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Suele decirse: “Puede usted decir lo que desee, este es un país libre". Esta parece una idea obvia, que se explica por sí misma, pero la libertad es más compleja de lo que parece.
La libertad es un valor moral, no es solo una noción económica.

La frase Sapere aude! de Emanuel Kant resume la libertad moderna y significa atrévete a pensar!, además identifica el siglo de la ilustración. Dicha expresión resume el objeto de la educación que no es otro que preparar al individuo para que, al final del proceso, piense por sí mismo y no dependa de otros para decidir su vida.

El objeto de la educación es formar al hombre libre, emanciparlo del mundo de los instintos al que nació arraigado, dotarlo de capacidades para hacer juicios autónomos, estructurar su carácter, prepararlo para relacionarse con otros sin sacrificar su autonomía.

Esta libertad moral hace posible que la persona adopta o construya los valores éticos que habrán de ordenar su vida. Un valor asociado a la libertad es el diálogo Ubre entre iguales, que debería ser regla suprema en la relación maestro-alumno.

Ese proceso formativo es complejo, como complejas son las personalidades que se encuentran en el aula. La libertad, por definición, equivale a no coacción y, asimismo, implica responsabilidad. La no coacción es una condición propia de las sociedades democráticas y Ubres; en cambio es una condición ausente en las sociedades que viven bajo regímenes autoritarios.

Todo hombre libre debe ser responsable, sobre todo porque la sociedad para existir se dota de un sistema de reglas y valores que aseguran la convivencia. Por tanto, toda libertad es limitada y no puede ser absoluta. Las leyes limitan nuestra libertad, la autonomía de las demás personas limita también nuestra libertad.

La libertad se vive de distinta manera en sociedades democráticas y bajo regímenes opresivos. Bajo un régimen opresivo “no puedes decir lo que quieras”; en cambio, en un régimen democrático la libertad de expresión está garantizada, La libertad es también libertad de acción, pero no garantiza que tu acción se más o menos eficaz. Las virtudes del actor no son condiciones para el éxito de lo que hagamos o para su permisividad. Uno es libre de perseguir tales o cuales objetivos, en algunos casos esos objetivos se logran, en otros se fracasa. No hay certeza de lo que se hace se cumpla.

La libertad para hacer algo no solo implica falta de restricciones, también pueden faltar los recursos, dependiendo de las circunstancias. La libertad, en tanto autodeterminación, es también libertad de no hacer algo. La obligación de hacer algo, impuesta desde fuera, es un rasgo de opresión o autoritarismo social.

Un ser humano, por naturaleza, es la verdadera fuente de sus actos y pensamientos. Lo que gobierna al hombre son sus intenciones y propósitos. Dado que la intención personal está detrás de la acción, la acción es responsabilidad exclusiva del sujeto; desde luego, nadie es responsable de la conducta de otro.

Cada persona detenta un conjunto de derechos humanos, los cuales limitan también nuestra libertad. Lo mismo sucede con las buenas costumbres (el saludo, el caminar por la banqueta, etc.) que adoptamos voluntariamente.

La frase ¡Atrévete a pensar! corresponde al docente pronunciarla y al alumno acatarla. El docente juega aquí un papel de provocador que busca inducir en el alumno una conducta que considera positiva. El maestro es, dice Rodolfo Vázquez en Educar para pensar (2025): “un partero en el sentido más clásico y socrático del término, sin imposición de verdades absolutas, ni moralismos dogmáticos”. Por el contrario, el “no pensar”, o el no enseñar a pensar, como lo ha expresado claramente Hanna Arendt, puede traer consigo serios riesgos: Al sustraer a la gente de los peligros del examen crítico, se les enseña a adherirse inmediatamente a cualquiera de las reglas de conducta vigentes en una sociedad dada y en un momento dado”.

También es legítimo decir el estado de libertad define la situación, circunstancias o condiciones de quien no es esclavo, ni sujeto, ni impuesto al deseo de otros de forma coercitiva. Pero las circunstancias juegan un papel determinante, sobre todo las circunstancias sociales.

La pobreza y las carencias materiales impiden a los hombres ser realmente libres y, como reacción a eso, se ha formulado un liberalismo igualitario (John Rawls) que postula que la sociedad debe satisfacer las necesidades básicas de su población como condición insoslayable para alcanzar la verdadera libertad.

 

 

 

 

Tomado de: La Crónica de Hoy