[…] la dictadura de Díaz se caracterizará "por la centralización del poder, el uso de la fuerza, el fraude electoral, el sometimiento de la prensa, la economía de élite, la mentalidad racista, el desprecio por los de abajo y otros asuntos de fondo, pero también por crear la parafernalia que envuelve el ejercicio de la política en México hasta nuestros días". (López Obrador Andrés Manuel. El Neoporfirismo).
La prolongación de una férrea dictadura mediante reelecciones sucesivas sería funcional al saqueo depredatorio de los recursos naturales y de la explotación ilimitada de la mano de obra que en las siguientes décadas realizarían las corporaciones extranjeras, pues así ya no corrían el riesgo de la democracia ni de la renovación de los gobernantes.
[…] El régimen corrupto de Díaz estaba sustentado en el uso de información privilegiada, la privatización del quehacer político, la institucionalización de los conflictos de interés, la venta de influencia política e intermediación y arreglos quid pro quo. La modernización porfiriana reemplazó con rapidez el saqueo caótico y ocasional de los regímenes posteriores a la Independencia por el saqueo organizado y continuo, que al entrar en crisis puso en peligro la continuidad del sistema capitalista en su conjunto".
[…] Albert Camus, al aceptar el premio Nobel de Literatura, escribió: "los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si han de tomar partido en este mundo, sólo puede ser por una sociedad en la que, según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual. Por lo mismo, el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren". Este es también el deber del historiador humanista.
Los mejores legados de los gobernantes no son las obras materiales ni los monumentos. Tampoco el crecimiento económico per se. Son la libertad, la salud, la educación, el bienestar, el desarrollo humano, la felicidad de sus pueblos.
Quienes deben rendir homenaje al dictador en el centenario de su muerte, son los descendientes de esa casta porfiriana, no el pueblo en general, cuyos ascendientes padecieron en carne propia el amargo costo de esa "paz", ese "orden" y ese "progreso" impuestos por Porfirio Díaz.
