La Presidenta prioriza su proyecto político, no la unidad nacional; su discurso de ayer refuerza dudas sobre si gobierna para todos o sólo para sus aliados.
Para su h. servidor, un Informe anual presidencial, en este y en cualquier otro país democrático (si es que todavía lo somos), debe contener cuando menos tres elementos:
1.- Debe inspirar confianza.
2.- Debe aportar certeza.
3.- Debe generar ESPERANZA.
Así como al inicio de cada año, como individuos, nos formulamos propósitos -que normalmente son pendientes o promesas de superación hechas a uno mismo-, un Gobierno debe buscar la RENOVACIÓN.
El servicio público, en general, es un área de la actividad humana que provoca más problemas diversos que casi cualquier otra.
Adivinarán que nos referimos al Primer Informe de la Presidenta Sheinbaum, celebrado ayer.
Lo anterior demuestra que es vital que quien encabeza esta organización gubernamental cimiente con sus ciudadanos un vínculo de confianza, es decir, dejar claro que GOBERNANDO PARA TODOS esta institución será congruente en el hecho con lo dicho, y que nunca traicionará a los ciudadanos y velará siempre por sus intereses.
La CERTEZA viene por el lado jurídico, que es establecer que en el País existe UNA sola regla de juego y que ésta se respeta de manera absoluta: todos deben ser iguales ante la ley, y ésta debe ser la misma para todos.
El imperio de la ley consiste en una sólida cimentación uniforme y no un terreno de arenas movedizas en las que los juzgadores actúan por CAPRICHO o consigna, y en que la palabra final la dicta la letra de la ley, no una interpretación facciosa o tendenciosa.
Hablamos también de infundir o generar esperanza: es imperativo para la buena marcha de cualquier nación -especialmente México- que los ciudadanos abracen la idea fundamental de que los TIEMPOS FUTUROS SERÁN MEJORES.
Es decir, que en el presente se implementan los CAMBIOS necesarios para hacer de México un país mejor.
Para ello, lógicamente, requerimos de un Gobierno capaz de realizar las modificaciones necesarias que coadyuven a sentar las bases para lograr un mejor nivel de vida de la ciudadanía.
Muchas cosas nos faltan actualmente en este nuestro México.
Carecemos de SEGURIDAD y la VIOLENCIA sacude numerosas zonas del País sin que los diversos planes gubernamentales anunciados para contrarrestar esta situación parezcan tener efecto positivo sostenido y generalizado.
Nos hace falta un MAYOR crecimiento ECONÓMICO: no podemos afirmar estar contentos con míseros incrementos anuales en nuestro PIB menores al UNO por ciento.
No cuando en épocas de los denostados “neoliberales”, logramos crecer hasta el 6 por ciento en ciertos periodos, lo que puso a México a la par de las economías más exitosas del mundo.
Para esto es preciso -algunos dirán que incluso urgente- reducir la BUROCRACIA y la “burocratitis” que abruma a nuestra ciudadanía.
La tramititis y los diversos obstáculos -absurdos en muchos casos- que acechan al ciudadano para realizar gestiones ante el Gobierno generan una inmensa pérdida de horas-hombre.
Esto nos conduce a la ineficiencia y a la improductividad, dos cosas que marchan en sentido contrario a la productividad y al crecimiento económico.
Tiempo es ya de que eliminemos las prohibiciones que inhiben el crecimiento, como las que le dictan a la inversión privada dónde puede invertir o dónde no, cómo y cuánto.
Con estos parámetros, a nuestro juicio, debe medirse el Primer Informe de Gobierno de la Presidenta Sheinbaum.
Lo que dijo, lo dijo en buen tono -su estilo usual- y, por lo general, evitó las agresiones a los que nos acostumbró su antecesor.
Pero lo que debe resultarnos más importante no son las palabras, sino los HECHOS.
¿Qué prometió cambiar? Quizá para los oficialistas, miembros de su partido, sea importante consolidar el “segundo piso” de la “Cuarta Transformación”.
Pero cuando menos la MITAD de la población de México ni se suscribe ni aprueba la ideología predominante, cuyas tendencias son autoritarias y gremiales.
¿La Presidenta Sheinbaum gobierna para todos o sólo para sus correligionarios?
Razones sobran para dudar de lo primero, y los dichos de ayer no conforman la excepción ni motivan a la esperanza.
Tomado de: Reforma