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Según LaPalombara, la corrupción es uno de los patrones más constantes de la actividad política y no se circunscribe a los países subdesarrollados, como señalan algunos autores, sino en todo el mundo, muchas de las inmensas fortunas acumuladas por las dinastías familiares no pueden explicarse sin ninguna referencia a la corrupción en algún sentido.
Sin embargo, su estudio, por diversos motivos —falta de información, compromisos, sensacionalismo, etc. —, no ha merecido la atención sistemática de los especialistas de las ciencias sociales, además de que ofrece la dificultad básica de que trata siempre de ocultarse.

La “bustarella” en Italia, “mordida” en Latinoamérica, “baksheesh” en Asia, “dash” en Africa, “speed money” en la India, el “five-percenter” o “Payola” en los países anglosajones, denotan varias formas de corrupción en pequeña escala, que comparada con la corrupción en gran escala podría ser ejemplo de moralidad pública.

En las sociedades capitalistas existe un código moral doble para juzgar al sector público y al privado, respectivamente. Los intermediarios o “brokers” privados son respetados, en tanto que los públicos son considerados corruptos. En Estados Unidos, el más fuerte imperativo moral ha sido:

Sé grande, sé rico; si alguien lo logra dentro del sector privado es admirado y honorable, pero cuando lo hace en la esfera pública es corrupto. Lo que en el ámbito privado es utilidad o ganancia legítima, en el público es corrupción.

Por otra parte, la misma conducta puede ser considerada corrupta, según el tiempo y lugar, esto es, la corrupción se manifiesta dentro de un relativismo cultural; de modo que el nepotismo, el amiguismo, los regalos, etc., son considerados “buenos” o “malos” según los patrones culturales prevalecientes en distintas épocas y lugares.

En los sistemas patrimoniales el concepto de corrupción carece de sentido, pues si las esferas pública y privada no están separadas y no existen normas específicas ni responsabilidades públicas, no puede existir corrupción.

Genéricamente, la corrupción es el acto de tergiversar las normas sociales para acrecentar los intereses personales, en oposición a los intereses de la colectividad.

Para que exista corrupción deben presentarse los siguientes elementos:
a) Debe existir una separación entre lo privado y lo público, así como normas y responsabilidades para este último.
b) La corrupción no existe fuera de las instituciones y roles políticos, ni de los individuos que los ocupan. A menos que un elemento de la transacción establezca una oposición entre la esfera pública y la privada, no existe corrupción política.
c) Los funcionarios involucrados deben observar una conducta que viole las tareas y responsabilidades que les corresponden, para servir un fin privado propio, de familiares, amigos, organizaciones, o personas con las que tienen tratos. Esta conducta puede ser activa o pasiva (omisión).

De manera general, existe una correspondencia entre los tipos de corrupción, los niveles del gobierno en que se manifiesta la corrupción y la frecuencia y magnitud de la misma. Las corruptelas son un lugar común que ocurren a diario en los niveles más bajos del gobierno, pero a medida que el nivel es más alto, la corrupción es menos frecuente, aunque va creciendo en magnitud.

Por otro lado, la corrupción puede darse en distintas áreas, pero principalmente en:
a) La arena legislativa. Se presenta donde las legislaturas son fuertes y los legisladores influyentes; en cierto modo, el “cabildeo” (lobby) puede implicar corrupción.
b) La arena electoral. En aquellos países en los cuales, las elecciones pueden determinar que grupo manejará el poder: financiamiento de campañas, cohecho en las votaciones, la “machine politics” de los partidos controlados por un “boss” para seleccionar candidatos, determinar campañas, obtener nombramientos, etc.
c) La arena administrativa. Las propias estructuras y procesos de la burocracia, así como el manejo de la discrecionalidad, hacen de la administración un campo fértil para la corrupción. Aquí puede darse la “auto-corrupción”, esto es, la utilización de los puestos para beneficio propio o de los allegados. Se requiere un alto grado de moral y disciplina para no convertir la ventaja estructural en ganancia personal.

Los estados industriales modernos pretenden enfrentar la corrupción con una combinación de instrumentos legales (leyes, tribunales, cárceles, etc. ), organizacionales (contabilidad, auditoría, etc.), educativos y psicológicos (profesionalización, etcétera).

Es falso que las sociedades industrializadas manifiestan menores grados de corrupción que muchos países de América Latina, Asia y Africa. Por el contrario, la industrialización no termina con las formas anteriores de corrupción y sí crea muchas otras nuevas.

Finalmente, para algunos autores, existe una correlación entre la corrupción y el desarrollo de partidos competitivos fuertes, los cuales para sobrevivir requieren el uso y abuso de los puestos públicos; además, la corrupción hace a las estructuras e individuos menos rígidos, de manera que a menos que una élite y una población sean captadas por una ideología ascética, dogmática y disciplinante (maoísmo, castrismo, etc.), la corrupción parece ser el enfoque instrumental más pragmático para enfrentar los problemas y conflictos de la dirección social. JG

 

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