Pese al reciente incremento de los desequilibrios comerciales globales, destaca el hecho de que México haya mantenido en los últimos años un balance en cuenta corriente relativamente equilibrado. A primera vista, esto podría interpretarse como reflejo de fundamentos económicos sanos y de políticas acertadas.
Sin embargo, un análisis de los factores que lo explican lleva a concluir que se trata de una trampa de equilibrio de bajo nivel, es decir, un equilibrio macroeconómico que se autosostiene pero que implica un crecimiento potencial por debajo del deseable.
El balance en cuenta corriente representa la diferencia entre los ingresos y gastos del país en su conjunto. Como toda economía se compone de dos grandes agentes — el sector público y el sector privado — la cuenta corriente es simplemente la suma de sus balances: el balance fiscal, por un lado, y la diferencia entre ahorro e inversión privados, por el otro. Si el gobierno gasta más de lo que recauda, el déficit fiscal aumenta y, manteniéndose lo demás constante, la cuenta corriente se deteriora. A esto se le conoce como el fenómeno de los “déficits gemelos” — fiscal y externo.
El caso más claro es el de Estados Unidos, donde el déficit en cuenta corriente bordea el 4. 0% del PIB y el déficit fiscal ronda el 6. 0% del PIB. De la identidad macroeconómica se infiere que el sector privado tiene un superávit de apenas 2. 0% del PIB. De aquí se infiere que si Estados Unidos quiere reducir su déficit externo, necesita corregir su balance fiscal. Las políticas arancelarias del presidente Trump pueden tener efectos redistributivos de corto plazo entre socios comerciales, pero son esencialmente neutras sobre el desequilibrio externo agregado mientras no se corrija la brecha entre ingreso y gasto públicos. Un déficit externo de esa magnitud requiere financiamiento del resto del mundo, lo que incrementa la vulnerabilidad externa y se manifiesta en presión sobre el tipo de cambio y las tasas de interés.
La situación de México luce distinta. Entre 2021 y 2025, el déficit en cuenta corriente promedió apenas 0. 7% del PIB, cerrando 2025 en torno a 0. 5% — nivel que, lejos de generar vulnerabilidad, ha contribuido a cierta apreciación cambiaria y ha facilitado la acumulación de reservas internacionales. Y esto ocurre pese a que el déficit fiscal promedió 4. 6% del PIB en el mismo periodo. México, a diferencia de Estados Unidos, no padece el fenómeno de los déficits gemelos.
La razón es que el sector privado genera un superávit suficiente para financiar el déficit público sin recurrir al ahorro externo: las empresas y familias mexicanas ahorran más de lo que consumen o invierten. Este fenómeno responde a dos factores que frecuentemente se combinan. Por un lado, las elevadas tasas de interés que paga el gobierno crean un incentivo para prestarle en lugar de invertir productivamente —crowding out Por el otro, existen desincentivos estructurales derivados de la incertidumbre, un estado de derecho débil, mercados de crédito poco profundos y un clima de negocios deteriorado.
La distinción es crucial: si el superávit privado proviene de un alto nivel de ahorro, el equilibrio externo es sostenible y relativamente benigno. Pero si proviene de inversión insuficiente, el equilibrio externo se logra al costo de un crecimiento potencial deprimido. México tiene cuenta corriente equilibrada no porque sea una economía dinámica, sino porque su inversión privada es baja.
El escenario virtuoso sería el opuesto: una inversión privada vigorosa que redujera el superávit del sector privado y generara algún déficit externo, pero acompañado de mayor capacidad productiva y crecimiento potencial. Ese es el dilema central de México: si la inversión despega - impulsada por el nearshoring u otras fuerzas — la cuenta corriente podría deteriorarse, no porque algo salga mal, sino exactamente porque algo sale bien.
En síntesis: en México hay equilibrio externo porque la inversión privada es demasiado baja; en Estados Unidos hay déficit externo porque el gasto público es excesivo y la inversión privada, elevada. Son desequilibrios de naturaleza opuesta con implicaciones muy distintas para el crecimiento de largo plazo. México está en el lado correcto del desequilibrio global, pero por las razones equivocadas.
Tomado de: Reforma