INTRODUCCIÓN
La desigualdad es una violación de la dignidad humana, una negación de la posibilidad de desarrollo de las capacidades humanas. Puede adoptar múltiples formas y tiene múltiples consecuencias: muerte prematura, mala salud, humillación, subyugación, discriminación, exclusión del conocimiento o de la vida social predominante, pobreza, impotencia, estrés, inseguridad, ansiedad, falta de confianza en uno mismo y de amor propio y exclusión de las oportunidades que ofrece la vida. La desigualdad, por tanto, no se relaciona exclusivamente con el tamaño de la billetera. Es un orden sociocultural que reduce nuestra capacidad (la de la mayoría de las personas) para funcionar como seres humanos, nuestra salud, la autoestima, nuestra percepción del propio yo, así como nuestros recursos para actuar y participar en el mundo.
Fuera del marco de la filosofía —que gracias a los trabajos del difunto John Rawls a partir de los años setenta ha mostrado un interés significativo en el tema—, pocos académicos han prestado atención a la desigualdad como plaga general de las sociedades humanas. Ricardo se preocupó por ella a comienzos del siglo XIX, pero desde entonces el interés de la economía por la distribución cayó en picado hasta hace poco. En los últimos años, se han publicado muchos trabajos económicos centrados casi exclusivamente en la desigualdad de renta y riqueza, lo que es comprensible dado el campo de estudio de esta ciencia. Los trabajos de Anthony Atkinson, Branko Milanovic y Thomas Piketty, entre otros, han ampliado enormemente el horizonte de nuestro conocimiento empírico.
La sociología clásica nunca se interesó por la desigualdad. Hasta mitad de la década de los sesenta, la sociología estadounidense de posguerra (Lenski, 1966) no convirtió a la desigualdad en motivo de interés general. Incluso entonces, el libro de Gerhard Lenski, Power and Privilege, lleva por subtítulo «Una teoría de la estratificación social». El tema está completamente ausente de los primeros manuales (Lazarsfeld y Rosenberg, 1955; Lipset y Smelser, 1961); por increíble que parezca, este último aborda únicamente la distribución del «prestigio». Solo a partir de Smelser (1988) la desigualdad consigue oficialmente el lugar que le corresponde en las investigaciones sociológicas. Ninguno de los cincuenta y tantos comités de investigación de la Asociación Internacional de Sociología se centra en la desigualdad. El que más se acerca es el Comité de Investigación RC 28 sobre Estratificación Social, un extraño concepto, importado de la geología a la sociología por el sociólogo ruso conservador emigrado a Estados Unidos, Pitirim Sorokin (1927). Conforme a la tradición de este autor, el comité ha estudiado principalmente la movilidad social intergeneracional, conocida más popularmente como «desigualdad de oportunidades», un campo de estudio que ha desarrollado y puesto en marcha impresionantes capacidades técnicas.
Más que una disciplina, la sociología es un área enorme que persigue, a través de diversos métodos, objetivos muy diferentes. Por tanto, existen investigaciones sociológicas sobre la mayor parte de las facetas de la desigualdad. Pero, hasta ahora, no se ha producido ningún intento, dentro de ninguna de las disciplinas de la ciencia social, por centrar la atención en las múltiples dimensiones de la desigualdad y sus nefastas consecuencias. Ha sido el economista Amartya Sen quien ha trasladado la discusión teórica general de la filosofía a las ciencias sociales, mientras que el debate empírico más amplio proviene del campo de la epidemiología, y ha sido iniciado por Michael Marmot (2004) y Richard Wilkinson (1996, 2005; Wilkinson y Pickett, 2009).
Es posible que esta renuncia de la sociología, la menos delimitada y más generosa de las ciencias sociales, esté llegando a su fin. La Asociación Internacional de Sociología decidió dedicar su siguiente congreso mundial, a la desigualdad*.
Los ciudadanos no han tenido tanta paciencia. En 2011, la desigualdad saltó a las calles: en las protestas contra las desiguales consecuencias de las políticas de austeridad en los países mediterráneos; en las revueltas árabes contra la desigualdad de libertad y oportunidades; en el rechazo de los estudiantes chilenos a las desigualdades presentes en la enseñanza superior (apoyados por la clase media); en los movimientos de ocupación contra el gobierno del 1 por ciento (Ocupa Wall Street, en Estados Unidos, y otros en Gran Bretaña y diversos lugares). La desigualdad se coló incluso en la agenda del veraneo alpino del Foro Económico Mundial de Davos.
