Evitar que Rocha Moya regresara fue apenas el primer paso; falta entregar a los señalados y demostrar hechos que respalden las palabras.
Bonitas palabras pronunciaron tanto la Presidenta como el Secretario de Seguridad Harfuch ante la intentona de Rocha Moya de aferrarse al poder.
La Mandataria dijo que ningún interés personal va por encima del pueblo y de la nación, mientras que Harfuch, sonando presidencial ya, afirmó que “el poder y los cargos públicos son efímeros, pero nuestra responsabilidad no”.
Como suele suceder en los tinteros autoritarios, el tono del Presidente en tumo marca el son: así, legisladores -locales y federales- y el partido oficialista se unieron al reclamo generalizado a Rocha Moya solicitando que se esfumara y no provocara al tigre dormido.
Estados Unidos reclama su entrega para enfrentar la justicia norteamericana por colaborar con el Cártel de Sinaloa ¡y este zonzo intenta retomar el poder!
¡Se requiere mucha indejez o mucha osadía para no saber leer el momento!
Por ello, la Presidenta y su gente le tuvieron que recordar que calladito se mira más monito.
Aunque bien nos parecieron las palabras y los conceptos que enarboló la Mandatario como quiera es preciso señalar que DEJO LA CHAMBA A MEDIAS.
Cierto: impedir que Rocha Moya regresara a la Gubernatura -para presuntamente seguir dándole la mano al CDS en un Sinaloa devastado por la violencia y la criminalidad- minimizó lo que pudo haber sido una crisis de graves proporciones en nuestra relación con EU.
Mostró de esta manera sentido común y sensibilidad diplomática al evitar provocaciones.
No obstante, como les decíamos líneas arriba, impedir que regresara al poder (un poder al que llegó por imposición del Ayatola de “La Chingada” y que fue apoyado por “El Mayo” antes de la ruptura con “Los Chapitos”) si bien es bueno, no lo es todo.
El tipo sigue libre, nuestra FGR ya lo exoneró, no ha renunciado al puesto, sino que ha pedido una licencia “indefinida”.
La enchilada completa -que es la que quiere el Gobierno norteamericano- es que México le entregue a los DIEZ de Sinaloa (que son ocho, ya que dos se entregaron solos) y que DESPEJE los CARGOS públicos
del Gobierno de ese Estado que ostentan actualmente los rochistas que llegaron ahí para, desde el poder, ayudar a “La Chapiza”.
Nada, salvo una LIMPIA completa en Sinaloa, servirá para vindicar a la cuatroté y quitarle -en hechos, no en palabras- la etiqueta de narcopartido.
Las intenciones son buenas; las acciones que las sustentan son mejores.
Sobre este tema flotan en el ambiente muchas dudas y preguntas, dada la importancia del mismo.
Algo que ha sido muy comentado es la aseveración de la Presidenta en el sentido de que ella se enteró de las negras intenciones de Rocha Moya vía un tuit.
En ese caso habrá que lamentar que le haya otorgado tan escasa importancia tanto al paradero de Rocha Moya -objetivo prioritario de los Estados Unidos- como desconocer por completo sus intenciones.
Buscado como es, sujeto de un gran escándalo que le ha causado tremendo daño a la reputación e imagen del Gobierno actual, que Rocha Moya anduviese por “la libre” sin que la Presidenta, Gobernación, la FGR o la SSP estuvieran enterados denota un gran desinterés bordeando en lo irresponsable.
Una cosa es intentar mantener una cierta distancia del individuo, creación del Ayatola macuspeño, y otra no tenerlo agarrado con una correa muy corta, como cualquier hijo de vecino haría con un rottweiler malportado.
Por otra parte, creer que la Presidenta y sus principales colaboradores “no sabían nada” implica también creer que los sistemas de inteligencia del Gobierno en tomo a los casos más sonados -y que más han tensado la relación con EU- simplemente no funcionan.
Habría que darle crédito a la posibilidad de que no existan, de que si existen nadie los atiende, o de que consisten en dos latas conectadas por una hebra.
Como suele suceder en estos casos, muy probablemente la verdad se encuentre en una combinación de todas estas probabilidades.
Ninguna de las cuales, por cierto, sirve para tranquilizar a los ciudadanos de que nuestra seguridad y el bienestar de la nación mexicana se encuentran en “las mejores manos”.
Las preocupaciones, pues, en este México lindo y querido no se disipan: se incrementan con cada suceso inverosímil que se apila uno encima de otro.
¡Calló la música y Rochita se quedó sin SILLA!
Tomado de: Reforma