La falta de nueva inversión extranjera revela que, mientras el Gobierno presume confianza, el dinero ya está votando con los pies.
Ben Franklin aseguraba que “un tonto y su dinero pronto serán separados”.
Tenemos, en los números recientes, comprobación de lo opuesto: los amos internacionales del dinero no son nada tontos.
Simplificaremos los números para no enredarnos en innumerables cifras:
1.- En el primer semestre del 2025, México registró nueva Inversión Extranjera Directa (IED) por 3 mil 543 millones de dólares.
2.- En 2026, igual en el primer semestre, la IED nueva fue de 2 mil 726 mdd: un 23 por ciento MENOS año con año.
Al mismo tiempo, se escuchan murmullos de que las calificadoras internacionales (Moody’s, Fitch y S&P) muestran preocupación por nuestra deuda soberana, considerando que ésta muestra los efectos de estar siendo sumergida en el abismo de la degradación por las constantes inyecciones infructuosas de capital por parte del Gobierno central.
En riesgo está México de que nuestra deuda externa caiga a categoría “chatarra”, es decir, que pierda su grado de inversión, con implicaciones económicas devastadoras.
No siendo la menor el hecho de que, lejos de generar CONFIANZA, el régimen está desatando la DESCONFIANZA... ¡y el dinero vota!
Agreguemos algunos otros “detalles”, como el que la firma del T-MEC está en riesgo, o que el huachicol (considerando las cantidades decomisadas en monto y frecuencia, que demuestran una ubicuidad y proliferación pasmosas) exhibe un SAQUEO monstruoso en detrimento tanto de los ingresos federales como de las precarias finanzas de Pemex.
Mientras, por falta de inversión por políticas retrógradas del primer y segundo piso de la “trastornación” -que no transformación-, la CFE se ha mutado en un ancla para el crecimiento, pues su capacidad para suministrar energía eléctrica a una economía boyante se encuentra ya al tope, no tanto en generación, sino en distribución: aunque quisiéramos crecer, no podríamos.
Fácil podríamos listar problemas que enfrenta el régimen en toda esta página y no acabaríamos; pero que sirva lo anterior como botón de muestra sobre los retos de la arquitecta del “segundo piso”.
Por lo anterior, por la violencia, la impunidad que fomenta la delincuencia, la tensión con EU, y el autoritarismo que ahoga el dinamismo económico y social de México, es que nos parece improcedente la gira de promoción electoral -disfrazada de Segundo Informe- que la Presidenta ha dicho que hará por todo el País.
Ello para decirle a los mexicanos -en sus palabras, copiadas letra por letra del sermón del Ayatola de “La Chingada”- que “VAMOS BIEN, MUY BIEN”.
Nos encontramos ante la falacia de pensar que un discurso o boletín presidencial es suficiente para alterar la realidad: creen que si ellos dicen que vamos bien, quedaremos convencidos de ello.
Hay sólo un problemita que se llama REALIDAD: o sea, la vivencia de la calle, hechos presenciales en la vida de cada ciudadano, eventos confrontados, confirmación factual.
Nadie mejor que el ciudadano mismo sabe exactamente cómo vamos, y si vamos bien o vamos mal.
Y justo es debido a ello que es contraproducente repiquetear campanas a mano propia de supuestos logros que, inexistentes o no, en nada cambian el statu quo.
La GIRA, entonces, no es más que un PRETEXTO para hacer campaña anticipada a favor de Morena: recorrer el País promoviendo al “movimiento” y a sus miembros, haciendo promesas, repasando las dádivas, presumiendo buenas intenciones disfrazadas de logros.
Será esta gira un banderazo de salida para las campañas del 2027, que el INE-Morena ni frena ni intenta frenar.
Le tienen los de la degeneración -perdón, regeneración- el mismo respeto a las reglas electorales, y a otras no menores, que el que le tiene un beodo al letrero de “No pisar el pasto”: ¡no lo pueden evitar!
La realidad sólo se mueve con hechos, con medidas concretas, medibles y hace caso omiso del rollo, el embuste y la simulación.
Estas gentes no gobiernan: se dedican a acaparar puestos públicos para desde ellos tomar más y más, y a la competencia no le ganan, sino que le impiden competir (como a Grecia Quiroz en Michoacán).
De lo que no se percatan es de que en el pecado llevan la penitencia: generar problemas, corrupción e impunidad, en lugar de erradicarlos, acabará por destruirlos, pues lo que logran no es hacer el bien, sino hacer proliferar el mal, y por ello el dinero vota por irse.
Tomado de: Reforma