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El FMI redujo su pronóstico para México y atribuye el menor crecimiento a la incertidumbre que pesa sobre la actividad económica nacional.

Brinca y brinca otra vez esta palabra en los reportes financieros sobre México: incertidumbre. En esta ocasión, la emplea el FMI para reducir sus perspectivas de crecimiento para nuestro País: cae del 1.6 por ciento a apenas 1.2 por ciento para el año en curso. La causa: la incertidumbre limita la actividad económica.
Doblemente lamentable resulta esta estimación a la baja debido a que el entorno nos sería normalmente favorable: el FMI estima que globalmente el crecimiento sea de alrededor del 3 por ciento anual y en Estados Unidos, nuestro principal socio comercial con el que parecemos empecinados en meternos en bronca abierta, calculan que será del 2.3 por ciento. Lo cual, en una economía del tamaño de la de nuestros vecinos, representaría en condiciones normales una oportunidad increíble para México.
Ante este panorama, nos parece por demás desafortunado que el Gobierno mexicano haya optado por una estrategia de confrontación con el país vecino sobre un tema mezquino en el que México -por lo menos moralmente- se encuentra del lado equivocado.
Esto es, defender a los 10 de Sinaloa, especialmente al Gobernador Rocha Moya -impuesto por el Ayatola de Palenque-, de las acusaciones de recibir financiamiento de los cárteles para sus campañas electorales a cambio de facilitar las actividades ilícitas de los criminales.
Esta “defensa” -que adicionalmente nos parece una total pérdida de tiempo- consiste en acusar a la Administración de Donald Trump de mentir, señalándola además de conducir actividades ilícitas en territorio nacional y -la más absurda de todas- de “colaborar con los cárteles”, ello porque supuestamente se pusieron de acuerdo con “Los Chapitos” para entregar a “El Mayo”.
Importante nos parece insertar esta ESTÉRIL pugna en el marco de la anulación de facto del T-MEC por un sistema ANUAL de revisiones, lo cual pone en las manos caprichosas de Trump el destino económico de México. De ahí que sea un tremendo error por parte de nuestro Gobierno jugar a las vencidas con EU y enfrascarnos en una guerra semántica sobre quiénes son “los mentirosos”, que un poco asemeja ese cuento del burro hablando de orejas.
Contrario a lo que se pudiera pensar de que esta disputa “no conduce a nada”, es lo opuesto; la pugna SÍ CONDUCE A ALGO: a peores escenarios financieros para el País, obstáculos reales para nuestras exportaciones hacia EU y una MAYOR INCERTIDUMBRE  en el escenario económico de México, elemento multicitado que LIMITA nuestro desarrollo y que equivale a un FRENO operando sobre nuestras condiciones.
Nos parece supremamente irracional pensar que PELEAR con Trump puede conducir a mejores oportunidades para México, como la de aprovechar el enorme crecimiento de la economía estadounidense. Dejaremos de ingresar decenas de miles de millones de dólares, directa e indirectamente, lo cual nos perjudicará doblemente: por un lado, nos impide crecer nuestra economía y, por otro, no poder acceder libremente al mercado norteamericano dañará de manera seria y onerosa a nuestra industria exportadora.
A diferencia de los Gobiernos, que toman decisiones irracionales porque se basan en criterios políticos, las empresas toman determinaciones perfectamente lógicas alineadas con su razón de ser. Ejemplo muy reciente lo acabamos de ver a manos del gigante japonés de la manufactura automotriz, Toyota.
Ante un entorno comercial complicado entre México y EU, tomó esta corporación la decisión de dejar de fabricar en nuestro territorio las unidades de su camioneta Tacoma para trasladarlas a la Unión Americana. Esto significa que México perderá empleos, divisas, la aportación a nuestra economía y los impuestos derivados de la actividad de Toyota.
Todo por -de nueva cuenta- la incertidumbre derivada de la falta de un T-MEC de largo plazo, los constantes roces de nuestro Gobierno con el de Estados Unidos por el tema del narcotráfico y la renuencia de las autoridades a cooperar plenamente con las de allá, sobre todo en cuanto a la NARCOPOLÍTICA.
Uno supondría que suprimir a los narcopolíticos y a los huachipolíticos sería una prioridad para el actual régimen, y por ello sorprende que no lo sea y que no sólo no los combata, sino que los defienda atravesando el futuro económico de México.
 
 
 

Tomado de: Reforma