Este libro, en línea con otros anteriores del mismo autor (a saber, Therborn, 2006), tiene algunas características que lo diferencian de la literatura cada vez más abundante sobre desigualdad. Parte de un enfoque decididamente multidimensional centrado en la salud y la mortalidad, en los diferentes grados existenciales de libertad, dignidad y respeto, así como en los recursos de renta, riqueza, educación y poder. En segundo lugar, utiliza una perspectiva histórica para intentar captar, comprender y explicar la evolución global y nacional de la desigualdad a lo largo de la época moderna. En tercer lugar, intenta diferenciar los diversos mecanismos a través de los cuales se producen las desigualdades. Y, por último, muestra los mecanismos de igualación e intenta reconocer las políticas, los momentos y los procesos históricos de igualación. El aumento de la desigualdad no es inevitable. Por último, ofrece un programa para superar las desigualdades o, cuando menos, reducirlas.
La desigualdad, como intentaré argumentar más adelante, es un concepto normativo que señala la ausencia, la falta de igualdad. Es preferible reconocer esta normatividad desde el principio y reflexionar sobre ella. Pero una vez expuesta como premisa de interés, tanto los procedimientos para la evaluación de su prevalencia real como la identificación de sus mecanismos causales y de sus consecuencias sociales están sujetos a posibles refutaciones académicas.
Dos son las principales metas del libro: convencer a los estudiantes y compañeros académicos de la necesidad de un acercamiento global y multidimensional a la desigualdad y, sobre todo, llamar la atención sobre los múltiples tipos de desigualdad y promover entre mis conciudadanos del mundo un compromiso que lleve a su superación.
Ljungbyholm, Suecia
Göran Therborn
Universidad de Cambridge
PARTE I
LOS CAMPOS DE LA DESIGUALDAD
Lo más probable es que en estos años de crisis financiera haya oído hablar sobre la desigualdad y leído bastante sobre ella, pero ¿se ha puesto a considerar otros tipos de desigualdad, más allá de la de renta y riqueza? ¿Ha pensado en la desigualdad de salud, de esperanza de vida y de probabilidad de muerte, por ejemplo? ¿Sobre cómo afecta la desigualdad vital de los padres al cuerpo y la mente de sus hijos? ¿Y cuál es su conocimiento de los procesos de igualación que están teniendo lugar en estos momentos en diversas partes del mundo? ¿Ha tenido oportunidad de sopesar hasta qué punto los procesos de distribución en diferentes lugares del planeta están interconectados y actúan conjuntamente, bajo el manto de la «globalización»? Si no se resigna al grado de desigualdad existente, ¿qué instituciones cree que sería necesario transformar de forma prioritaria? ¿En qué fuerzas sociales puede depositar su confianza y unirse a ellas si lo desea?
Las teorías sobre la desigualdad avanzaron mucho las décadas que precedieron a la actual crisis económica, especialmente en las disciplinas de la filosofía social y en medicina y epidemiología, aunque estos progresos todavía no han sido incorporados a la ciencia social mayoritaria y al discurso público general. Todavía carecen de respuesta las cuestiones teóricas más importantes y no se ha reflexionado lo suficiente sobre ellas. ¿Por qué resulta tan problemática la desigualdad? ¿Por qué la desigualdad económica de algunos resulta ofensiva pero admiramos la de otros (por ejemplo, la de algunas estrellas del deporte o del espectáculo)? ¿En qué se distingue la desigualdad de la diferencia? ¿Qué tipo de igualdad deberían intentar conquistar los demócratas y los liberales contemporáneos igualitarios? ¿Cuáles son los mecanismos sociales a través de los cuales se producen la desigualdad y la igualdad?
Todas estas cuestiones y otras relacionadas con ellas han motivado mi decisión de contribuir al debate actual. Con la debida consideración a Mammon y sus seguidores —así como mi respeto por los analistas económicos—, mi tesis central es que la desigualdad constituye una violación de las capacidades humanas que requiere un enfoque empírico mucho más amplio y un enfoque teórico mucho más profundo de los existentes actualmente.
Vamos a comenzar por una aproximación a los campos en los que se produce la desigualdad actual.
* «Frente a un mundo desigual: Retos para una sociología global», celebrado del 13 al 19 de julio de 2014, con la participación del autor en la sesión plenaria «Justicia y desigualdad» (N. del T.).
Índice
Introducción
Parte I. Los campos de la desigualdad
1. La vida bajo la desigualdad: humana, odiosa y breve
2. Tras las puertas de la exclusión
Parte II. La teoría de la desigualdad
3. Aproximación teórica multidimensional
4. Los tres tipos de (des)igualdad y su génesis
Parte III. Historia de la desigualdad
5. La desigualdad y el nacimiento de la modernidad
6. Perspectiva histórica: los tres tipos de desigualdad en la historia global y nacional
Parte IV. El mundo desigual de la actualidad
7. Modelos y dinámicas de la desigualdad en el mundo actual
8. Tres interrogantes de la desigualdad contemporánea
Parte V. Posibles futuros
9. La superación de la desigualdad: pasado y futuro
10. Los campos de batalla decisivos de la futura (des)igualdad
Bibliografía
Créditos