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Memoria Política de México

Madero y Pino Suárez son aprehendidos en Palacio Nacional

Madero y Pino Suárez son aprehendidos en Palacio Nacional por Aureliano Blanquet dentro del periodo de la llamada "Decena Trágica". Huerta lleva a Blanquet ante Madero "para ofrecerle sus respetos ", pero al llegar a Palacio, ordena a un grupo de oficiales y soldados que suban las escaleras y aprehendan al presidente y a sus colaboradores. 18 Feb 1913 Leer mas

Cuéllar Mireya. Los Panistas. Prólogo de Soledad Loaeza PDF Imprimir E-Mail

Los panistas es una obra que ilumina uno de los ángulos más ricos del cambio po­lítico mexicano ocurrido en el último cuarto de siglo: el surgimiento de una nueva elite que ha sustituido parcialmente algunas franjas de la elite del Partido Revolu­cionario Institucional, PRI. Los panistas representan una proporción importante de los nuevos integrantes del personal político, que se han sumado a quienes por la vía de otras formaciones, en particular el Partido de la Revolución Democrática, PRO, han ampliado y diversificado este universo. Más que un diccionario biográ­fico, este volumen ofrece tanto un retrato como una radiografía del panismo recien­te, de su composición interna y de sus entretelas, porque también da cuenta de al­gunos de sus momentos más difíciles, de las corrientes y de los grupos que se han formado en su seno; rastrea relaciones familiares y de amistad, así como los víncu­los entre el PAN y otras organizaciones cuya identidad o actividades habían sido hasta esta publicación materia sólo de especulación.

Este trabajo de un grupo de periodistas profesionales y escrupulosos es de enor­me utilidad para entender una de las transformaciones más sobresalientes que ex­perimentó el sistema político mexicano a partir del último tercio del siglo XX: la for­mación de un nuevo grupo de poder político que los triunfos electorales del Partido Acción Nacional han llevado al poder. Este fenómeno puso fin al monopolio que durante décadas ejerció el PRI sobre el reclutamiento de legisladores, funcionarios y políticos. El poder, en el fondo tan temido y en cierta forma aborrecido por el ala católica de los fundadores de Acción Nacional, ha nutrido la formación de un cuer­po de militantes, dirigentes, legisladores, ideólogos y gobernantes distinto al que en el pasado dominó el escenario nacional desde el PRI, o desde la amplia y diver­sa izquierda militante que fue durante décadas el interlocutor o el adversario privilegiado del poder.

Así, al tiempo que desde mediados de los años ochenta el PAN se abría camino en comicios municipales y estatales, hacían su aparición en la vida pública caras y nombres novedosos. Como lo revelan las fichas biográficas que contiene este vo­lumen, algunos de ellos eran conocidos en las cúpulas empresariales, otros más en las organizaciones industriales o de productores agrícolas y de ganaderos, o se habían labrado una posición en el mundo del activismo católico, de los servicios y en el de las profesiones liberales. Muchos eran notables locales: maestros, forma­dores de opinión, líderes de sus comunidades en el ámbito estatal, pero eran per­fectos desconocidos en la política federal dominada por los priístas y por los acti­vistas de izquierda. Su ascenso al poder modificó de manera radical la fisonomía de la elite política. Desde esta perspectiva la expropiación de la banca que el pre­sidente López Portillo decretó en septiembre de 1982 constituye el punto de arran­que de esta clase política salida de las filas de la pequeña y mediana empresa, de las capitales de los estados y de las organizaciones de la militancia católica. Su re­acción de protesta fue la chispa que encendió la movilización electoral que desman­telaría gradualmente el virtual monopolio priísta. 1982 fue un parteaguas también en la historia del mismo PAN, pues las características de sus dirigencias y militan­cia tradicionales quedaron sepultadas por el empuje del nuevo panismo, del cual Manuel J. Clouthier es el representante más conspicuo y paradigmático. A 15 años de distancia, su experiencia como candidato presidencial en 1988 puede ser vista como el inicio de la metamoforsis del partido de Manuel Gómez Morin en el parti­do de Vicente Fox.

