al momento de salir al primer debate. Recordamos a Juan Pablo, que de tres años de vida llevaba dos con su papá en campaña, enfrentándolo con alegría.

Lo que a mí me preocupaba es que mis hijos crecieran en una ciudad con 3.2 secuestros al día, que México se esta¬ba volviendo uno de los mayores consumidores de droga en el mundo, que había alta toxicidad en el aire que respirába¬mos; les estaría recordando que por eso de niños frecuentemente tenían problemas de salud. Les hablaría de cómo me preocupaba toda la miseria que había en el país, los niños que crecían sin papás, la gente que no tenía absolutamente nada, los campesinos que trabajaban duro y a final de cuentas no les quedaba nada. Les diría que me preocupaba el país que les iba a dejar y todo lo que hice en aquel tiempo no fue sólo por lo que aprendí de mi padre, sino por lo que aprendí de mis hijos; que para mí la política, desde una perspectiva de principios y de ideales, había sido como un oficio que aprendí de mi casa. También les diría que al igual que mi padre, nunca pretendería que mis hijos, por presión mía, tuvieran el mismo oficio, sino en todo caso esperaría que estuvieran satisfechos y orgullosos de mí, o cuando menos seguros de que .había actuado conforme a mis convicciones.

Y les expresaría mi contento porque ese día el monitoreo ciudadano (ejercido a través de todos los medios tecnológicos conocidos ahora y algunos que francamente no puedo imaginar) está al tanto de cuáles son los puntos de contaminación más graves y cuáles son los índices de delincuencia en ese momento (así como ahora se informa cuáles son las vías congestionadas de tráfico y se hacen sugerencias para evitarlas, también se sabe cuáles son los puntos peligrosos y la delincuencia está bajo control). Que me da gusto saber que las plantas de tratamiento de aguas negras finalmente están reestableciendo los mantos acuíferos y la Ciudad de México ha terminado de crecer. Que me alegra que alguno de ellos haya decidido irse a vivir a Morelia, en nuestras raíces. Me alegra que México sea un país seguro, que rompió el mito de que América Latina estaba condenada al subdesarrollo. Que con los nuevos desarrollos urbanos en la costa del Pacífico, en zonas con tierra yagua suficientes, está equilibrándose la población nacional. Que estoy satisfecho porque sigo trabajando como consultor para empresas, personas, gobiernos, en temas jurídicos, económicos y de administración pública. Recordaría también que uno de mis mayores satisfactores es haber podido echar a andar una plantación forestal en la zona oriente del estado de México, justo donde el deterioro ambiental y la miseria son mayores. Que estoy contento, que veo un México distinto gracias al enorme esfuerzo que hicimos como familia desde el 2004 hasta el 2012. Les diré que estoy agradecido. Les preguntaré cómo va su vida y les diré que todo lo he hecho porque los amo enormemente. Sé que lo saben pero he aprendido que los seres humanos debemos recordárnoslo una y otra vez. Les daré un abrazo y les recordaré el mismo consejo que me dieron y no deben olvidar nunca, el consejo que espero para entonces haya cumplido a cabalidad y con creces: la tarea medular del hombre es ser feliz. Les diré que yo lo soy, porque he vivido con intensidad haciendo lo que debo hacer. Y que espero que ellos vivan también su vida intensamente y que sean felices.

Campaña presidencial, México, mayo de 2006.

Tomado de Felipe Calderón. El Hijo Desobediente. Notas en campaña. México. Aguilar. Nuevo Siglo. 163 pp.

 
< Anterior   Siguiente >
 
   
     

 
 
© 2008 INEP Internet para el profesional de la política
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.