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Tras el desastre del Covid, preocupa que el gobierno vuelva a improvisar ante el riesgo de contagios con virus como el del ébola.
El ébola Bundibugyo del Congo (antes Zaire) es la variante menos conocida de las seis de este virus.

Los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de Atlanta confirman que hay una epidemia en ciernes de este virus hemorrágico cuyo origen es el Congo, nación que es y ha sido el epicentro del ébola de diferentes cepas, incluyendo la de Zaire -más conocida y diferente a la Bundibugyo-, cuya mortandad es extrema, pudiendo llegar hasta a un 90 por ciento de los contagiados.

No para alarmarlos, amigos lectores, sino sólo para informarlos, ya pronto estará en México una delegación del CONGO como avanzada de la Selección de ese país que jugará en México uno de sus partidos del Mundial.

Ustedes saben, tan bien como su h. servidor, lo MAL que manejó el Gobierno cuatrotero la epidemia del Covid; la combinación de los López (Obrador y Gatell) formuló una de las peores respuestas a esta pandemia.

El genio del Ayatola Macuspano creía que con una estampita y un “Detente” iba a frenar en México los contagios, mismos que acabaron matando un estimado de más de 300 mil personas, ya que en SALUD -como en PEMEX- maquillaron las cifras para hacerlas lucir menos peor.

El Secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, apareció antier en la mañanera con la Presidenta afirmando que ya México (Secretaría de Salud) está tomando medidas contra el ébola. ¿Acaso, por ejemplo, se apoyó y/o coordinó con los CDC norteamericanos? No, lo que hizo fue lanzar una alerta de viaje y una guía para el personal de salud, además de ofrecer incrementar la vigilancia epidemiológica.

No pretendemos ser alarmistas, pero al igual que con el Gatell de López, mucho nos tememos que México realmente no está preparado de manera alguna contra este peligrosísimo contagio. Más bien están con los dedos cruzados y esperanzados en que la FIFA tenga un plan de contingencia para lidiar con la presencia de los congoleses en México.

El contagio, como en muchos virus, se da fácilmente; a través de los cubiertos para comer, o por ejemplo, en un juego suelen los futbolistas golpearse o hasta escupirse: la saliva y el sudor llevan el virus y tienen el potencial de diezmar tanto a los huéspedes de un hotel como a la Selección de alguno de sus rivales en la cancha.

El periodo de incubación de este virus varía de dos días a tres semanas y el índice de mortalidad que pueda tener una epidemia depende de la pronta atención (para la cepa actual aún no se desarrollan vacunas) y de la aplicación de medicinas y cuidados adecuados.

Este virus ataca órganos vitales, causa hemorragias externas e internas que -cuando ya está avanzado- son imparables; como en todos los casos relacionados con virus como éste y el “hanta” (del que también hay brote), la clave es la respuesta pronta y la atención rápida y adecuada. Mucho nos tememos que, si en el sistema de salud mexicano con el IMSS no curan ni un catarro, un brote de ébola nos pondría rápidamente en apuros serios.

El Secretario en sí tiene fama de buen científico, pero con lo que NO cuenta es con los recursos ante las carencias extremas de nuestro sistema de salud (no hay medicinas, ¿recuerdan? ) y con la burrocracia inepta bajo su mando.

Aunque les duela el orgullo a nuestro cuatrotero y mitotero Gobierno, si de veras pretenden proteger a los mexicanos de un grave riesgo a su salud deben apoyarse en los CDC norteamericanos, coordinarse con el Gobierno de Trump y aplicar con RIGOR extremo PRUEBAS de comprobación de no contagio a cualquier persona que ingrese a México proveniente del continente africano.

Los síntomas del ébola inician de manera muy parecida a una gripe: dolor de cabeza, de garganta, etcétera. Por lo tanto, por ahora la única manera de nulificar los riesgos es aplicando a los visitantes potencialmente expuestos a este mortal contagio FILTROS epidemiológicos ANTES DE QUE SE LES PERMITA ENTRAR a México.

Entendemos todos que México desea ser un buen anfitrión, pero no corriendo el riesgo de poner en peligro la vida de los mexicanos y de quienes nos visitan de otros países que no conocen tan mortal enemigo como el virus del ébola. Apliquen estos señores (y señoras) la regla de oro: ¡es mejor PREVENIR que lamentar!

 

 

 

Tomado de: Reforma