¿Hasta qué punto serán socavadas en este 2026 más certezas que creíamos inamovibles?
La Tierra tiene más de 4 mil 500 millones de años. Los Homo sapiens aparecimos en este planeta hace aproximadamente 300 mil años.
Dentro del universo las personas no representamos ni granos de arena y en algún tiempo desapareceremos como especie. Nuestras construcciones quedarán cubiertas por la naturaleza. Nuestros logros digitales, hasta los más sorprendentes que vendrán con la IA, se apagarán. Millones de años después lo que fuimos será engullido por un sol engrandecido.
Sin embargo, los seres humanos creemos que todo gira alrededor de nosotros y nuestros problemas. Una sensación entendible al considerar que vivimos en el primerísimo plano de un cuerpo sintiente y doliente.
En medio de un inicio de año vertiginoso, ¿cuántos no seguimos en una burbuja inafectada por los acontecimientos recientes? O parcialmente inafectada si contamos el tuit apoyador de la causa venezolana o la banderita de Ucrania en el perfil de X. Muchos niños asisten a la escuela con el miedo de pisar una mina terrestre que los vuele en pedazos, mientras otros van a clases como simples espectadores de la historia, una actividad que sucede lejos de donde están.
Quienes crecimos en los 80 y 90 le sugeríamos al maestro que al mundo le faltaba acción: está bien la caída del Muro de Berlín o la guerra de Irak, pero ni punto de comparación con las guerras mundiales o la conquista de México. Un deseo de emociones fuertes que sólo podía surgir de la tranquilidad de una vida de certezas. De habitar un entorno en el que creíamos que los avances y las victorias eran generalmente definitivos.
En los albores del 2026, nos damos cuenta que ni las cosas que juzgábamos más ancladas son para siempre. A nivel nacional e internacional vemos caer consensos de cómo se supone que funciona la humanidad.
Pensábamos que el libre comercio había llegado para quedarse y de un momento a otro los aranceles se apoderaron de las agendas gubernamentales. Creíamos que el expansionismo de las naciones era una manía de otro siglo, cuando en un tris las superpotencias demuestran que pueden tomar al país que gusten. Suponíamos que la ONU
mantendría a raya cualquier deseo imperialista y hoy descubrimos en las Naciones Unidas a un organismo inútil.
Estados Unidos, una nación ejemplo mundial, poseedora de la democracia más sólida del planeta, actualmente está a expensas de las rabietas y el humor de un adulto mayor con severos problemas de personalidad. ¿Quién diría que pocos años después de aquellos discursos inspiradores de Obama veríamos a las fuerzas del orden gringo atacar a sus ciudadanos? El "Yes, we can” pasó de ser un grito de esperanza a un llamado al abuso de poder: "Yes, we can invade the world”.
Un comportamiento temerario del país más poderoso del mundo que pone a temblar a cualquiera, especialmente a sus vecinos mexicanos. Liderados por una Presidenta que sufre los trancazos del hombre naranja para ella después desquitarse con los suyos.
Abundan las quejas desde la 4T en contra del presidencialismo exacerbado de Trump y su talante antidemocrático, sin querer darse cuenta que ellos entran perfectamente en esa misma tendencia autocrática. Los ataques en contra de la oposición y los medios de comunicación, el intento de controlar el Poder Judicial, el no aceptar las derrotas electorales, la nula autocrítica.
Es un hecho que Trump podría ser el hermano perdido de Morena. Sólo que cualquiera prefiere ser gato que ratón, jefe que subordinado. La Presidenta se molesta de la majadería de Donald, de sus llamadas intempestivas dando órdenes y de sus actos unilaterales, pero si su partido los ejecuta no tiene problema.
Se avecina un 2026 que pondrá a prueba al mundo. ¿Hasta qué punto serán socavadas nuevas certezas que creíamos inamovibles? Al ver a los agentes del ICE peleando con ciudadanos en las calles norteamericanas o al presenciar la toma del INE por la 4T, es inevitable preguntarse cómo será analizada esta época en el futuro.
Ni todo el poderío de Trump o las manipulaciones a los libros de historia por parte del régimen morenista impedirán que el tiempo los juzgue sin consideraciones.
Tomado de: Reforma