Portal politico ciudadano

En vez de invertir en infraestructura y empleos, gran parte del Presupuesto se malgasta en los negocios encargados a las Fuerzas Armadas.
Traemos los mexicanos muchas distracciones, aparte de las personales, el escenario político y económico nacional está dando mucho de qué hablar. Aunque se justifique el motivo de la distracción, debemos poner atención a lo importante: la comida, el techo y la salud.

Sin EMPLEO no pueden darse las condiciones básicas para una vida digna. En este sentido, han sonado FUERTE -cuando menos- DOS SEÑALES DE ALARMA en materia económica que, a su vez, son indicadores de graves problemas subyacentes.

En Estados Unidos se ha desplomado la creación de empleos y en México andamos peor: estamos perdiendo empleos más o menos al mismo ritmo que durante la crisis financiera de 2008, y PEOR también que en 2022, durante la crisis del Covid. Crisis que, gracias a los dos López (Gatell y Obrador), se manejó con singular torpeza, agravando una de por sí seria situación.

Si continúa esta tendencia en ambos países, entraremos en recesión causada por una nula o débil demanda -aquí y allá- en un ambiente generalizado de alta inflación. Ante este panorama, el “Plan México” que tanto cacaraquean los oficialistas y sus corifeos equivale a un chocho para curar un cáncer etapa IV.

Aquí es donde entra en juego el Presupuesto Federal 2026: el presupuesto de los subsidios y de la obstinación en aplicar impuestos que fomentan el contrabando. A estas alturas, ya deberían haberse dado cuenta los genios de Hacienda y sus patrones de la burocracia económica de que, cuando les suben los impuestos a los refrescos, al tabaco o a los cigarros, no recaudan más, pero sí generan enormes oportunidades para los contrabandistas.

Denunciado está que, desde Centro y Sudamérica, entran a México millones de paquetes de cigarrillos que se venden SIN EL IMPUESTO creado por Hacienda. Lo mismo sucede con los alcoholes y los refrescos... ¡y con el huachicol!

Mientras haya diferencial de precios en productos equivalentes, generado por el hambre tributaria de la Hacienda Pública, se crea un estímulo para buscar la forma de EVADIR tales impuestos. De ahí el huachicol fiscal y toda la redituable -pero ilícita- actividad del contrabando y los mercados negros. De hecho, esto ya aconteció cuando el Gobierno del Einstein de Palenque prohibió los “vapeadores”: se creó un mercado negro.

Sintiéndose inventores del hilo negro, los genios de Hacienda decidieron crear nuevas leyes para “endurecer” las aduanas y evitar el contrabando. ¡Qué ingenuos! Esto lo hacen justo cuando se destapa una CLOACA de corrupción en cuando menos DOS aduanas marítimas, en operaciones de huachicol fiscal bajo una bien armada RED de complicidades entre la Marina y burócratas.

Además de no servir para nada, las leyes aduaneras que se van a reformar CASTIGAN IGUAL A INOCENTES QUE PECADORES. Operan bajo la premisa ANTICONSTITUCIONAL de que todo mundo es culpable hasta que pruebe su inocencia. Ello ocurre cuando consideran igual de culpable a un transportista cuyos servicios contrata un tercero que, sin que nadie lo sepa, comete un ilícito con mercancía que importa o vende.

El actual Gobierno arrastra un enorme problema de corrupción en las aduanas, mismas que están bajo control militar sin rendir cuentas a nadie. Pero en vez de atender el problema central, le sacan la vuelta reformando leyes, prestándose a generar más corrupción.

Da coraje ver cómo el Presupuesto Federal se dilapida en MILES DE MILLONES DE PESOS en SUBSIDIOS para la operación de negocios encargados indebidamente a las Fuerzas Armadas. Esto en lugar de INVERTIR en infraestructura y apoyos para ESTIMULAR el crecimiento y la CREACIÓN DE EMPLEOS formales y bien remunerados.

Motiva a la indignación que este dinero en subsidios lo “gasten” los militares sin rendir cuentas a nadie. Desde el sexenio pasado el morador de “La Chingada”, por decreto, les tendió un manto de opacidad a las actividades de estos señores, quesque por “razones de seguridad”. Y en el caso de los marinos Farías, ¿exactamente cómo contribuyeron a nuestra “seguridad”?

 

 

 

 

 

Tomado de: Reforma