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Morena tiene el poder para hacer cualquier reforma electoral; buscará cómo quedarse con el gobierno aun si ya no son populares.
Desde el triunfo de Sheinbaum, en América La­tina los electores han votado por gobiernos de dere­cha, salvo en el caso de Uruguay, donde gobernaba la derecha y ganó la izquierda. El ciudada­no se cansó de quienes estaban en el poder y no cumplieron lo prometido. Así es el ciclo de las democracias cuando funcionan.

Hay una excepción: Vene­zuela. El país está destruido, pe­ro Maduro se quedó en el poder tras un fraude electoral desca­rado: las actas de las casillas de votación muestran que la opo­sición ganó por mucho. No hay alternancia porque el voto ya no importa.

Se puede argumentar que Morena no es de izquierda: re­parte dinero en lugar de crear bienes públicos y le ha dado po­der al Ejército como nunca an­tes. Sin embargo, lo es en algo fundamental: su desconfianza hacia los empresarios; si ganan dinero, es porque sus utilidades son a costa de alguien. Es un mundo de suma cero. El Estado se debe imponer sobre el poder económico y es quien explota de forma exclusiva o dominante ciertos sectores productivos.

Esta visión explica que, cuando estas izquierdas gobier­nan durante mucho tiempo, ter­minan en crisis económicas pro­fundas. A pesar de ello, algunas se pueden sostener en el poder porque después de ganar la pri­mera elección van desmantelan­do el sistema democrático y los contrapesos por los que tanto pelearon.

AMLO y sus seguidores ar­gumentan que el triunfo de Cal­derón es una muestra del agandalle de la derecha. Pero más allá del debate sobre quién obtu­vo más votos, no hubo en ese se­xenio regresión democrática, si­no una profunda reforma electo­ral para responder a las críticas de AMLO.

No es que la derecha sea

más democrática, sino que la izquierda es una oposición más competente para frenar al go­bierno y por tanto la derecha no puede quedarse con todo el po­der, como lo ha hecho la izquier­da en Venezuela, en Nicaragua, hasta hace muy poco en Bolivia, y ahora en México. La excepción es Bukele en El Salvador.

Sheinbaum no puede feli­citar a Corma Machado por su Premio Nobel. Las afinidades po­líticas e ideológicas con Maduro son mayores a su vocación de­mocrática, al contrario de las de Boric, el presidente saliente de Chile, crítico del fraude electoral venezolano.

Morena justifica de varias formas esta afinidad con regí­menes autoritarios: importa más la lucha contra el imperialismo que la voluntad democrática de los pueblos, la derecha es explo­tadora y gana elecciones enga­ñando. Usan argumentos simila­res (aunque no los hagan explíci­tos) para justificar la destrucción de las instituciones democráti­cas. Hay que ayudar al pueblo a que no se equivoque y evitar el ciclo democrático que parte de tener reglas del juego equitativas.

Este es el último eslabón en la estrategia morenista. Lo veremos el año entrante. Mo­rena tiene el poder para hacer cualquier reforma electoral y sus instintos son aprovechar el momento para quedarse con el gobierno incluso si dejan de ser populares. No les importa que, sin válvulas de escape demo­cráticas, los sistemas políticos se vuelven más frágiles. Creen que basta con mantenerse uni­dos en el mismo partido. La au­sencia de alternativas opositoras y el control sobre las elecciones ciertamente ayuda, pues salirse de Morena augura la derrota.

Este modelo enfrenta un gran reto. Trump desea una América gobernada por la de­recha y el fin de gobiernos co­mo los de Venezuela y Cuba. Sheinbaum tendrá que sortear la negociación del T-MEC a la par de querer seguir apoyándolos.

Falta ver el desenlace en Ve­nezuela. Si Maduro cae, en Cu­ba tendrán que poner sus barbas a remojar, aunque una interven­ción militar en Venezuela puede llevar a un ciclo antiimperialista que en el pasado ha dado gasoli­na a los gobiernos de izquierda. Si Maduro sobrevive, los vene­zolanos seguirán sufriendo, pe­ro será un respiro para sus co­rreligionarios; confirmarán que el ciclo en los regímenes au­toritarios es mucho más largo que el de las democracias.

 

 

 

 

 

Tomado de: Reforma