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Aunque pregone su altísima popularidad, la presidenta Sheinbaum sabe que hay millones de ciudadanos decepcionados de su gobierno.
La presidenta Claudia Sheinbaum se la pasa, constantemente, metiendo la pata. Lo peor de todo es que parece no darse cuenta o, más bien, sus declaraciones y sus hechos no son para ella metidas de pata.

Ella ha de suponer que todo lo que dice y hace es perfecto, de allí que considere que las críticas vienen exclusivamente de la derecha conservadora y del que quiere que le “vaya mal a México”, ya que el que “apuesta en contra de México siempre le va a ir mal en la cancha, le va a ir mal en la vida. Quienes queremos a México nos va a ir bien en la vida, en la cancha y en la política”, comentó en la mañanera con cara de que es a ella a quien le está yendo mal en la vida política. Por más que pregone su altísima popularidad, en el fondo la científica sabe que hay millones de ciudadanos decepcionados de su gobierno.

A ver, ¿por qué se le ocurrió faltar al partido inaugural del Mundial 2026, siendo México el país anfitrión por tercera vez? De plano le sacó. Triste papel y mal ejemplo para millones de mujeres que confiábamos en la primera jefa de Estado de nuestro país. Es cierto, seguramente la hubieran abucheado por todas las metidas de pata que han cometido ella y su gabinete, perteneciente a la 4T. También yo la hubiera abucheado, como abucheé en su momento a Gustavo Díaz Ordaz, a Luis Echeverría, a De la Madrid, a Zedillo, a Felipe Calderón, a Enrique Peña Nieto y en especial a Andrés Manuel López Obrador. El acto de abuchear es una expresión de libertad, de protesta, es como liberarse de algo muy negativo. Yo abucheo, tu abucheas, ella y él abuchean, nosotros abucheamos para mostrarle al mundo que en nuestro país las cosas no van nada bien. Para demostrarle a todos los fans del fútbol que ya estamos hartos de mentiras, de corrupción, de las extorsiones, en especial, de los abusos de poder de la 4T. Al no asistir a un evento tan importante, Claudia Sheinbaum se hizo chiquita, chiquita. Se empequeñeció a tal grado que finalmente se esfumó. ¿Dónde estaba su temple, su seguridad en sí misma, su orgullo patriótico y su fuerza de mujer poderosa? Le sacó, se esfumó y lo que es peor, frente al mundo entero, quedó como una mandataria muy débil.

“Nosotros no necesitamos codearnos arriba”, declaró ridículamente en Colima como respuesta a las críticas por no asistir a la inauguración. Esta declaración es otra metida de pata. Para ella, que nunca ha pertenecido al pueblo, ¿quiénes son esa misteriosa entidad que ella llama “los de arriba”? ¿Los de “arriba” que vieron la inauguración de las gradas superiores del Estadio? ¿Los de arriba que necesitan de sus inversiones o los de arriba, que también son mexicanos? ¡Qué demagogia tan barata, tan estéril y tan engaña bobos! Claro, ella tan buena, generosa y cercana al pueblo, decidió regalar su boleto 001 a una joven originaria de Veracruz que le gusta el fútbol, quien finalmente no se sentó en la silla que hubiera ocupado la Presidenta, sino que los de FIFA la mandaron a un palco, con puros desconocidos. Otra metida de pata. “Lo que necesitamos es estar siempre con el pueblo, cerca del pueblo... Es que tenemos principios para gobernar... ".

¿Principios? Con toda la corrupción que se ha descubierto en la 4T. ¿Principios? Cuando este gobierno encubre a Rocha Moya a sabiendas de que es corrupto y que la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York lo acusa de conspiración para importar y distribuir fentanilo, lo acusan de corrupción institucional en favor de la facción Los Chapitos, del Cártel de Sinaloa, y lo acusan por presunto apoyo electoral ilícito en 2021. ¿Principios, con el huachicol fiscal? Es bien sabido que el combustible entra de manera aparentemente legal al país: los buques llegan a los puertos mexicanos, cargados de gasolina o diesel, pero la documentación oficial los registra como aditivos o lubricantes. Termina en gasolineras mexicanas que lo venden como producto legítimo.

Por si fuera poco, la doctora Claudia Sheinbaum es la típica “aguafiestas”: fría, metódica, no le gustan los discursos encendidos y menos los abrazos espontáneos, así lo ha demostrado varias veces.

¿Se acuerdan del famoso abrazo que le dio a fuerzas a Clara Brugada, captado durante el arranque de campaña en el Zócalo de la CDMX? No fue un abrazo, fue un verdadero forcejeo. El lenguaje corporal y facial de la Presidenta la traiciona constantemente.

 

 

 

Tomado de: Reforma