Nos mortifica, y mucho, estimados lectores, ver a nuestra Presidenta tan aferrada a la obsolescencia del comunismo y a la defensa acérrima de tiranos violadores de los derechos humanos.
Nos preocupa porque los mexicanos NO SIMPATIZAMOS ni apoyamos a la dictadura comunista en Cuba; nuestra solidaridad es con el oprimido pueblo cubano, nunca con los tiranos asesinos que lo someten.
Nuestra Presidenta no tiene derecho -si de veras es la Presidenta de todos- apuntalar, ayudar sostener con el DINERO de los mexicanos a la dictadura que ha hecho pomada la que antes era "La Perla del Caribe", enviando ayuda alimentaria y petrolera que no llegará a los cubanos, sino que sólo servirá para sostener a los tiranos que someten a su pueblo y que Estados Unidos pretende remover con un cambio de régimen.
Va, pues, la señora Sheinbaum a contrapelo con nuestros vecinos, pero además pasando por alto que sus conciudadanos también requieren alimentos, medicinas, energéticos, enseres y apoyos.
¿Qué derecho tiene a anteponer los intereses tiránicos de la dictadura cubana a los supremos y primarios intereses de los propios mexicanos? ¡Ninguno!
Tampoco tiene nada de qué enorgullecerse al prometer que a los panfletos indoctrinadores que pasan por "libros de texto" en este México tan cuatroteado "no les cambiarán nada", sólo agregarán referencias de algunas mujeres.
O sea, dejarán intacta la visión comunistoide, antiyanqui, anticapitalista y anti-democrática, carente de ciencia, escasa en matemáticas, plagada de errores, que en ellos insertó el tal Marx Arriaga (que en su nombre lleva la infamia): una visión del mundo obsoleta y retrógrada que en nada prepara a nuestra niñez para enfrentar exitosamente el mundo moderno.
Siendo ella misma científica, con estudios en la Universidad de Berkeley, nadie entiende la insistencia en HACER PROPIA LA BASURA, desechando los conocimientos útiles.
En suma, Claudia Sheinbaum defiende a la dictadura cubana, se alinea con ella y la ayuda con el dinero de todos los mexicanos, le da la espalda al oprimido pueblo cubano para recibir el aplauso del repugnante represor cubano Díaz-Canel.
Al mismo tiempo, hace suya la BAZOFIA educativa que pretende imponer Marx Arriaga, insubordinado soberbio ex funcionario de la SEP, que hasta ayer en la tarde se rehusaba a dejar sus oficinas, pese a haber sido destituido y REEMPLAZADO.
Por cierto -y de pasada agregamos algo que tampoco entendemos-, en el CV de la nueva titular de la Dirección General de Materiales Educativos, Nadia López García, destaca como mérito el ser "indígena".
TODOS –o casi todos- los habitantes de México somos indígenas, eso no nos califica ni nos descalifica para ningún puesto, ni acrecienta o disminuye nuestra capacidad para desempeñarlo.
Esta misma cualidad le imputó la cuatrotería al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar (sí, a ése que, como buen indígena -según ellos-, sus subalternos le limpian hincados las botas).
Independientemente de ser o no ser indígena, el tema, en lo que a la Suprema Corte se refiere, ES EL CONOCIMIENTO y la experiencia, no la supuesta etnia.
Carece por completo de sentido, pero sobre todo de BENEFICIO alguno para México y los mexicanos, entercarse con ayudar a la dictadura cubana justo cuando nuestros VECINOS están decididos a TUMBARLA para liberar al pueblo cubano, para que después de 67 años de la más atroz represión haya en Cuba ELECCIONES LIBRES.
O sea que el aferramiento comunistoide de la señora Presidenta no sólo OFENDE a los mexicanos -que nunca hemos simpatizado con la tiranía de los Castro/Díaz-Canel- sino que al mismo tiempo se le ATRAVIESA en el camino a la política exterior de Estados Unidos, que es nuestro principal socio comercial de quien dependemos para importar gasolina, granos, alimentos, tecnología, materias primas, divisas, turismo y demás.
¿Qué desea la señora? ¿Que nos pisotee el elefante? ¿Regresar a la Edad de Piedra?
Si sus decires son pose, es una muy, pero muy arriesgada, y si no lo es, se apegaría -junto con el tal Marx- a la regla atribuida al matemático, filósofo y escritor BERTRAND RUSSELL: "Quien a los veinte años no es comunista no tiene corazón; quien después de los veinte lo es, no tiene CEREBRO".
Tomado de: Reforma