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2025 Mar 30 Al borde del precipicio. Rafael Álvarez Cordero.

Los males se multiplican cada día: la inseguridad está incontrolable, cualquiera puede morir al salir de su casa, incluso dentro de ella.
Para don Olegario, visionario y buen amigo, por todo.
Los acontecimientos de los últimos días y semanas han sido analizados por los expertos en política, economía, salud y seguridad, y todos coinciden en que nunca antes el país había estado en una situación tan grave, sin que se vislumbre un cambio positivo en todos los aspectos de la gobernanza, y consideran que el cúmulo de problemas, aunado a las amenazas del presidente de Estados Unidos, pueden llevar al país literalmente al precipicio político, económico, sanitario y de seguridad que afectará directamente a toda la población.

Nuestro país ha transitado por diversos tiempos de crisis, conflictos, guerras, etcétera, y en los últimos sexenios, al final del siglo XX, había consolidado una sociedad diversa, pero respetuosa de la Constitución, protectora de los ciudadanos, y defensora de los principios y valores de una sociedad moderna. Faltaba todavía la consolidación de una sociedad creativa, productiva y feliz, pero íbamos en el camino correcto.

Pero después de dos alternancias en el gobierno, surgió de pronto un individuo cuya misión fue destruir todo lo que México había construido en decenios. Nadie puede explicar los objetivos que lo alentaban, no era el socialismo, no era el comunismo, no era una nueva visión política, era simplemente el oscuro deseo de destruir todo lo que se había construido, de hacer el mal por hacer el mal.

Los psicólogos y los analistas políticos no pueden entender por qué sus primeras acciones como Presidente fueron de destrucción: el nuevo aeropuerto cancelado, destrucción; el Seguro Popular eliminado, destrucción, la selva de Yucatán aniquilada, destrucción, el Poder Judicial eliminado.

Y lo que siguió durante el sexenio es digno de un relato macabro: la violación sistemática de las leyes, la democracia, el respeto a los ciudadanos, la vida misma. Año tras año negó que hubiera delitos y delincuentes, negó las muertes, los secuestros y las desapariciones, siempre tuvo “otros datos” que ocultaron sus miles de mentiras. Se rio, insultó y despreció a sus detractores y a todo el que pusiera en tela de juicio sus decisiones. Su estupidez le llevó a enemistarse con España, y su mendacidad lo alió con Cuba y Venezuela.

Todo esto, estimado lector, se ha multiplicado en esos seis meses que tiene la nueva administración; la señora Presidenta no hace sino tratar de obedecer al que ya se fue, pero sigue dirigiendo la hecatombe, en la que participan sin vergüenza alguna los y las diputados idiotas que avalan el fuero de un sujeto despreciable y corrupto, Cuauhtémoc Blanco.

Y los males se multiplican cada día: la inseguridad está incontrolable, cualquiera puede morir al salir de su casa, incluso dentro de ella, las cifras de muertos, desaparecidos, secuestrados sigue subiendo, a pesar del esfuerzo de Omar García Harfuch.

Y el descubrimiento de centros de exterminio, negado primero y luego alterado por las autoridades para que los buscadores no encontraran nada, es la manifestación más clara de que estamos al borde de un precipicio como nunca antes.

No quiero continuar con la descripción de la sevicia, maldad, corrupción, engaños y mentiras del gobierno, creo que los mexicanos debemos alzar la voz de la manera más contundente para detener la aniquilación de todo lo que son valores y principios de los ciudadanos.

Ya hay movimientos en este sentido, todos deberemos participar para exigir por todos los medios que todo cambie, que resurja el respeto a la ley, la defensa de los derechos humanos, y el trabajo productivo de los mexicanos.

Sí se puede.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tomado de: Excélsior