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El boicot contra Díaz Ayuso y la expulsión de críticos del Zócalo retratan un gobierno intolerante y crecientemente autoritario.

Se podrá o no estar de acuerdo con lo que la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, piensa y dice, pero lo que es inmutable es que nadie tiene el derecho de IMPEDIRLE que lo diga. No se ha extinguido aún en México la libertad de expresión y de pensamiento. Independientemente de la persona, la INSTITUCIÓN que Díaz Ayuso representa merece respeto, sobre todo de parte de las autoridades del país anfitrión. Que no sólo no reciba este respeto, sino que además haya sido censurada -como ella misma lo denunció, señalando específicamente a la Presidenta Sheinbaum-, representa una merecida vergüenza para México, país que, según el Presidente Trump, es gobernado por el narco.

Son bienvenidos a México y festejados por nuestras autoridades tiranos de la calaña de Díaz-Canel, dictador de Cuba, y en su tiempo tipejos como Evo Morales y el preso en Estados Unidos por narcopresidente, Nicolás Maduro. ¿Pero a la democráticamente electa presidenta de la Comunidad de Madrid se le propina una patada en el trasero, y todo el clima de boicot la obliga a abandonar su gira amistosa en México y regresar a España porque a la Presidenta no le gusta lo que dice? ¡Vaya demócrata!

No es el caso de Díaz Ayuso la única muestra de censura e intolerancia a la libertad de expresión que hemos padecido los mexicanos en los últimos días. El Zócalo de la capital es para México lo que el Ágora era para Atenas: es de todos, es el corazón de la República y, por lo tanto, en él se puede manifestar, disentir y criticar a las autoridades. Esto era antes, porque hoy, bajo la cuatroté, el Zócalo pertenece sólo a quienes adulan a la Presidenta: quien la critique o disienta de ella es expulsado de ahí por “brigadas” de las autoridades citadinas, tal como sucedió con el grupo que desplegó una manta con una leyenda que aludía a la negativa de Sheinbaum a entregar al narcogobernador Rocha Moya, afirmando que protege a narcopolíticos.

La conclusión de los incidentes relatados arriba es que en el México de la cuatroté sólo hay libertad de expresión para quienes concuerden con sus ideas, nadie con pensamiento diferente puede expresarse de manera libre. Pensando en las elecciones de 2027, dentro de poco más de un año, ¿esto es lo que queremos los mexicanos? ¿Votamos por la censura, la intolerancia, la autocracia y las libertades conculcadas? ¿Todo por unas monedas?

Ahora bien, tras las reiteradas afirmaciones de Trump, de que en México gobiernan sólo los narcos, habrá que hacer un ejercicio: En México se dice que quien gobierna es el inquilino de “La Chingada”, en Palenque. Trump, por su parte, revela que en México gobierna el narco. Entonces, si A=B y B es igual a C, entonces A es también igual a C: cada quien saque sus conclusiones. Mientras, por el desempeño mismo que está mostrando nuestro maltrecho País -nulo crecimiento económico, déficit fiscal, una mayor DEUDA, creciente inflación, precio de la gasolina casi en 30 pesos el litro, ello cuando el Ayatola del Narcorán ofreció que la bajaría a 10 pesos-, no cabe la menor duda que la cuatroté no sabe gobernar.

Sabe grillar y acumular poder empleando todas las triquiñuelas posibles emanadas del manual de los tiranos, pero no posee ni ha mostrado, mucho menos implementado, un plan de gobierno congruente, confiable, moderno y visionario que le marque un rumbo ascendente a México, uno que no sólo eleve el nivel de vida de los ciudadanos, sino que concuerde con justicia, igualdad y seguridad. Hoy vivimos en un México en el que se aplica un juego de reglas laxas para los correligionarios de la Presidenta, y otras autoritarias a más no poder para el resto de la ciudadanía.

Para los Rocha Moya, acusados de gravísimos delitos, hay impunidad; para el ciudadano, el riesgo de ver sus cuentas bancarias congeladas SIN ORDEN JUDICIAL por la mera sospecha de un burócrata. Para narcodictadores como Maduro, la bienvenida; para líderes sociales como Díaz Ayuso, la censura a sus ideas. Adquiere entonces un nuevo significado aquella -casi ya inmortal- “felicitación” que le mandara la ex compañera del Ayatola, Beatriz Gutiérrez, a la Presidenta Sheinbaum: “inteligencia no le sobra”.

¡Pobre México, tan cerca de la ignominia y tan lejos del buen Gobierno!

 

 

 

Tomado de: Reforma