Los materiales que con tanto esmero reúne Los panistas nos ofrecen claves de interpretación y reconstrucción del rostro de los políticos primerizos que en los años ochenta emprendieron la ofensiva contra el autoritarismo priísta, desde las fran­jas más conservadoras de las nuevas clases mexicanas, mismas que mal que bien se beneficiaron de las políticas populistas primero, y liberalizadoras después, de los cuatro últimos gobiernos del PRI. Después de la conquista de la Presidencia de la República estos mismos grupos, en alianza con grandes capitalistas, han asumido las riendas del gobierno y muy probablemente seguirán participando en la conduc­ción del país en el siglo XXI desde el Poder Legislativo y en los ejecutivos federal y estatales. Así será porque muchos son los indicios de que, por lo menos a mediano plazo, la política de partidos llegó a México para quedarse.

Un mejor conocimiento de los panistas, como el que aquí se nos ofrece, nos ayu­dará a profundizar nuestra comprensión del cambio político y a descifrar algunos de sus aspectos más enigmáticos, pero también nos ayudará a entender mejor ha­cia dónde quieren ir Los panistas y hacia dónde quieren llevarnos. De ahí la impor­tancia de que sepamos quiénes son, de dónde vienen, qué tan distintos son de los gobernantes del pasado y de sus adversarios del presente y del futuro.

Históricamente uno de los sellos más reconocibles del cambio político es la sus­titución de las elites de poder; en México ese proceso ha transcurrido con el mis­mo gradualismo con que se desmanteló el autoritarismo: a golpe de reformas elec­torales y de comicios competitivos, movilizaciones, presiones, pero sobre todo de negociaciones e intercambios entre los protagonistas. La relativa suavidad con que procedieron estos cambios nos ha hecho perder de vista el verdadero alcance de estos instrumentos. Sin embargo, pocos se atreverán a negar el efecto de la presencia en el poder de políticos y funcionarios provenientes de tradiciones ideológicas distintas, si no es que antagónicas, a las que gobernaron el país durante déca­das. A pesar de que el proyecto ideológico no es discernible con claridad, las con­secuencias del arribo de una nueva elite son palpables en los estilos de hacer po­lítica, en las prioridades de la agenda pública, en el discurso del poder. Es muy probable que todo ello tenga un impacto duradero sobre nuestra cultura política, desplazando o añadiendo nuevas creencias, mitos diferentes, símbolos, valores y leyendas distintos a los prevalecientes durante el predominio del PRI. Gracias a que Los panistas contiene tanto datos biográficos como referencias a momentos signi­ficativos en la vida del PAN, a conflictos o dilemas que el partido enfrentó sobre todo en el último tercio del siglo XX, podemos hacernos una buena composición de los personajes y de la fuerza política que están hoy en el poder.

La infomación que contiene este volumen incluye también a los llamados pa­ nístas históricos, desde los fundadores hasta los diputados de los tiempos más di­Ílclles .de la travesía del desierto; asimismo se incluyen detalladas biografías y re­ferencias de los presidentes de la transición del partido, que le permitió dejar de ser una oposición testimonial para convertirse en una auténtica alternativa de poder. Sin embargo, como es natural, el grueso de la información se refiere a quie­nes serían conocidos como los neo-panistas, que hoy en día representan la abru­madora mayoría. Como se dijo antes, Los panistas nos ofrece el perfil del nuevo Partido Acción Nacional, que empezó a formarse en las batallas electorales de los años ochenta.

