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La gresca en el Congreso de la CDMX exhibe una política primitiva de acuerdos rotos, transparencia simulada y ¡violencia física!
Nos encontramos a escasa semana de la Noche Buena y se supone, según la tradición, que como sociedad todos -por supuesto incluido su servidor, quien en lo que queda del año procurará no transformarse en el Grinch de los “comentócratas”- adoptamos la buena onda navideña de “Paz en la Tierra”.

A juzgar por los hechos, el memo navideño no les llegó a algunas miembras de la Legislatura de la CDMX.

Así lo refleja el hecho de que, en plena época de posadas y villancicos, literalmente tres Diputadas se agarraron de las greñas en la tribuna de Donceles, dentro de lo que bien puede calificarse como una batalla campal que reventó la sesión.

Tan bochornoso suceso sienta un MAL EJEMPLO y un pésimo precedente en cuanto a civilidad política y convivencia pacífica en las Legislaturas entre todos los partidos representados en el Congreso de la CDMX.

Los hechos indican que quien desató la violencia, tirando golpes y luego tomando un puñado de greñas, fue la Diputada morenista Yuriri Ayala, quien se le aventó desde la tercera cuerda a la panista Daniela Álvarez, quien protestaba porque la aplanadora morenista cambió los términos de la creación del nuevo organismo que deberá garantizar la transparencia del Gobierno de la CDMX, tras la extinción del organismo independiente que tema esta función.

El acuerdo era que se formaría un organismo COLEGIADO y plural; la imposición de la aplanadora morenista erigía a UN burócrata que decidiera qué se debe transparentar y qué no.

La Diputada Álvarez tomó la tribuna en protesta y aseveró que no la dejaría hasta que Morena rectificara y se apegara al ACUERDO original.

Ahí fue donde Yuriri se abalanzó sobre Álvarez, a quien golpeó y tomó del cabello, y ya en la gresca intervino en defensa de Álvarez la Diputada Claudia Pérez, quien tomó la cabellera de Yuriri para defender a Álvarez.

Intervinieron algunos varones para separarlas -y preservar cabelleras-, por lo que tras la trifulca los morenistas abandonaron la sesión y se fueron a otra sede para aprobar lo que les viniera en gana.

Obvio que, debido a lo visto, sobre todo de parte de Yuriri “La Leona” Ayala, quien de la palabra pasó al ataque físico, nos percatamos que el nivel de política que tenemos en nuestro México Mágico resulta ser uno muy primitivo, un tanto rastrero.

Se carece de nivel, oficio, temperamento, tolerancia y -sobre todo- de argumentos con qué enfrentar reclamos.

Si acordaron una cosa y luego pretenden aprobar algo muy distinto, como mínimo deben justificar la falta al acuerdo y la ausencia de seriedad y de palabra.

Sobre todo en un tema muy serio como es la TRANSPARENCIA, elemento básico de cualquier democracia.

La democracia es un SISTEMA, una filosofía integrada por numerosos componentes, todos importantes, para hacer realidad los legítimos derechos de los ciudadanos, cuyo Gobierno debe reflejar su voluntad, ¡y no al revés!

Como lo interpretan -lamentablemente- muchos morenistas, belicosos y no belicosos, es adoptando las ideas tiránicas de los Maduros, los Ortegas y los Castro/Díaz-Canel, de que el ciudadano está para servir al Gobierno, quien tiene la primera y la última palabra en todo.

¡Nada de eso!, el ciudadano es la fuente del poder, los derechos le pertenecen a él, y al Gobierno le corresponden responsabilidades, como RESPETAR Y HACER respetar la Ley.

Esto no se logra borrando la obligación de transparentar los actos de Gobierno, sobre todo la disposición de los recursos, encargando esto a un subalterno de un Subsecretario que responde al Secretario que lo puso y que, a su vez, resulta subordinado del Jefe -o Jefa- de Gobierno.

O sea que la transparencia en la CDMX será letra muerta, pues los encargados de garantizarla serán juez y parte, algo reñido con los más básicos principios democráticos.

Como el cangrejo, retrocedemos en el nivel de política que practicamos, no sólo en el fondo, sino ahora incluso en la FORMA.

En lugar de con argumentos, ahora pretenden dirimir diferencias ¡AGARRADAS DE LA GREÑA, literalmente!

¡Mal, muy mal! Ojalá y tan indigno acto para el recinto de Donceles acarree repercusiones para la agresora y, de pasada, para quien conduce la aplanadora imparable de los morenistas, que si no atropella, aplasta.

 

 

 

 

 

Tomado de: Reforma