Al gastar poco y mal en educación al eliminar las bases científicas en los libros de texto se arroja a México a la era de las tinieblas
En la historia moderna de México (y en la precedente) la educación ha sido un sector menospreciado en la política de gasto federal. La educación ha recibido un trato decreciente desde el año 2000, último año de Ernesto Zedillo, cuando el gasto educativo federal alcanzó el 23.9% como porcentaje del gasto total programable del gobierno federal.
A partir de ese sexenio, dicha participación de gasto educativo ha disminuido hasta alcanzar un mínimo de 14.5% en el último año de la administración de López Obrador una caída de casi 10 puntos porcentuales. Esa participación se ha recuperado ligeramente con el gobierno de Claudia Sheinbaum, que se espera que alcance el 15.8% en 2026. Sin embargo esta pequeña recuperación todavía está por debajo de los porcentajes de sus antecesores, gobiernos panistas y priistas, que, aunque decrecientes siempre se mantuvieron por encima del 17%.
La narrativa es todavía peor si la métrica es el porcentaje de participación del gasto educativo en el gasto social programable. Aquí el nivel máximo se alcanza en el sexenio de Ernesto Zedillo con un porcentaje de 44.8%. A partir de ahí se observa una caída constante durante los gobiernos siguientes alcanzando sus niveles más bajos en el último año de López Obrador y en el segundo de Claudia Sheinbaum con participaciones del 23.2% y 22.8% respectivamente. Todo esto a pesar de la retórica de todos los gobiernos de que la educación es prioritaria. Parafraseando el dicho en inglés, los gobernantes no han puesto el dinero donde está su boca ni han respaldado sus palabras con hechos. Además como si fuera poco, México, entre el grupo de los 38 países miembros de la OCDE -entre los cuales se encuentran Chile Colombia y Costa Rica- es el que menos gasta en educación. El gasto educativo acumulado por estudiante en México en todos los niveles escolares ascendió en 2022 a 3,053 dólares internacionales, frente a los 12,780 dólares internacionales (ajustados por el poder de compra) del promedio de la OCDE. Es una enorme brecha imposible de acortar en el corto o mediano plazo.
Además de ello, durante los dos gobiernos de Morena se ha efectuado una fuerte redistribución de recursos a favor de políticas clientelistas que, al entregar el dinero de manera abrumadora directamente a los padres de familia de los estudiantes más jóvenes a los estudiantes adultos o a los “NiNis”, debilitan fuertemente la capacidad institucional de las organizaciones y programas que ofrecen servicios educativos. Los programas beneficiados son las becas en sus diferentes modalidades y el programa. La Escuela es Nuestra. Esta retórica de justicia social, en realidad, ha encubierto una realidad: el daño a las instituciones que pretenden ofrecerla.
Para regar sobre mojado, los gobiernos de la 4T optaron por eliminar los mecanismos autónomos de evaluación de las políticas educativas a partir de los aprendizajes de los estudiantes, lo cual suena a una medida a modo, porque en el fondo saben la debilidad de sus reformas.
Como si esto no fuera suficiente, el gobierno de López Obrador, continuado por el de Claudia Sheinbaum, impuso un modelo curricular con libros de texto que ostensiblemente eliminan la ciencia de la educación escolar arrojando a todo México a un nuevo oscurantismo astutamente disfrazado con el nombre de Nueva Escuela Mexicana Al eliminar las bases científicas de la educación de la niñez y juventud mexicanas y sustituirlas por saberes de la comunidad por encima de las matemáticas y de la comprensión lectora al eliminar las capacidades de pensamiento crítico y creativo de los educandos y sus maestros y ordenarles un solo pensamiento crítico de emancipación, por válido que sea en la edad adulta; al reducir la calidad y cantidad de la formación de maestros; y al gastar poco y mal en educación se arroja a México al mundo de las eras de las tinieblas anteriores a Copérnico, Galileo, Kepler y Newton ordenando una sola verdad desde el pulpito divino de la silla presidencial.
La remoción del ex director general de Materiales Educativos de la SEP -con todo y las no creíbles alabanzas a su labor por parte de la presidenta Sheinbaum- junto con un titipuchal de reformas pedagógicas que la misma SEP había ordenado al irreverente funcionario da muestras de que quizá exista un pequeño haz de luz al final del oscurantismo mexicano. Dependerá de la presidenta Sheinbaum y de sus habilidades políticas si orienta a México por la vía de la ciencia o de plano lo hunde más en una nueva era escolástica y oscura.
El autor es investigador visitante de la Universidad Boston College
Tomado de: Reforma