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DESVALIDO (UNDERDOG), EFECTO DEL

Es el incremento de apoyo a favor de un candidato o partido en una elección provocado, supuestamente, por la comunicación o predicción del resultado probable de la votación que no le será favorable. El efecto del desvalido se da especialmente, si tal derrota es inesperada y si ese incremento de apoyo no hubiera ocurrido o hubiera sido menor, si tal predicción no se hubiera hecho pública. Así, los electores poco movilizados de un candidato en apuros, al conocer las malas previsiones de las encuestas, se sientan movidos a acudir en su apoyo, dándole sus votos o modificando su intención de voto en favor suyo. Este fenómeno se observó por primera vez en la historia de las encuestas con la sorprendente victoria de Truman sobre Dewey en las elecciones presidenciales norteamericanas de 1948. El efecto contrario es el efecto "bandwagon".

 

Una variante del efecto del desvalido es producto del ataque violento, excesivo e injusto que sufre un candidato y que despierta la indignación de la gente, que como respuesta aumenta su apoyo hacia él. Cuando este tipo de ataques son sucesivos se produce un efecto que algunos identifican como el "fenómeno esponja", en el cada nuevo ataque no sólo no debilita a quien lo sufre, sino provoca que más gente se sume a favor de quien es atacado.

 

DEBATES ENTRE CANDIDATOS.

Los debates consisten en la confrontación de principios, plataformas, personalidades y antecedentes de candidatos y partidos, para lo que se reúnen en un lugar determinado quienes vayan a contender; hoy, generalmente, frente a las cámaras de televisión.

 

Los debates no influyen decisivamente en la mayoría de los electores, pero si la elección es muy competida pueden tener impacto suficiente como para decidir el triunfo o la derrota.  Su relativa influencia se deriva del hecho de que los electores, ya decididos en favor de un candidato, tienden a bloquear la información incompatible con sus preferencias mediante el proceso de percepción selectiva.  Sin embargo, los indecisos, los poco interesados e informados en cuestiones políticas, pueden decidir con base en el desarrollo del debate.  Además, la cobertura y los comentarios de los medios pueden influir, también, en la percepción que el elector tiene del debate.

 

a. Decisión de debatir

 

Los debates son considerados como un deber cívico de los candidatos y declinarlos se considera un insulto hacia los electores.  Quienes los rehúsan pueden ser atacados por sus opositores; y la prensa, de tener algo qué ocultar, de temer a la verdad y de que son débiles e incapaces de defender sus propias posiciones políticas frente a alguien que sí las puede rebatir.

 

Los debates presentan ventajas y desventajas para los candidatos.  Si la elección parece cerrada y los principales candidatos tienen duda acerca del resultado, el debate puede convenir a todos; pero si no es así, quien va adelante no tiene muchos incentivos para debatir.  Asimismo, como la capacidad de debatir no es pareja entre los participantes, conviene más a unos que a otros.  Los candidatos con menos posibilidades de ganar pueden hacer el juego a alguno de los más fuertes para golpear al opositor que más se teme.  De igual modo, convienen más a los candidatos con menos presencia y a los que retan al partido en el poder, a quienes los debates brindan una gran plataforma.  No obstante, parece ser que la mayoría de los electores desea ver a los candidatos en una confrontación personal.

2018 ENERO 27 Fort Apache - Presidenciales en México

https://www.youtube.com/watch?v=kT3D26tus_Y&feature=youtu.be

 HispanTV

Published on Jan 27, 2018

México vive hoy una crisis política tan grave como la que experimentó en 1994 cuando el zapatismo, la lucha por la democracia, la guerra interna en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la macrodevaluación, dominaban la escena política del país. México experimenta hoy una nueva simultaneidad de crisis: económica, de seguridad, de legitimidad y de representación, en el contexto de una brutal oleada de violencia. Y es que, durante 2017, fueron asesinados más de una decena de defensoras y defensores de los derechos humanos y profesionales del periodismo. En este contexto, ha comenzado la precampaña para las elecciones federales de 2018, en las que se elegirá al presidente de la República, 128 senadores y 500 diputados federales. Por primera vez, habrá una mujer indígena aspirante a la Presidencia del Gobierno de México, María de Jesús Patricio, respaldada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En Fort Apache, con una mesa de nivel, analizamos el momento político que vive México de cara a las elecciones generales de 2018.

La adicción al poder. Reelección o No Reelección. Segunda parte.

El Congreso de la Unión designa presidente provisional a Adolfo de la Huerta para que termine el periodo constitucional que deja inconcluso Carranza y que terminará el 30 de noviembre de 1920. 

En la nueva situación los candidatos a la presidencia son Obregón y Robles Domínguez. Gana Obregón para el periodo del 1º de diciembre de 1920 al 30 de noviembre de 1924. 

A mediados de 1923, para suceder a Obregón, lanzan sus candidaturas el general Calles, Adolfo de la Huerta (que había sido presidente interino) y el general Ángel Flores (que morirá envenenado en 1926). De la Huerta, que era secretario de Hacienda, es acusado de desfalco, tiene que comparecer ante los Senadores y aunque sale absuelto, finalmente se rebela ante la intención de Obregón de imponer a Calles y establece su gobierno en Veracruz. El movimiento "delahuertista" contra Obregón y Calles cunde por todo el país y agrupa a generales muy destacados. Obregón se pone al frente del ejército para combatir a los sublevados. Calles suspende su candidatura para también tomar las armas en contra de los rebeldes, quienes después de tres meses de sangrienta lucha son derrotados. Muchos generales son fusilados, otros son desterrados. Calles reanuda sus giras, y eliminado De la Huerta, gana las elecciones. El 1º de diciembre de 1924, el general asume la presidencia de la República. 

La adicción al poder. Reelección o No Reelección. Primera parte.

¿Cuánto tiempo basta para hacer un buen gobierno? ¿Qué tanto vale la experiencia que se pierde con la renovación de los cargos públicos?.

Aunque el origen de la democracia tiene profundas raíces en el tiempo, en estricto sentido, el gobierno democrático constitucional moderno nace a fines del siglo XVIII como resultado de las revoluciones francesa y norteamericana y como expresión de la lucha contra el absolutismo.

Es la culminación de la idea del poder político controlado y limitado por una Constitución que establece la separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la división de competencias entre el gobierno nacional y los gobiernos estatales y municipales, así como la rotación en los puestos de elección popular para impedir la perpetuación en el poder y la protección de los derechos del ciudadano frente a los excesos del gobierno. Se trata así de establecer un régimen democrático en donde nadie tenga suficiente poder para dominar a los demás, ni sea tan débil como para ser dominado.


Así, los gobernantes se eligen de entre los ciudadanos por periodos determinados para que gobiernen en representación de todos los ciudadanos. La idea de la representación varía desde la que el representante se concibe a sí mismo "como mensajero de sus electores" hasta la de actuar motu proprio en nombre del pueblo y hacer no lo que pida, sino decidir para el bien común o como le dicte su conciencia. Asimismo, el representante debe serlo no sólo para su elector, sino también para el que eligió otra opción y aún para los que no votaron. Además, quien gobierne, ha de hacerlo para todas las personas y no para un grupo. La renovación de los gobernantes, la posibilidad de cambiarlos, el libre juego de las fuerzas políticas y la oportunidad para todos de ocupar los cargos públicos, así como la posibilidad de que el electorado enjuicie a sus representantes y revoque su mandato, son la esencia de la república democrática moderna.

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