Una consulta rápida a Los panistas permite comprobar que la elite monolítica y homogénea del pasado, formada mayoritariamente en la Universidad Nacional Au­tónoma de México, UNAM, y en el Distrito Federal, y cuya carrera se desenvolvía exclusivamente entre los muros del PRI, ha tenido que abrir paso a nuevos políti­cos cuyo cursus honorum es radicalmente distinto. Ahora la precisión obliga a que se hable de las elites políticas mexicanas. Sus integrantes tienen en común la profe­sión, el terreno de competencia, una relación con algún partido; pero, más allá de estos rasgos generales, muchas son las diferencias particulares que las separan. Uno de los primeros datos que llaman la atención es de orden demográfico. A primera vista sobresale la relativa juventud de la mayoría de Los panistas de hoy, sobre todo si se les compara con los dirigentes y militantes del PRI y del PRD. Un importante porcentaje de la elite panista nació a finales de los cincuenta y principios de los sesenta; no son pocos los nacidos en los años setenta. Esta característica replica la del electorado panista que se concentra en los grupos más jóvenes, entre 21 y 35 años, a diferencia de los electorados de los otros dos grandes partidos.

Una segunda característica distintiva de la elite panista es de orden educativo. En este aspecto el cambio político produjo una discontinuidad notable en el patrón de formación profesional de la elite gobernante. Por ejemplo, una proporción muy alta de los panistas -regidores, presidentes municipales, diputados locales, fede­rales, gobernadores, miembros de la dirigencia partidista- se formó en alguno de los campus del Tecnológico de Monterrey; otro porcentaje importante estudió en universidades estatales, algunas de ellas privadas. Son muy pocos aquellos que estudiaron en la UNAM, entre ellos están los de mayor edad; ni siquiera la Escue­la Libre de Derecho, que en el pasado era el centro predilecto de formación de los abogados panistas, ha podido resistir el empuje de las instituciones privadas. La Universidad Iberoamericana, la Universidad Anáhuac, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la Universidad Panamericana, fueron los centros de formación de esta nueva elite mexicana.

La tecnocracia del PRI que se enorgullecía de ostentar grados académicos de las mejores universidades de Estados Unidos o de Europa, ha sido desplazada por mandos medios de empresas trasnacionales establecidas en México, abogados li­tigantes, militantes de organizaciones católicas, cuya formación profesional es en la mayoría de los casos de una modesta medianía. Muchos han buscado mejorar su currículum académico con maestrías y diplomados en el Instituto Panamericana de Alta Dirección de Empresas, IPADE, en el ITAM y en la Iberoamericana, pero son contados los que completaron su formación en alguna institución de elite de Esta­dos Unidos, de Gran Bretaña o de Francia. En Europa el país de preferencia de Los panistas es España, inclinación que refleja la creciente relación entre el PAN y el Partido Popular, para no mencionar organizaciones o universidades católicas tam­bién españolas.

El desplazamiento de las instituciones públicas nacionales en las que tradicio­nalmente se formaba la elite política se ha acentuado por efecto del ascenso de las regiones en los equilibrios políticos generales del país: a diferencia de lo que ocu­rría en el pasado, la capital de la república ha dejado de ser la meca de los aspi­rantes a políticos. La mayoría de Los panistas que están hoy en día en el poder ini­ciaron su carrera pública en un gobierno municipal, en el Congreso local o en el gobierno estatal. Esta tendencia empieza a imponerse en los otros dos grandes par­tidos nacionales. El ascenso de los políticos locales a la política nacional explica que la descentralización administrativa sea una de las batallas más apasionadas que han emprendido Los panistas en el poder. Este dato es también una clave de las tensiones que caracterizan las relaciones entre el gobierno federal y los estados desde hace más de 15 años, así como de la creciente dificultad del gobierno federal para hacer valer la primacía que en el pasado consagraba los desequilibrios del federalismo.

Estas son sólo pequeñas muestras de la riqueza de esta obra de referencia, la cual está dirigida a un público general, a los ciudadanos que desean estar mejor infor­mados antes de emitir su voto; desde luego, sus destinatarios también son los ob­servadores de la política mexicana, al igual que los miembros de otros partidos que deben y querrán conocer mejor a su adversario. La información que aporta es tam­bién muy valiosa para los especialistas. El conocimiento en las ciencias sociales procede por acumulación; numerosos trabajos de sociología, de ciencia política, de historia se apoyan en obras originales como ésta, que son de mucho agradecer porque ofrecen información primaria y documental. El valor de este libro estriba también en que en sus páginas se encuentran muchas claves para entender el cam­bio que ocurrió, y el que viene.

 
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