Las candidaturas independientes pueden constituir un límite a la partidocracia, al monopolio de los partidos sobre las candidaturas, así como moderar las tendencias oligárquicas de la sociedad. Sin embargo, a nivel de los ejecutivos federales y estatales difícilmente podrían gobernar sin el apoyo de un partido; en los cargos legislativos y presidencias municipales podrían representar una valiosa renovación de las clases políticas desgastadas. En algunos países, a nivel local, las candidaturas independientes permiten que los ciudadanos decidan libremente sin la intermediación de los partidos.
En Estados Unidos buena parte de los cargos locales se deciden en elecciones no partidistas; allí, en 1974, la Suprema Corte de Justicia sostuvo que el Estado puede rechazar incluir en la boleta electoral a un candidato independiente si éste ha estado afiliado a un partido durante el año pasado anterior. De este modo, se evita que los perdedores en las elecciones primarias de un partido, se lancen como candidatos independientes en la elección general.
En México, ante la imposibilidad legal de candidaturas independientes, se ha intensificado la presencia de candidatos "ciudadanos" sin filiación partidista, pero apoyados por algún partido, generalmente de oposición. Se trata de líderes sociales, dirigentes de organismos no gubernamentales, artistas, deportistas, desertores de otras organizaciones políticas, empresarios e intelectuales, cuya fama pública o popularidad consideran los partidos que puede contribuir a ganar la elección. El riesgo de este tipo de candidatos es que, como ya ha sucedido, una vez alcanzado el triunfo, pueden romper con el partido que los nominó, hacerse "independientes" y aun pasarse a un partido contrario; además de que desalientan la militancia partidista. Son, en el fondo, una muestra de la debilidad de esos partidos. Pero el debate continúa.