PRÓLOGO
A lo largo de unos cuarenta años, más de los que me agrada pensar, he estado relacionado con el tema del poder..., con las ideas y, en cierta medida, con la práctica. Durante la Segunda Guerra Mundial, como persona encargada del control de precios, se me consideraba situado en el centro del poder, posición que transmitía a otros una impresión de mayor autoridad que a mí. En otras ocasiones y en otros puestos, he estado en los márgenes, mejor situado para observar que para ejercer influencia. Por lo que a mis obras se refiere, mi primer libro llevaba como subtítulo El concepto de poder compensador; afirmaba en él que un ejercicio opositor del poder es el principal disolvente del poder económico, la defensa básica contra su ejercicio en asuntos económicos.
Volví a tratar del poder cuando lo constituí en tema central de El nuevo Estado industrial, que considero, y no soy el único, mi principal esfuerzo en materia de pensamiento económico. Mi discurso presidencial ante la American Economic Association, hace una década, versó sobre «El poder y el economista útil»; sostenía en él que la economía carece de sentido y, ciertamente, de relevancia si se la separa de una consideración del ejercicio del poder. He retornado menos formalmente al concepto en una docena de ocasiones, quizá más. Rara vez me he tropezado con la forma en que era abordado. Este libro —al principio pensé en llamarlo un ensayó ampliado— expone lo que he aprendido por la experiencia, la lectura, la escritura y un constante esfuerzo de comprensión. No pretendo desarrollar el tema en su totalidad, sino sólo lo que he aprendido acerca de él.
Con el transcurso de los años, he quedado convencido de los factores comunes que subyacen a las habituales referencias al poder económico, político, militar y religioso y que incluyen el poder atribuido a la Prensa, la Televisión y la opinión pública. Estas cotidianas referencias, dado que no indican las constantes subyacentes, ocultan de ordinario tanto o más que lo que revelan. Me he preocupado por hacer plenamente visibles estas constantes, por identificar las fuentes del poder en la personalidad, la propiedad y la organización y descubrir los instrumentos mediante los que sé ejercita e impone el poder. Espero que, como consecuencia de ello, mis lectores tendrán en lo sucesivo un sentido más explícito de lo que esa palabra abarca y de lo que implica en el concreto tema económico, político o de otro tipo que se halle sometido a discusión.
Así como he escrito sobre el poder, también he leído acerca de él, y esas lecturas se han convertido en parte del repertorio a que aquí he recurrido. Creo que parte de mi deuda de agradecimiento es razonablemente evidente..., con Max Weber, con Bertrand Russell y con Adolf A. Berle, Jr., el polifacético miembro del trust de cerebros de Roosevelt, diplomático, abogado y escritor sobre temas sociales, políticos y económicos. Fue Berle quien, más que ningún otro, estimuló mi interes por el asunto. También debo mucho al clásico de C. Wright Mill La élite del poder, a Política y mercados, de Charles S. Lindblom; a las variadas obras económicas de mi amigo Wallace C. Peterson y a libros recientes tan interesantes como Autoridad, de Richard Sennett, y Poder, de Dennis Wrong. Y a más. Como muchos otros, no siempre estoy seguro de la distante fuente de ideas que he acumulado; lo estoy ligeramente más de las ideas que no encuentro útiles. Supongo, por ejemplo, que he sido influido por Maquiavelo, pero hace mucho que sospecho lo que ha sugerido Max Lerner, que muy frecuentemente es citado por personas que no le han leído.
Al hablar de mi prolongado interés por el tema del poder, no pretendo sugerir, ni aun remotamente, que haya leído todo cuanto se ha escrito acerca de él. Ninguna vida es tan larga como para poder hacerlo; hay algunos libros que, simplemente, no se pueden leer; y hay muchos, estoy seguro, que he pasado inadvertidamente por alto. Todo el mundo debe mostrarse cauteloso en sus afirmaciones cuando se refiere a la literatura sobre el poder.
Existe, por parte de quienes escriben acerca del poder, incluyendo unos cuantos que lo hacen con vastos conocimientos y notable inteligencia, la tendencia a dejar que el tema les arrastre a una densa complejidad y a una profunda subjetividad. Se puede comprender la tentación: la complejidad y la subjetividad son una protección frente a críticos que puedan afirmar que se ha fallado el objetivo; y son más útiles aún como alternativa al esfuerzo y a la frustración de una difícil clarificación. Pero son también un disfraz de la verdad, un sustitutivo de una perspectiva nítida y completa de los elementos esenciales. Yo he intentado obtener esa perspectiva, he procurado presentar constantemente ante los ojos del lector las fuentes y los instrumentos del poder. En parte por esta razón, y también por falta de competencia, he soslayado ciertas cuestiones, muy en particular, como digo más adelante, el papel de los tribunales en la regulación del poder. Igualmente, no he vacilado en repetir lo que sirve a mi argumentación o ilustración. Lamentaría que esa reiteración se considerase fruto de la inadvertencia. He querido cerciorarme de que, arrancada la carne que la recubre, queda plenamente al descubierto la anatomía del poder.
ÍNDICE
PRÓLOGO
I. LA ANATOMÍA DEL PODER. Una perspectiva general
II. PODER CONDIGNO Y PODER COMPENSATORIO
III. PODER CONDICIONADO
IV. LAS FUENTES DEL PODER. Personalidad
V. LAS FUENTES DEL PODER. Propiedad
VI. LAS FUENTES DEL PODER. Organización I
VII. LAS FUENTES DEL PODER. Organización II
VIII. LA DIALÉCTICA DEL PODER I
IX. LA DIALÉCTICA DEL PODER II. La regulación del poder
X. LA DINAMICA AMPLIA DEL PODER. El mundo precapitalista
XI. LA APARICIÓN DEL CAPITALISMO
XII. EL PODER DEL ALTO CAPITALISMO
XIII. LA RESPUESTA
XIV. LA EDAD DE LA ORGANIZACIÓN
XV. LA ORGANIZACIÓN Y EL ESTADO
XVI. EL PODER MILITAR
XVII. EL PODER DE LA RELIGIÓN Y LA PRENSA
XVIII. UNAS PALABRAS FINALES. La concentración y la difusión del poder
INDICE ONOMÁSTICO Y DE MATERIAS