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La denominada 4T carga con una confusión deliberada. Parecía que ansiaban el desplante.
Hasta ahora, en México y para este gobierno federal, Rubén Rocha es inocente.
Y lo es Adán Augusto López y lo es Andrés Manuel López Beltrán.
A la Presidenta la han desafiado capos morenistas desde la campaña de 2024 hasta ahora. La fotografía del Zócalo del 9 de marzo de 2025, aquella donde todos los líderes le dan la espalda a la presidenta Claudia Sheinbaum, Andy incluido, no es una
selfie cualquiera. Es el dato.

La inesperada y desesperada irrupción de Rocha tiene que ver con ello. Son estertores de ese desprecio. Pero dividió a lo que denominan Movimiento. Las expresiones inmediatas de júbilo y desafío de morenistas reunidas alrededor del reto de Rocha contra Washington, no se hacían cargo del problema interno, del desafío contra la propia Sheinbaum. Parecía que ansiaban el desplante.

La denominada 4T carga con una confusión deliberada. Es Movimiento a la hora del pleito, es gobierno a la hora de la repartición de presupuesto, es partido a la hora de las candidaturas. Se ostenta como una sola estructura omnímoda y no le alcanza. El país no está para eso.

Rocha los puso en el diván. ¿Cómo se le responde: como Movimiento, como gobierno, como partido? La respuesta fue sencilla: con posteos de X. Los gobernadores que el 12 de agosto de 2024 apoyaron en un desplegado a Rocha “ante las mentiras y estigmatización de que ha sido objeto”, dos años después le pidieron en otro desplegado, con una firmeza ideológica incuestionable, “madurez y responsabilidad”. Varios de los firmantes con apremios: visas retiradas, acusaciones de corrupción, permisividad ante el huachicol. Rocha amigo, el espejo está contigo.

La misma Presidenta decidió que la mejor forma de reconvenir a Rocha era en las redes sociales tan estigmatizadas por sus enganches con “ecosistemas” diabólicos y perversos, pero tan necesarias a la hora de tirar línea.

La Presidenta está enojada, era el mensaje.

Lo que ahora vemos es una celebración de que, por fin, la Presidenta asume mando y pone quietos a sus retadores. Aunque lo que daña es a la cultura democrática. Qué bueno que se sacude a las rémoras. Vaya manera de festejarlo con el enaltecimiento del Presidencialismo con A.

La izquierda mexicana, la partidista y social, se sumó desde 1988 a un proceso de cambio que la catapultó de la testimonialidad a la alternativa de gobierno. Era una izquierda intensa, de debate, de propuesta, de imaginación política. Aceptaba disidencias y construía con ellas.

En 1988 decidió converger en un movimiento electoral encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas que después se constituyó en el Partido de la Revolución Democrática. Bajo esa institucionalización y fusión (izquierdistas y priistas) logró gobiernos y representaciones parlamentarias significativas pero bajo un liderazgo único, el de Cárdenas.

En el 2000 hubo cambio de estafeta no sin tensiones. AMLO desde la Jefatura de Gobierno de la CDMX, tomó el mando del Movimiento y del partido. Cárdenas no le compitió. Le respetó su lugar.

Durante un cuarto de siglo, AMLO fue la figura dirigente inapelable. Llegó a la Presidencia ampliando sus alianzas hasta con liderazgos despreciables.

Al dejar la Presidencia de la República, AMLO transfirió simbólicamente el mandato del “Movimiento”. Durante 36 años, la izquierda partidista estuvo bajo una égida de patriarcas, no más. Lo que diga mi dedito.

Se acabó la deliberación partidista. La disidencia fue estigmatizada.

Algunos no creyeron que al ganar la candidatura y la Presidencia de la República, Sheinbaum tomaba las riendas del “Movimiento”. El bastón de mando se lo entregaron en campo minado. Desde el 2024 la desafiaron desde el Congreso y desde las gubernaturas. Los escándalos le estallaron, todos incubados en el sexenio de AMLO.

Para obtener las reformas legislativas que al “Movimiento” le interesaban se aliaron con el Diablo. Y quienes le ofrendaron a Sheinbaum esa mayoría artificial eran sus retadores. Ahí los principios no contaron. Con Rocha, sí. Han sido demoledores. Es un traidor.

 

 

 

Tomado de: Reforma