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El mitin en el Zócalo exhibe a una Presidenta sometida a López Obrador, populista y demagoga, que celebra la erosión de los derechos ciudadanos.
De todos los engaños, el peor es el autoengaño. El Zocaliptíco evento de ayer organizado por la Presidenta, ¿qué probó? Que se desvían fondos públicos para acarrear gente que le sirva de escenario a la Presidenta. ¿Era necesario tanto boato para “informar”? ¡Por supuesto que no!

De forma nada sutil, tal pareciera que todo el gasto de dinero público en autoalabanzas y pleitesía al antecesor cumple el mismo propósito que los encuentros de Nuremberg que Goebbels organizaba a Adolfo H. Da la impresión de que la señora aprovechó el acarreo masivo para darle teatro a una limpia: a lo de La Barredora y a lo del huachicol. Ello ante la sombra de los hijos del ex Presidente, que parece fungir como actual Presidente.

Huele a que su padrino jaló sus hilos -aún conectados- ordenándole: “Tienes que hacer esto”. Solícita, todo indica que obedeció. Pero, como decíamos, el engaño no convence: se toma en un intento de autoengaño, en la mentira repetida muchas veces para ver si se vuelve verdad.

Nos exhiben desde afuera: el huachicol fiscal de los Almirantes Farías lo destaparon los norteamericanos, y en la encuerada que le dieron a La Barredora también contribuyeran los vecinos del Norte. No duden ustedes, amables lectores, que toda futura revelación tenga su origen en inteligencia -y presión- norteamericana. De manera que resulta inútil absolver a priori, sin investigación alguna, a personajes como el líder de los Senadores morenistas, Adán Augusto López, “hermano” del ex Presidente.

Horrible, completamente reprochable y PUNIBLE fue la delincuencia orquestada presuntamente por el “Comandante H”: nada la borrará de la psique de quienes la padecieron, y ahora de todos quienes la conocemos. ¡Castigable es y no defendible!

Imposible resulta que se nos olvide: eximir al “bróder” perjudica y no salva a nadie. Lo único que logra es tomar en cómplices a los inocentes y en encubridores a quienes deben destapar -y limpiar- la cloaca

¿Acaso creen nuestros gobernantes que es posible esfumar las percepciones globales que ya se tienen de la 4T en el mundo, ante reportajes como el recién publicado por el prestigiado New York Times? Por supuesto que no, ni el intento vale la pena ¡Y menos aun cuando el evento de ayer en el Zócalo se realiza con dinero del pueblo!, dinero que pudo haberse utilizado para comprar medicinas, distribuirlas, reparar o construir escuelas, mejorar puertos y aeropuertos.

Respetamos a la Presidenta, pero estamos convencidos de que equivoca su misión al realizar eventos de acarreados con dinero del pueblo. Equivale a declararse populista y demagoga, sobre todo cuando ese evento resulta ser, además, la celebración de la revocación de los derechos ciudadanos plasmada en la nueva Ley de Amparo, promovida por ella misma ¡Con la pretensión de hacerla retroactiva!

Esto, para luego hacemos a los ciudadanos “el favor” de recordar que las leyes no pueden ser retroactivas de acuerdo con el mandato constitucional. Se supone que con ello debemos quedar contentos y dar de brincos; claro, mientras olvidamos todos los otros derechos ciudadanos que elimina o restringe.

Conforme pasan los días, cuando menos dos cosas resultan evidentes:
1. El control que ejerce el Mesías Macuspeño sobre el actual Gobierno parece ser total.
2. Éste avanza cada día más profundo por el sendero del autoritarismo, sin que se asome en la Presidenta la mínima resistencia a la eliminación de los derechos
ciudadanos.

En los dichos se califica a sí misma como “demócrata”, pero en los hechos se ha convertido ya, con base en todas las modificaciones legales que ha realizado en su corta estancia en la Presidencia, en una gobernante totalitaria. Una que antepone los intereses de su partido y de sus miembros de alto perfil POR ENCIMA de los intereses ciudadanos, de los intereses supremos de México, así como de sus leyes y costumbres.

Afirma combatir la corrupción de dicho, pero en los hechos parece solaparla, al tiempo que extiende las alas protectoras de la Presidencia para amparar a delincuentes que no merecen protección; y como cereza en el pastel, realiza un mitin de acarreados pagados con dinero del erario para celebrar lo incelebrable.

 

 

 

 

 

Tomado de: Reforma