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Al enfrentamiento con Trump se suma un deterioro fiscal que coloca a México en una posición económica cada vez más riesgosa y vulnerable.

Caminaban por la selva un par de compadres y el que iba enfrente, momentos antes de caer en un atolladero de arenas movedizas, le dice al otro: “¿Qué será esto que estoy pisando, compadre? ”. “¿Qué dijiste, compadre?, no te oí”, le responde el otro. “¡Glu, glu, glu! ”, se escucha. “¡Ya no traigo! ”, contesta el segundo. La moraleja obvia sería: ¡fíjate bien por dónde caminas!, pero también otra sería: ¡cuando estás hasta las pestañas en una ciénaga, mejor no abras la boca para quejarte!

Suerte la nuestra que ni caminamos por un pantano ni tampoco pertenecemos al Supremo Politburó cuatrotero, cuyos miembros traen el lodo hasta las pestañas. Veamos: por un lado, el pleito Gobierno a Gobierno con el Presidente Trump se ha recrudecido desde hace unas semanas. El más reciente tira-tira por parte de Trump y la respuesta de la señora Presidenta no puede clasificarse en categoría menor a “¡duro, durísimo! ”. Con este último intercambio resulta inconcebible que se pueda negociar Tratado alguno: en cada expresión de Trump, en cada post de su Truth Social, el veneno hacia México y su Presidenta se destila por cada poro: claramente se nota que hay encono, incluso desprecio.

Por la parte de México, aunque menos insultante, el mensaje es que EU se dedique a sus problemas, que deje de enviar armas a nuestro País y que el tráfico, venta y consumo de drogas en su territorio es problema de ellos. ¡Ah, y que respete nuestra soberanía!

Por sí solo este pleito, que se ha enconando cada día que pasa con los 10 de Sinaloa gozando de la protección de nuestras autoridades frente a las Cortes norteamericanas, sería suficiente para poner a sudar la gota gorda al más plantado. Pero si le agregamos OTROS factores que enfrentamos, también en el terreno económico, al tejabán que habitamos plagado de goteras lo amenaza un huracán categoría cinco. Sumemos, pues, los riesgos: una perspectiva casi nula de amarrar un nuevo acuerdo comercial, dado el malestar que la señora le ha provocado al inquilino de Mar-a-Lago y los insultos que han intercambiado. Lo cual se torna en negro presagio para la economía mexicana, pues peligran nuestras exportaciones, captación de divisas y desarrollo, así como la plataforma del EMPLEO. Añadamos números muy negativos respecto a la DEUDA total del Gobierno en relación con el PIB, pero más importante aún, la muy pobre recaudación.

El problema, como les decíamos, estriba en que los cuatroteros -que entienden muy poco de finanzas- han ELEVADO LA DEUDA del País de manera estrepitosa, llegando ya a representar el 54. 5 por ciento del PIB anual. El señor Secretario de Hacienda afirma que esto no está tan mal, pues andamos por debajo del techo aceptado en el Primer Mundo del 60 por ciento. “¡Glu, glu, glu! ”.

Este tope aplica sólo en países que RECAUDAN vía impuestos el 40 por ciento del PIB. En México, dada la economía informal que crece como enredadera, el defectuoso y leonino sistema fiscal que nos adorna, así como la evasión, recaudamos MENOS del 20 por ciento del PIB. Y mientras el Gobierno sigue gaste y gaste en pentontadas como los trenecitos CARISIMOS, operar una aerolínea, aeropuertos, diseñar y construir un auto eléctrico, subsidiar al Tren Maya, a PEMEX, a la CFE y repartir DÁDIVAS de dinero a 20 millones de votos comprados para su “movimiento”, pronto nos damos cuenta de que NO HAY DINERO que dure con este “tren de gastos”. De seguir como vamos, con estos proyectos imbecílicos colgando del erario, más los que se les ocurran, México sufrirá una DEGRADACIÓN en su deuda soberana por parte de las calificadoras. Esto presionará a nuestra moneda, colocará a México como un paria financiero, nadie le querrá prestar, pues habremos perdido nuestro grado de inversión.

En síntesis: caeremos como piedra en el seco pozo de la madre de todas las crisis financieras, con gobernantes que no sólo nos sumieron en esta fosa, sino que además no tendrán NI IDEA de cómo sacarnos. Creen que gastar y gastar el dinero público equivale a tirar de la cuerda que sube la cubeta, pero no: sólo hacen el pozo más hondo, pues no se percatan de que SU gasto corriente no genera inversión; es sólo eso: gasto improductivo y verdugo de la productividad.

De veras: ¡glu, glu, glu!

 

 

 

Tomado de: Reforma